Algunos juegos del ayer perdido

   Después de pasar por los años de la niñez, la pubertad, la adultez y ahora terminando la vejez, casi siempre el ser humano repasa su historia y las cosas más significativas que les ocurrió o etapas en que se vieron involucrados. Hoy se me ocurre recordar la era de niños y los juegos que se hacían, sobre todo entre los infantes de menores recursos, donde y cuando la pobreza les hacía “inventar”, como hoy se hereda de aquellas generaciones y se mantiene esa cualidad del cubano, el invento, entre los mayores para sobrevivir.

Para los que contábamos con patios que se entrelazaban entre las viviendas, sin cercas,  teníamos la ventaja sobre el vecinito que vivía en las grandes urbes o en edificios de apartamentos y que carecían de áreas para jugar los niños.

En esos patios, grandes o pequeños y los solares yermos, que abundaban por cierto, se podía disponer de tiempos “útiles” para jugar al aire libre, después de las clases o en los sábados y domingos. Jugar a la pelota, era el más común entretenimiento de la niñez e inclusive en parte de la adolescencia y donde se aplicaban reglas del deporte nacional. En cualquier espacio adecuado, se improvisaba un terreno de pelota, donde se limpiaba las yerbas para hacerle caminos a las bases. Los que poseían bicicletas, patines o escopeticas de municiones o pellets eran más privilegiados. La niñas, punto y aparte,  solo les complacía juagar a las casitas y con muñecas.

Pero había otros como jugar a las bolas. En este había varias alternativas  Las más conocidas eran el “roli” que proviene del inglés “rolling”, que se trataba de un circulo hecho con cualquier pedazo rama y donde se ponían varias bolas, cinco, diez, etc. por jugador y se podía ganar desde al primer tiro desde la raya que se marcaba con la misma rama, se empezaba el juego. Donde y cuando se traba de acumular tantas bolas que se sacaban del “roli” y fallar pocas veces, para llevarse las que se ganaban, entre dos o más jugadores. Había ocasiones en que el tiro fallaba y la bola lanzada con tal velocidad, se quedaba dentro del “roli” y aunque  sacara otras fuera del mismo, se perdía el tiro, pues a esta operación se le llamaba, “guindáo” o sea colgado dentro del círculo. Tambén estaba el “quimbe” que se traba de golpear con una bola la del contrario y se ganaba la apuesta previa.

Otro era “al pegao” (pegado), cuando se lanzaba la bola tratando de acercarse a la del contrario y el que más cerca estaba ganaba la apuesta, de bolas. El “chocorolo”  que era cuando se hacía un  pequeño agujero en la tierra y el que más bolas metía dentro, ganaba todas las que ya habían entrado. Y así había  varias formas de jugar a “las bolas”. Juegos que los niños bitongos de la alta aristocracia se perdían.

Había también la “quimbumbia” donde se jugaba con un pedazo de palo de escoba o de una rama recta de más o menos un pie y medio de longitud – sería como  una especia de bate –  y se  hacía también una pieza del mismo material, que tenía una figura geométrica de unas tres pulgadas (+ / -)como lo es hacerle con una cuchilla o cuchillo, dos puntas en forma de cono en ambos extremos. Este se ponía en el piso, en la tierra o en el cemento de un parque, el bateador preguntaba ¿le doy? y el contrario le respondía “dale” o “kindale”, que uno era para batear y otro no, pero como en el desespero de jugar, se confundía el que bateaba y le daba sin  oír bien la voz, ahí perdía de plano. Al golpearlos por una de sus puntas con el ”palito” largo, saltaba del piso y es ahí cuando se bateaba con fuerza botándolo a distancia. Después a ojo de buen cubero, se calculaba la distancia de tantos palos de medida y el que más se cercaba al medir la distancia con el palito, sin pasarse, ganaba.

El juego del “agarráo”, “al tocáo” y “al escondío”, eran muy entretenidos y donde se ejercitaba la velocidad de los músculos de las piernas y la audacia del jugador. El cuerpo entero estaba en movimiento para correr y llegar a la base, que era una raya en la tierra, si ser sorprendido o agarrado. Repito que los que no gozaban de patios unidos o espacios yermos cerca de la casa, tendrían que hacerlo solo en parques citadinos.

También estaban los juegos de mesa, como las damas, el monopolio, el dominó, el parchís y otros, que eran como los demás muy sanos. Hoy por cierto la niñez y la adolescencia, solo tiene los jueguitos virtuales, y se las pasan imbuidos casi dentro de las pantallas de los monitores o televisores, como embobecidos por muchas horas que según los expertos de ambos lados; los detractores aseguran que esto dañan  las mentes y deja muy reducidas las posibilidades del cerebro para otras cosas. Los que los justifican aseguran que beneficia por probar las habilidades y enriquecerlas. Vaya usted a saber quien tiene la verdadera razón.

¡ Oh, la niñez, divino tesoro”,  que solo existe una sola vez. Y ahora más que siempre, donde se maltrata con los atractivos modernismos de actualidad virtual.

Los juegos saludables del ayer lejano, no existen y son ya historia a contar como en este comentario.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.

0 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Viva cuba libre!