Aquel grandioso Primero de Enero

 

 

                                       Han pasado cincuenta y ocho años y las generaciones actuales no conocieron la época de la locura y el esplendor revolucionario que comenzó en un año nuevo de 1959  con un ejército nunca visto en el mundo: ni marcial ni bien rasurado, muy macho y risueño, algunos con pelo largo de mujer, con barbas y camisas desabrochadas hasta medio pecho. Fidel con gorra a lo de Gaulle, Camilo con sombrero de vaquero, el Che con boina negra y Raúl con cola de caballo.5de552b257d9ee729d0a2c96fe0decccc39264b6

    Un ejército bragao y con ganas de tomarse todos los helados y cervezas del mundo y, por fin, chocar con mujer en combate horizontal. Fue el comienzo. Poco después, la milicia, de mezclilla azul y pantalón verdeolivo, con boina y botas negras marchaba por las calles en cientos de batallones y sobre camiones Zil de guerra se iban a la lucha contra bandidos cantando canciones de la guerra civil española: Si me quieres escribir/ ya sabes mi paradero/  en el frente de Madrid/ primera línea de fuego. Fidel, con sus dedos largos e inquietos movía constantemente los micrófonos y llevaba barba y pelo negro y arengaba durante cinco horas en la Plaza de la Revolución a un millón de personas, algunos encaramados en postes de luz. Se leía los Hombres de Panfilov y la Carretera de Volokolams y si los americanos invadían todos seríamos como Momish-uli, uno de los bravos tenientes soviéticos que defendió los accesos a Moscú.

    Muchachitos que nunca había salido de debajo de la saya de la mamá, agarraron un farol y por meses se fueron a las montañas a alfabetizar a los pobres y olvidados campesinos de siempre. Las carrozas de los carnavales eran las más ostentosas del mundo. Los planes económicos, al menos en Hoy, Revolución y luego en Granma, los más fantásticos en resultados. Los tambores de Pello el Afrokan tocaban Mozanbique y nadie dudaba que como Benny Moré no había otro bárbaro del ritmo. El primer cosmonauta del mundo sintió honor en llegar a la calurosa y rebelde isla de la que tanto se hablaba y que desde allá arriba parecía un insignificante trocito de tierra. Olvidados guajiritos de la Sierra Maestra que nunca habían visto ni un trencito de juguete de tosca madera, con ojos maravillados ocuparon palacetes de millonarios y cursando becados el primer grado comienzan a hacerse hasta médicos y escritores. Roa, el Canciller de la Dignidad, por primera vez tiraba a mierda a la OEA dirigida desde Washington.86-cuba-havana-centro-museo-de-la-revolucion-revolutionary-mural-with-the-slogan-prensa-libre-la-habana-i-de-enero-de-1959-huye-batista

    América Latina se enlebrestó siguiendo nuestro ejemplo contra el capital abusivo y contra las dictaduras imperantes. Sencillos jóvenes guatemaltecos, venezolanos, nicaragüenses, peruanos, salvadoreños, argentinos, colombianos y de cualquier rincón oprimido desembarcaban en el faro que era la Isla porque querían entrenarse para pelear en sus montañas. Duras guaguas checas sustituyeron a las mullidas Leyland y a las General Motors. Se inventó beber cerveza en gigantescos vasos de parafina bautizados como pergas. La futura Tamara la Guerrillera, gozosa, nos tomaba fotos al pie del Alma Mater al finalizar aquel curso de la Escuela de Periodismo.

      No pocos andaban encabronados y no porque le habían intervenido centrales azucareros, sino cuando se decretó una casi musulmana ley seca y a los cuartos de las posadas entraban parejas y tríos de hombres y no a hacer relajos sexuales, sino porque allí estaba permitida la venta de ron. Se soñaba con ser filósofo o duro combatiente guerrillero y los jóvenes bajo el brazo portaban como fusiles los libros de Frank Fannon, Lenin, Althusser, Regis Debray, Hemingway o los Principios Elementales de Filosofía, editado por la Academia de Ciencias de la URSS. El hombre nuevo sería tan honrado que no haría falta ni siquiera la contabilidad en las empresas mientras las guajiritas empezaron a ponerse lindas, muchas dejaron de andar descalzas y los dientes pararon de caérseles.1398991_786918908000731_484648162_o

    A diario se templaba el acero, y era duro. Volaban un barco cargado de armas y explosivos  que ocasionó un centenar de muertos y doscientos heridos. Quemaron la gran tienda de El Encanto. Tiros encabronados de pistolas y viejos revólveres se malgastaban de noche sobre las panzas oscuras de los B-26 que provenientes del norte revuelto y brutal volaban bajo. Ser comunista dejó de ser un estigma y en las vallas de las carreteras se leía consumir lo que el país produce es hacer patria. Los bandidos ahorcaban a un muchachito alfabetizador con un alambre de púas y, como seria advertencia, en el palo duro del paredón se tronaban tipos antes del amanecer. En la hasta entonces desconocida playita de Girón fue derrocada una gran invasión contra la que se peleó incluso con aviones que se atrevían a volar con  carburadores adaptados de camiones.  

    Quisimos producir más café que Brasil y superpoblamos hasta las veras de las carreteras con unas matas de caturra que no dieron ni para la borra. Al aristocrático Miramar Yacht Club, donde no permitían negros ni mulatos aunque fueran ricos, lo africanizamos con el nombre de Círculo Social Obrero Patricio Lubumba. Importamos científicos pues drenaríamos la Ciénaga de Zapata y haríamos allí una gigantesca arrocera. Alguien inventó una tan educativa UMAP que pareció todo lo contrario y fue abusiva, pero duró sólo meses. Se hablaba de lucha de clases, del tren transiberiano, de la batalla de Diem Bien Phu, de los cañonazos del crucero Aurora, de Jorge Amado y su guerrillero Caballero de la Esperanza, del mariscal de la Unión soviética Georgui Zhukov, gran héroe de la Segunda Guerra Mundial. Nadie dudaba que las revoluciones, las verdaderas, no son jueguitos para blandengues. El barrio de putas de Colón se hizo de vecindad y muchas de aquellas mujeres que olían a perfume barato y te decían pssss pssss y te cobraban un peso, se hicieron obreras y otras se prepararon para hacerse técnicas o entrar a la universidad.cd58a574-a894-4388-b6ed-664be3d85de5

     Cambiaríamos al mundo, nosotros, los cubanos, sin programar errores ni extremismo que nadie programó y que siempre se cuelan y dañan mucho. Fue la gran lucha. Nos cagamos en la vieja filosofía. Soñábamos con la igualdad de los seres humanos, igualdad no sólo en el cielo, como primero revolucionó Jesús, sino aquí, sobre la tierra, en el mismo barrio donde amoscados enamoramos a la primera novia. Luchábamos por un imposible. Y fuimos grandes por eso, porque éramos Quijotes dispuestos a jugarnos el pellejo por la revolución mundial. Embriagados de futuro estábamos como aquel tipo en el bar de los bajos del cine Payret a quien en medio de la Crisis de Octubre le oí decir con toda solemnidad: “Si nos tiran la atómica, juntamos todas nuestras bocas y le soplamos para allá la radioactividad”.

Eran nuestros años mozos y había sueños, utopías, locura, aventura. Fue extraordinario vivir dentro del huracán de la Revolución, no importan los excesos que a veces sufrimos; sin excesos no hay Revolución y quisimos más de lo que podíamos, y eso nos hizo grandes, y la historia, aunque pasen mil años, tendrá que hablar de nosotros, dela Cuba que Fidel comenzó aquel Primero de Enero de 1959, hace cincuenta y ocho años.unnamed-1

    Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.

0 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Viva cuba libre!