La “Leyenda Americana” y el Dragón

96695Había una vez un mundo dominado por fuerzas económicas provenientes de un país que creció y creció, hasta que explosionó y comenzó a requerir de otros para alimentar su apetito. Estados Unidos de América es el país al que me refiero y su proceso de explosión está dado por los límites de un crecimiento imposible de sostener.

Todo comenzó a principios del siglo XX, con la llegada de tiempos ideológicos diversos, alimentados principalmente por el experimento ruso y su propósito de un nuevo diseño social para “construir el país de los soviets”. Esto balanceó el feroz crecimiento del primero. El balance duró hasta que fallas de aplicación y retoques evitaron la factibilidad de la posible utopía. Forzaron más allá de lo debido las formas de producción y se instrumentaron disciplinas jurídicas demasiado contenciosas a la contestataria y desenfadada naturaleza humana.

Llegado ese momento las cosas volvieron sobre sus pasos. Estados Unidos se sintió solo, con total poderío. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo para que la sabiduría acumulada del Asia y los tropezones rusos, haciendo uso de la tecnología trascendida hasta sus fronteras, encontrara nuevas rutas de organización económica y social, adecuando la cultura endógena con la adquirida en el proceso de las relaciones internacionales.

Esa es una historia que no puede obviarse a la hora de entender la era de Trump y el fenómeno Bernie Sanders. Ambos son resultado de un viejo devenir que va madurando dentro del contexto social estadounidense, como ocurrió con los anteriores. El de China es resultado de una evolución más controlada, pero no por eso menos espontánea. Las comunidades humanas, hechas de iguales aguas y similares polvos, responden de manera semejante ante los desafíos del medio. Toma tiempo, pero nunca demasiado como para perecer como género. Es obvio que esa evolución espontánea lleva implícita la acción humana en todas sus facetas. No hay evolución sin acción coordinada, razonada, y planificada con paciencia de relojero. El ser humano se emborracha de ideas y al igual que los ebrios camina zigzagueante, pero generalmente llegan a su destino. La morada es un objetivo hacia el cual marchamos incesantemente, porque sin ella perdemos la necesidad de cobijarnos, sentirnos protegidos y perdemos la oportunidad del necesario descanso para cobrar nuevas energías.

En ese caminar surgió la leyenda de “América y el famoso sueño americano”. La leyenda china derivó en el Dragón, simbolizando la capacidad de camuflarse, derivando luego en Poder Imperial y en la actualidad como Poderío Industrial y Financiero.

Estados Unidos, en esta era de Trump y Sanders, mencionados ambos como símbolos de un proceso de cambio silencioso pero palpable, replantea un recogimiento al interior de sus fronteras. Esa es posiblemente la única manera de fortalecer sus interiores a niveles que puedan recordar las épocas de los cincuenta hasta los noventa. Aunque tiene sus lados flacos y grandes desafíos que enfrentar para alcanzarlo por esa vía.

La América grande de Trump y la América socialmente justa de Sanders, se parecen en el afán de fortalecer el interior de la frontera nacional. Y el resultado final de ese propósito es poder influir por otras vías, aún sin definir, en el resto del universo conocido. Entre los planes de Trump, está llegar a la Luna con carácter definitivo y no sólo para plantar una bandera y decir “somos grandes” sino para quedarse y controlarla. Para realizar el proyecto están Elon Musk, Jeff Bezzos y planes para la Agencia Espacial aún no definidos por el Presidente, pero que se infieren de su reciente viaje a la NASA.

Mientras esto ocurre, Xi Jinping planteó en la reunión de Davos en Suiza que defenderá el libre comercio, la globalización y la apertura económica de los países. En otras recientes declaraciones ha dicho que China ha decidido trabajar en la organización del orden internacional y que su presencia en ese sentido es una decisión tomada por el Estado chino.

Las dos leyendas se encuentran en un punto de encuentro o quizás de desencuentro, si el improvisado Presidente no se deja guiar convenientemente, para lo cual lo primero que debe hacer es abandonar la práctica del twiter al estilo que los cowboys hollywoodenses, quienes comienzan a disparar apenas entran al recinto.

El Dragón tiene la disciplina milenaria de la paciencia y una cohesión de Poder de la cual carece la nueva Administración estadounidense. Uno de los mayores conflictos de la Casa Blanca actual, es que los mecanismos de Balance de Poder están diluidos entre las silenciosas pugnas de los actores seleccionados por el Presidente para las diferentes instancias Ejecutivas y de Seguridad Nacional.

Mientras que el Dragón ha evolucionado sostenidamente, manteniendo los elementos esenciales de su cultura de trabajo, la “Leyenda Americana” parece confrontar dificultades cuya solución no están aún a la vista. No obstante, confiamos que la paciencia asiática y la volatilidad de la alternancia del Sistema Político Estadounidense, den finalmente como resultado un encuentro beneficioso para la humanidad. En definitiva, ser optimista no cuesta, siempre y cuando trabajemos para hacerla posible.

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