Los boleros, siempre de oro

Aunque en Miami la cultura importa  poco, tanto que ni siquiera consta de un concurso literario, hace poco un amigo formado en Cuba me comentó sobre la edición del año pasado, creo que la número XXVI, del Festival Internacional del Bolero en La Habana, que se dedicó al gran cantante boricua Daniel Santos, cuyos discos no faltaban en ninguna victrola cubana y la radio los difundía constantemente. Esa tarde refrescamos. No conversamos sobre Trump, ni sobre pies secos o mojados, Rusia ni Venezuela. Recordamos al musicólogo y buen amigo Elio Orovio, ya fallecido, que fue uno de los impulsores de estos eventos organizados por la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

     No recuerdo la fecha exacta, pero fue a principios de la década del 90 en el Salón del Té de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) donde Elio me contó que había constatado a Daniel Santos para que participara del Festival que entonces se preparaba. El famoso cantante boricua estuvo de acuerdo, pero se disculpó porque estaba enfermo y no podría asistir. Poco después murió.

    El bolero, ¡caramba! A cualquiera que haya sido joven o viejo en las décadas del 40 y del 50 le debe resultar tal vez hoy difícil de precisar cual fue su primer y más sentido bolero, pues entonces estaban en su época de oro y como polifónicos espíritus andaban en los corazones latinoamericanos exponiendo un sin fín de conflictos humanos, algo similar al tango arrabalero argentino ded la época de Carlos Gardel.

    Su influencia musical fue mucha, sobre todo en La Habana, Ciudad México, San Juan, Caracas y Santiago de Chile. Las primeras tres capitales mencionadas lo vieron nacer, enriquecerse y madurar. Enseguida, la magia de la radio, del disco y el cine lo latinoamericanizaron por completo. Alguna vez leí que Quiereme mucho, del maestro cubano Gonzalo Roig fue el primer bolero conocido internacionalmente cuando rutilaron compositores de la talla de Agustín Lara, Rafael Hernández, María Grever, Pedro Flores, Luis Marquetti, Roberto Cantoral, José Antonio Méndez, Alvaro Carrillo y otros muchos.

     El bolero nada tiene que ver con la antigua danza española de ese nombre. Surge como una derivación de las habaneras y resulta espejo de muchos de nuestros valores emocionales, un arte verdaderamente popular, sentimental, a veces cursi como la propia vida de seres humanos. Surge de la bohemia, tan noctámbulo como el propio Daniel Santos, a veces lloroso, a veces bebedor, a veces machista y de un sentimentalismo afectuoso donde, a veces también, el perdón a la amada andan muy presente.

    Más lento que el danzón se baila pegadito y en aquellos años de menor libertad sexual propiciaba la intimidad, la declaración amorosa. El bolero le dice a la dama lo que el galán, tímido, no se atreve. Y el bolero tiene permiso para estar en cualquier sitio: en la sala hogareña, en el gran salón o en el bar de mala muerte porque a la vez de sencillo, elegante y amoroso, es amigo de tragos y decir cuatro verdades al desleal, al intrigante, al falso, sea hombre o mujer.

     Dijo  el Premio Nóbel de Literatura Gabriel García Márques que el envidiaba a los compositores de boleros por lograr contar genialmente en tres minutos historias que a él le llevaría montones de páginas. Sus letras cuentan de todo lo humano que hay sobre la faz de la Tierra, del dichoso enamorado que la falsedad de un romance ha puesto al borde de la desesperación o de “un amigo mío, en mi propia casa me vino a robar”. O triste y esperanzado dice a la amada “espérame en el cielo, allí donde tú estás.”

    El público más variado hace catarsi identificándose con la letra de su bolero. Y canta Daniel Santos, Luis Miguel, Agustín Lara, Elena Burque u Orlando Vallejo y no son ellos, es uno mismo el que se transmuta, se corporiza en esas voces que pueden estar felices por lo buena y dulce que es la amada o se queja porque ella “besándome en la boca me dijiste: solo la muerte podía separarnos” y era mentira, como popularizó Orlando Contreras, mientras que en otro Benny Moré dice que “no llames corazón a eso que tú tienes.”cuba1996

    Este cronista pósee el oido cuadrado y no sabe bailar, pero disfruta de una buena melodía y la letra de una canción y siente que mucha de la música que hoy predomina carece de valor poético y hasta grosera a veces resulta. Pero el bolero no muere. Por eso, saludamos la nueva edición del próximo Festival del Bolero que la UNEAC celebrará en La Habana en este verano.

    Les habló, par Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.

Un comentario

francisco blanco 2017-01-18 13:08:55

Muy bueno tu comentario de hoy.La musica de hoy venga de donde venga es una basura dan ganas de ir a domir por no decir otra cosa.Verdaeramente los compositores de ante eran verdademente escritore de poesia.Ahora bien quieren saber si digo verdad:escuche el danzon Asomate a la Ventana,Mujer de agustin Lara o escuche tambien el danson el El Soldado y por ahi para abajo no hay fin..-Mi querido hermano Nicolas has dicho mucha verdad en este comentario.Vamos ver si el Sr. Diguez publica mi comentario.


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