Fidel , al Olimpo junto a los grandes de la historia

 

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      Me llamaron de madrugada desde Cuba. No entendía lo que me decían. La persona tenía la voz entrecortada. Al fin, entendí. Fidel había muerto horas atrás, en la noche del día anterior. Nada anormal: Fidel tenía una avanzada edad y estaba enfermo. Y ese camino lo seguiriemos todos.

     Pero su camino es diferente al de nosotros, los simples mortales. Su camino conduce al Olimpo de los grandes hombres de la historia. Al llegar, con respeto lo saludaría Carlomagno y también Carlos Marx, Marti y Jorge Washington, Bolivar y Lenin, Anibal y Espartaco, Pancho Villa y Robespierre. Todos ellos lo abrazarían con admiración.

    Fidel, aún vivo, era todo una leyenda (ahora lo será más). Barbudo, guerrillero, valiente, seguido de sus columnas rebeldes bajó triufante a los treinta y dos años de las montañas de la Sierra Maestra. Años atrás, con fusilitos calibre 22, había asaltado la segunda fortaleza militar más poderosa de Cuba para comenzar la lucha armada contra el dictador Fulgencio Batista que Washigton apoyaba con tanques, cañones y aviones.

     Lo recordaré por siempre con su barba guerrillera entonces negra, su uniforme verdeolivo, su fusil al hombro con mira telescópica, sus profundos discursos de largas horas. Siento verdadero orgullo en modestamente haber participado en el movimiento nacional del que él era su jefe para derrocar a la dictadura de Bastista, el Movimiento 26 de Julio.

    Fue grande porque igual que Cristo, igual que Martí estuvo siempre del lado de los pobres de la tierra. Llevó los servicios de salud y educación a todo su pueblo, los extendió después a otros países donde la pobreza también era mucha. Fue orador no tradicional, orador que creó escuela, cuyo verbo coloquial enervaba a las masas. Mostró a América y al mundo que el impeerialismo no era omnipotente, que se podía derrotar, como se hizo en Playa Girón, como se hizo luego en Vietnam.

     Nadie en el mundo pudo imaginar que podría ser posible una revolución verdadera, socialista, entre las palmeras que quedaban a noventa millas del país imperial más poderoso del mundo. Fidel lo hizo. Hace poco, en el VII Congreso del Partido, dijo con absoluta tranquilidad refiriéndose a su muerte: “A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos.” Y parece que hasta escogió el día de su muerte, un 25 de noviembre, sesenta exactos años después de su partida de México en el yate Granma, con el Che, Camilo, Raúl, Efigenio y sesenta y ocho héroes más.

    En la intimidad, gustaba cocinar espaguetis para servírselo a sus invitados. Cuando sus tropas guerrilleras ocuparon el primer poblado que tenía electricidad, pidió que le consiguieran un helado. No sólo en Cuba, donde en la Plaza de la Revolución congregaba a un millón de compatriotas, sino en cualquier país que visitara las masas se emocionaban y aplaudian a aquel hombre de porte de Dios griego que con sencilles les expliaba lo que ocurría en el mundo. De nada valió el seremil de intentos de asesinarlo de la Agencia Central de Inteligencia. Y jamás temió al monstruo, y siempre lo enfrentó con la verdad y con valor.

    Por ley natural ha muerto. Cuba está de luto. Cuba llora. Dirigentes de todo el mundo envían notas de pésame a su hermano también héroe y guerrillero, Raúl Castro. Sólo Miami se encuentra de pláceme, alegre, jubiloso, en cobarde fiesta de resentidos. Son los cercopitecos de la historia. Nada saben. Pero los higados ya pronto se le volverán a recocinar cuando constaten como el mundo entero se refiere a la grandeza del lider cubano y mundial, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

     Hay un poema de César Vallejo titulado “La masa, que dice: “Entonces todos los hombres de la tierra/ le rodearán; los vio el cadáver triste, emocionado,/ incorpórase lentamente,/  abrazó al primer hombre, echose a andar…”

   Y así es. Ya por el mundo, más que nunca, anda Fidel Castro. Y para la historia. Para la eternidad.

    Les habló, parta Radio Miami, ahora solo por Internet, Nicolás Pérez Delgado.

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Viva cuba libre!