Ser o no ser revolucionario de verdad

 

     En un reciente artículo, el excelente periodista, exccorresponsal de la BBC, Fernando Ravsverg, uruguayo aplatanado en Cuba, expresa que “Durante las últimas semanas ha surgido el debate sobre la cuestión de “ser o no ser revolucionario”. Añade que “Aparecieron algunas definiciones serias y otras que solo parecen buscar la descalificación de los jóvenes cubanos que piensan diferente, plantean críticas y proponen caminos.”

    Dice así en el primer párrafo del artículo (las negritas son mías) y luego se explaya en definiciones y ejemplos sin que en una sola ocasión señale cuando resultaría seria la definición de que alguien no es revolucionario, por ejemplo, a causa de la admiración que profesa al tipo de sociedad del pasado cubano  o a la del sistema de la gran nación del norte que desearían para Cuba.

    Se queja porque “Para algunos los revolucionarios no son rebeldes e inconformes que exploran nuevas sendas.” Dice y es cierto. ¡Pero cuidado! Por ese camino un Hubert Mattos o un Posada Carriles también pueden resultar rebeldes e inconformes, por tanto revolucionarios con el fin, según dicen ellos, de hacer avanzar la sociedad. Sí estamos totalmente de acuerdo con Ravsberg en que no son revolucionario “los que dicen a todo que sí,” y si bien puede ser cierto que, como dice, los tiempos han cambiado y no hay que aceptar “como texto sagrado lo que expresaron hace más de un siglo los revolucionarios de entonces,” tampoco, digo yo, hay que menospreciarlos, olvidarlos o señalarlos solo para buscarles fallas.

    Señala el corresponsal que “en Cuba desde los años 60 se dijo que revolucionario es el que hace revolución.” Eso no es discutible, pero ¿qué es hacer revolución? Según Ravsberg, “los revolucionarios no son los del discurso más radical, plagado de citas de Fidel, Marx y Lenin, sino aquellos que provocan cambios radicales, en las ciencias, en la sociedad o en la cultura.” Claro que solo con bla bla bla no se es revolucionario verdadero. Pero también, ¡cuidado! Por ese camino, y voy a un extremo: la pléyade de nazis que crearon tremendos cambios tecnológicos en las ciencias y cambiaron la sociedad, aunque para peor, serían unos revolucionarios, igual que todos los grandes cerebros que trabajaron en la creación de la bomba atómica, aunque revolucionaron, eso sí, a la muerte. Asimismo el que inventó el abrelatas sería un revolucionario prácticamente a la altura de Robespierre, Lenin o Fidel Castro. La revolución industrial inglesa por supuesto que fue una revolución, pero en tecnología, no socialmente aunque desarrolló al mundo de la industria. La historia sabe que en esas nuevas industrias trabajaban niño por 16 y 18 horas diarias como esclavos de ese siglo y casi muertos de hambre. Creo que olvida el corresponsal que se pueden hacer logros en las ciencias y en la cultura y ser totalmente reaccionario en lo social y en lo político. Los ejemplos son muchos.

    Yo también aplaudo a los pedagogos finlandeses que cita, y no dudo cuando, por ejemplo, afirma que revolucionario es el ingeniero agrónomo Fernando Fuentes, quien ha creado un excelente sistema de producción en una finquita en las afuera de La Habana, pero no olvido que los reaccionarios red neck, algunos pertenecientes al K K Klan, también son grandes trabajadores, agricultores que logran con innovaciones producciones tremenda en sus granjas, pero constituyen parte de lo más reaccionario de la sociedad estadounidense.

     Para el señor Ravsverg parece que el capitalismo se desarrolló desde un inicio sin contradicciones, iniciando solo felicidad, y en su artículo trae por los pelos de nuevo problemas superados desde hace años en Cuba, como la UMAP y el intelectualmente llamado Quinquenio Gris, o como cuando “la prensa revolucionaria llamaba a expulsar a los homosexuales del Malecón” y se difamaba a los rockeros y travestis… por favor, ¿hasta cuándo? Raro que no mencionó el estalinismo en la Unión Soviética, como en muchos se ha hecho moda, como si aquello hubiera tenido que ver con Cuba y se explayan solo en la real parte negativa de Stalin y pasan por alto cómo logró hacer en menos de 20 años de la Unión Soviética, además de una sociedad nueva, la segunda potencia del mundo, la que realmente derrotó al poderoso nazismo hitleriano.

    Señala el colega que “Los revolucionarios nunca han sido mayoría en ninguna parte del mundo y Cuba no es una excepción. Fueron un puñado los mambises que se alzaron en la manigua y también eran unos pocos miles los guerrilleros del Ejército Rebelde y del clandestinaje.” Eso es cierto, aunque no hay que confundir la palabra revolucionario con la de guerrero o insurreccional. Repito: insurreccionales fueron los comandante Hubert Mattos, Rolando Cubelas y Sorí Marín, quienes pelearon contra la dictadura de Batista pero no querían luego  una revolución verdadera, sino un simple cambio, un gobierno tal vez algo más honrado y decente. Nada más. Donde la gran burguesía seguiría viviendo a todo tren y el pueblo pasando las mil penurias, claro, eso sí, con elecciones tipo burguesas cada cuatro años, y como la Revolución resultó verdadera, socialista, la traicionaron.

       También expresa que “En Cuba se desfiguró el significado de la palabra “revolucionario”, adjudicándosela a todo aquel que proclame verbalmente su apoyo al sistema socialista.” Aclaremos: algunos de lo que verbalmente proclaman su apoyo al socialismo, por supuesto, pueden ser unos arribistas, pero quienes proclamen lo contrario es imposible que sean revolucionarios, pues apoyarán entonces al sistema que ya conocimos y derrotamos con mucha lucha y muchos mártires. No queda otro sistema que apoyar. También expresa que “Algunos incluso reciben un salario, viajes al extranjero, automóvil, gasolina, vacaciones en hoteles y otros privilegios por dedicarse a “defender la revolución” en Internet.” Lo de Internet no lo entiendo, pero todo sistema social, desde épocas inmemoriales ha tenido funcionarios que viajan al extranjero y su nivel de vida no es el del pueblo. Si fuera como dice, yo, que vivo en Miami y defiendo a la Revolución, recibiría desde La Habana un chequecito en dólares del gobierno. Ahora bien, es cierto: existen los vividores, los vive bien que fingen ser revolucionarios para salir al extranjero y comprar un televisor que otros no tienen o simple pacotilla.

     Coincido con él que en general, el periodismo que se hace en Cuba, aún existiendo tremendos analistas y reporteros, no es bueno, hasta aburrido, como nada bueno tampoco es, por ejemplo el de Miami. Yo diría que a la par o peor, y, al menos con respecto a Cuba, Rusia o Siria, por citar tres ejemplos, faltos de absoluta credibilidad. No sé si existen quienes, sean jóvenes o viejos, quieren cambiar uno por otro.

    El corresponsal parece no considerar que Cuba es un país a la que la nación más poderosa del mundo le ha hecho una guerra constante y criminal, aunque ahora la hace suavemente, con sonrisas y apretones de mano, pero tal y como señala él mismo sin “buenas intenciones.” Es cierto que “un pueblo que olvida su historia comete los mismos errores,” pero Cuba no ha olvidado su historia, sobre todo la de los últimos ciento catorce años, de ellos, exceptuando los del triunfo de la Revolución, bajo control y mando de los Estados Unidos, y luego con ataque militares, terrorismo y bloqueos económicos.

    Ha de saber el colega Ravsverg que un país asediado no responde, ni interna ni exteriormente, como otro de relaciones normales con el exterior. No debe olvidar que los Estados Unidos, cuando la II Guerra Mundial encerró en campos de concentración a infelices trabajadores inmigrantes japoneses y que hasta se prohibió tocar música clásica alemana. Errores. Extremismos. Y eso que Japón estaba a decenas de miles de millas de los Estados Unidos y, en cambio, Cuba queda de su tradicional enemigo a solo 90 millas. Claro que en la Isla se tenía que exacerbar  la desconfianza, los extremismos, incluso a nivel callejero, donde quiera, y, por supuesto, los que querían irse al país del enemigo se le inventaron nombretes tales como “desafectos, débiles ideológicos, bitongos, escoria o diversionistas,” “dejaron de ser revolucionarios para convertirse en motivo de sospecha,” tal y como señala el corresponsal. ¿Pero qué quería él? ¿Qué los despidieran con beneplácito, diciéndose “que lindo son?” Y muchos eran científicos, médicos, técnicos formados gratuitamente por la Revolución.

    Eran duros aquellos tiempos y hubo errores. Lógicos. Y decimos lógicos porque provenían de una pequeña Isla que el monstruo militar y económico más poderoso del mundo quería destruir, a ella y a su sistema para que no fuera ejemplo, fundamentalmente, para América Latina. Ravsverg, en su artículo ve a Cuba fuera del duro momento histórico que vivió, la ve como un país normal, no asediado, como Uruguay u otro cualquiera del continente, y le molesta que “el pensamiento propio, la crítica, la franqueza a la hora de expresar las opiniones y el cuestionamiento a lo que “viene de arriba”,  dejaron de ser cualidades revolucionarias y se convirtieron en motivo de sospecha.” Era la guerra, compañero Ravsberg.

   Señala con dureza que se consideraron revolucionarios “a los verdugos, a los que iniciaron una caza de brujas” y obligaron a “los más destacados intelectuales” a “abandonar el país  porque su pensamiento libre o su libertad sexual no se ajustaban a los parámetros establecidos. Exagera, sin dudas, aunque hubo extremismo. Pero históricamente olvida, por ejemplo, lo que les pasó a los japoneses en los Estados Unidos porque había guerra a miles de millas, y olvida la caza de brujas del macartismo cuando la guerra era fría y los Estados Unidos consideraba que debíia protegerse. Olvida también cuando la revolución burguesa, la francesa, sacaba a las novicias de un convento y las pasaba por la guillotina.

     Tristemente los que se fueron se asentaron en Miami, sitio donde más del noventa por ciento de los cubanos se refieren a Cuba muy peyorativamente y no les importaría que los gringos volvieran a mandar en la Isla. Y no son cubanos que fueron perseguidos ni le intervinieron propiedades, sino jóvenes que estudiaron de gratis carreras universitarias y un buen día, con su título bajo el brazo decidieron, para vivir económicamente mejor, marchar a la nación más rica del mundo. Algo que acepto. Querían vivir  mejor. Pero llegaron, y ya lo dije, más del noventa por ciento, atacan verbalmente a su país en cualquier reunión social, aunque visitan Cuba con frecuencia, pero cuando se convoca una marcha, por ejemplo, contra el bloqueo, muy, pero muy pocos son los que asisten, tal vez no más cincuenta.

     Al final de artículo del corresponsal Ravsverg, a quien no conozco pero respeto, pues he leído muchos de sus artículos, en un pie de foto escribe  “Cuba no debería depender solo del cubano “revolucionario,” y pone revolucionario entre comillas para dudar si realmente lo son. Si fuera así, estoy totalmente de acuerdo con él, pues la Revolución es la que programó Fidel, la revolución del pueblo, la socialista,  y hay que apoyarse también, como dice Ravsverg “en todos aquellos ciudadanos que estén dispuestos a defender y trabajar por la nación.” Pero, por supuesto, quien defiende a la nación socialista, es revolucionario sin comillas.

   Les habló, para Radio Miami, ahora solo por Internet, Nicolás Pérez Delgado.

camilo-cienfuegos-t-shirt-3 Camilo Cienfuegos si es un  ejemplo de gran Revolucionario

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Viva cuba libre!