Protestas mal dirigidas

    No soy pitoniso y semanas o meses atrás no me dio por escribir acerca de quién iba a ganar la elección predidencial en los Estados Unidos, aunque pensaba, como la mayoría, que lo haría la señora Clinton. No fue así, el vencedor fue el que parecía medio loco, fascista, payaso  y estúpido: el millonario Trump.

     En días pasados en numerosas ciudades de los Estados Unidos, miles de manifestantes protestaron contra el electo y gritaron que Trump no era su presidente. Una de las manifestaciones se dió alrededor del rascacielo del centro de la ciudad de New York, de 72 pisos, conocido como la Torre Trump, residencia principal del millonario. Hasta en el reaccionario Miami hubo manifestaciones.

    Pero nos guste o no nos gueste, el presidente de los Estados Unidos ahora es el Donadl Trump, al que sus enemigos políticos han acusado hasta de evasión de impuesto, lo cual parece que no se investigó.

   Su oponente, la señora Clinton, obtuvo  más de un millón de votos del electorado más que él, pero según las complicadas leyes de los Estados Unidos, el triunfador  resultó él. No hubo trampas  ni robos de votos. Fue una elección honesta. Pero así ocurre en los Estados Unidos, y no por primera vez.

    El presidente no se elige por el voto directo, como pensamos debe ser y como creo es en todos los países del mundo con régimen presidencialista. Al presidene no lo elige directamente el pueblo, sino unos colegios electorales. Algo obsoleto, de más de doscientos años, igual que obsoleta son los orígenes de la ley que permite que cualquiera cretino o desajustado mental posea un fusil de asalto en su auto. Igual que obsoleto es todavía estar midiendo en pies y pulgadas en lugar de usarse el moderno Sitema Métrico Decimal.

     Trump y sus seguidores, que no son pocos, por declaraciones que han hecho parece que se consideran raza superior y también parece que en general los Estados Unidos se cree algo así como pueblo elegido por Dios, el destinado a dictar las normas que debe seguir el mundo o hacer guerras,  bloqueos económicos, poner en lista de pais terrorista o nación narcotraficante  a quienes no doblen la cerviz antes sus órdenes. Se dicen los adalides de la democracia, pero si en Naciones Unidas el mundo entero (menos los propios EE.UU. y otro país o desconocida islita cipaya) vota de manera tan arrolladora como 189 por 3 y durante décadas y décadas, por ejemplo, contra el bloqueo económico a Cuba, esta nación, donde ha de habitar la raza superior, hacen el caso del perro. Solo ellos tienen la razón. El resto del mundo es ignorante y debe obedecer o, cuando más, mostrar disconformidad pero por suaves medios diplomáticos.

      Mucho tiene que cambiar. Sin embargo, constantemente oigo decir a cubanos que solo conocieron el pueblo de Pijirigua, donde nacieron, y Miami, donde actualmente radican luego de pasar por sólo unas horas por La Habana con destino al aeropuerto, que no existe en el mundo otro país mejor que éste, como si conocieran al dedillo Holanda, Noruega, Australia o todos los demás.

      La consigna popular de Obama para ganar las elecciones hace ocho años fue ¡Cambio!, ¡Cambio!, y apenas, por las razones que fueran, cambió muy poco, y ahora su candidata, la señora Clinton, aunque gana el sufragio popular por más de un millón de votos, no resulta la presidente.

     Y ganó Trump. Nos guste o no nos guste. Y Trumpo es el hoy el presidente de los Estados Unidos, sin trampas en los colegios electorales, legalmente. Y como tal hay que aceptarlo.

     Claro que que se puede protestar. Pero es necesario pensar con cierta profundidad, con más acierto, ir a donde realmente se encuentra el quid del problema. Trump es resultado de la ley electoral de los Estados Unidos. Contra ella sería por lo que hay que protestar.  Contra esa ley y otras más. Y contra la arrogancia imperial de una nación que cuando por intereses propios les da la gana invade otro país, no importa esté a noventa millas o a decenas de miles de millas de distancia, sea Irak, la República Dominicana, Cuba, Nicaragua o Afganistan, por citar solo cinco de ellos, o apoya a terroristas a los que dulcemente les endilgan el adjetivo de moderados para derrotar, por ejemplo, a un gobierno como el de Siria, y así, sin proponérselo, crean monstruos al estilo de Bin Laden o ISIS, olvidando las Torres Gemelas.

     Sería correcto que en las manifestaciones se hubiese señalado a James Conney, director del FBI, por la trampa política que tejió contra la señora Clinton. ¡Sí, eso fue una maraña! No soy especialista en asuntos de seguridad ni de espionaje o contraespionaje, pero de joven me debo haber leido no menos de medio centenar de novelitas FBI y dos o tres libros sobre la interesante historia de ese organismo. Y recuerdo haber aprendido de esas lecturas que no es lógico ni permitido que una institución de seguridad de tal categoría, anuncie a bombo y platillo cualquier investigación que se encuentre realizando y, en este caso para no encontrar criminal alguno y anunciar solo horas antes del escrutinio electoral que los análisis de los email no revelaron nada significativo y que el FBI no iniciará procedimiento alguno contra la señora Clinton, a la que tantos votos hicieron perder horas antes de la elección, y no es que yo pretenda presentar a la señora Clinton como una santa.

     Pero hoy Donald Trump es el presidente electo de los Estados Unidos. Todavía no ha tomado el bastón de mando. Hay que esperar que actúe y si es que lo hace como anunció en su campaña electoral, entonces sí habría razón de pleito, hostiliad y manifestaciones contra él. Pero protestar en estos momentos es gastar cartuchos por gusto y ni siquiera dirigidos a donde deben ir los disparos: a la obsoleta ley que dictamina los mecanismos para elegir al presidente de la nación más poderosa del planeta.

    Les habló, para Radio Miami, ahora solo por Internet, Nicolás Pérez Dedlgado.

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Viva cuba libre!