Desmochando la casa

                                                  Las sorpresas del Presidente Trump continúan. Siendo fiel a su discurso de “limpiar la casa”, el Presidente Donald Trump concentra esfuerzos en eliminar del Estado, un número de departamentos que considera inoperantes o innecesarias cargas para los contribuyentes.

Una de las reducciones que se avecinan afectan al Public Broadcasting AmeriCorps la más costosa de las estructuras estatales que lidia con la radio y la televisión públicas.

Sin imaginarnos aún el alcance de tales medidas que, en la crítica de algunos, es innecesario porque “sólo representa unos 450 millones de dólares”, podríamos imaginarnos que algunos vejestorios de la Guerra Fría, se los tragará la taza sanitaria instalada por Trump en su nueva y blanca mansión. Entre ellos Radio y Televisión Martí, dos programas que requieren alrededor de 20 millones de dólares y apenas son escuchados por sus empleados. Por cierto, es irrespetuoso pensar que 450 millones es poco dinero porque el plan de gastos del presente año es de cuatro millones de millones de dólares. Me parece que con 450 millones podrían algunos problemas de salud de muchas embarazadas que no tienen la debida atención médica en el país.

Si eliminaran Radio y Televisión Martí, la noticia no será bien recibida por algunos políticos estadounidense que aún maridan, por lo general oportunistamente, con la idea de agredir al Estado y la Nación cubana.

Estados Unidos, su establisment como se acostumbra a denominar el Poder estadounidense, por retruécanos de historias mal contadas y tradiciones intervencionistas medio empolvadas, algunas de las cuales comienzan a estorbar en sus anaqueles, aún apuesta por dirigir Cuba, del mismo modo que lo hizo indirectamente en el pasado o como lo practicó con Centroamérica y algunos países suramericanos.

Radio y Televisión Martí son uno de esos engendros, que sólo muestran la decadencia política balbuceante en algunos pocos rincones de Washington y para unas pocas personas de Miami. Es símbolo del pensamiento de los años sesenta, enlatado en la ira incontenida de un puñado de cubanos que apostaron por la invasión estadounidense y el derrumbe inminente de aquel proceso revolucionario.

Si Trump continúa por ese camino, Radio y Televisión Martí serán historia o una vieja leyenda, desagradable para quienes rechazan las intromisiones y en este caso, también para quienes confiaron en acciones ajenas.

Si todos los cubanos emigrados hubiesen comprendido que el gobierno cubano ha podido permanecer, a pesar de sus desaciertos, gracias al apoyo de un grupo poblacional numeroso que rechaza las imposiciones de su mayor vecino, el nivel político de las aguas habría amainado y evitarían el inminente peligro de que la generación post Castro, malentendiendo políticas de excepción aplicadas en  las convulsas épocas de la contrarrevolución y las agresiones directas, se abroquele en sus cuarteles,  limitando el desarrollo de nuevas medidas que se perfilan en el horizonte.

Estados Unidos no invadió Cuba cuando las condiciones óptimas (digo si las hubo en algún momento) existieron y si alguna vez lo consideró en su agenda luego de Playa Girón, en la actualidad esas probabilidades son cero.

La desaparición de Radio y Televisión Martí, pudieran ser realidad en breve.

Su desaparición no ofrecería ningún beneficio para Cuba, pero políticamente dejaría atrás una herramienta elaborada para asegurar al Partido Republicano algunos miles de votos extras durante el gobierno de Reagan y explotado indistintamente, a lo largo de los años, por candidatos de uno y otro partido. Borraría además la percepción de una supuesta e inminente agresión material que los huracanes del tiempo sepultaron, saneando el proceso de normalización entre ambos países.

Es posible que Cuba sea el único país donde la filosofía de no intromisión proclamada por Trump, no se aplique íntegra, por mezquinas razones electorales, aun cuando el voto cubano a favor de viajes y normalización entre ambos países, crece en lugar de disminuir. Pero las influencias malignas aún pululan por la Casa Blanca y lo hemos escuchado en sus declaraciones sobre Venezuela.

Es un pensamiento que expreso al azar, porque con Donald, como lo llaman calladamente los pocos cubanos que apuestan por el desastre, no hay predicción posible. Incluso a veces coincide con las izquierdas y con el propio Presidente Maduro de Venezuela, quien prohibió las trasmisiones de CNN casi al unísono que Trumpo manifestaba que “no se puede escuchar CNN”.

El Presidente tiene problemas con la prensa porque no sabe lidiar con preguntas incómodas. Sólo falta que un día prohíba a CNN en el salón de prensa de la Casa Blanca, igual que lo hizo George W. Bush con Al Jaazera a raíz del derrumbe de las Torres Gemelas.

Esperemos que esto no ocurra, pero no estaría mal que Radio y Televisión Martí pasen al museo de la farándul

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Viva cuba libre!