El día del golpe de Batista

 

51DNg5bO1lL._SX373_BO1,204,203,200_Libro de José Luís Padrón que cuenta la historia como fue

Un buen ejercicio para la memoria  es recordar  el día  y  momento  dónde  estaba  Ud. al producirse   un acontecimiento que por  su  gran trascendencia haya pasado a los  anales  de la historia de su país.

Y como recordar  es volver a  vivir, aquí va mi testimonio de lo que me viene a la memoria  de aquel día 10 de marzo de 1952 cuando el entonces  Senador  de la republica Fulgencio Batista,  rompiendo el ritmo constitucional  de la nación encabezó  el  golpe de Estado que cambió para siempre el destino de Cuba.

En recuento breve del acontecer cubano de entonces,  habría que señalar que el país  se encontraba  en  medio de un convulso proceso electoral en el que de celebrarse  las elecciones presidenciales el  primero de junio de 1952  tal como estaba  señalado para esa fecha, Batista hubiera hecho  un triste papel de tercero,  muy por  debajo  del  candidato del  gobierno Autentico el  Ingeniero Carlos  Hevia y bien  lejos del profesor  universitario Roberto Agramonte ,  quien  según todas  las encuestas de la época sería  el seguro  triunfador en las  urnas,  como  heredero  del fervor  popular , que había  dejado tras  su muerte  por suicidio inesperado, el  líder  del Partido  del Pueblo Cubano  (Ortodoxos) Eduardo  Chibás.

Me encontraba yo por  aquellos días  del mes   de marzo de recorrido político por  la región  más oriental de  la  isla con vista a las  elecciones  presidenciales, movilizando  a los cuadros  de la Juventud  Ortodoxa,  organización   juvenil   del Partido  de Chibás  de la  cual era su Secretario General  Nacional. El día nueve  por  la mañana  llegué  a la  ciudad  de Bayamo y tuvimos una reunión de trabajo en la residencia  de la familia Fornet- Ortodoxos todos  ellos-contando con la efectiva labor  organizativa de Ambrosio  Fornet,  hoy  intelectual cubano    de  talla nacional  que era  el  líder  del movimiento juvenil  Ortodoxo  en  la ciudad  Monumento.

Al atardecer  abordé un  ómnibus de la empresa  “Santiago-Habana” con destino directo  a La Habana con una breve escala en la ciudad de Santa Clara  para cambiar de  chofer y “estirar  las piernas”. A eso  de las  siete  de la mañana llegamos  a la  terminal de ómnibus de la capital  cubana. Todo parecía normal hasta que escuchamos  la  voz  del  locutor cubano Raúl  Dagnerí- a quien reconocimos de inmediato-   quien estaba en espera  de unos familiares  suyos. El famoso locutor  proclamaba  en  alta voz- no sé si de alegría o de rabia- “Que Batista estaba  en el  campamento  militar de Columbia  y  que había  derrocado  al  Presidente Prío  Socarás.

De la Terminal de Ómnibus salimos como un bólido  hasta las oficinas  del  Partido Ortodoxo situadas  en Prado 109 sin siquiera  pasar  por  mi casa,  de Morro  número 53 que estaba apenas  a una cuadra  y  media de allí. El ambiente era  de indignación   general  entre  los militantes  Ortodoxos que se habían  congregado  en el Liceo del Partido, especialmente  entre los  jóvenes,   que más  tarde  serian muchos,   de  ellos  protagonistas destacados  en  el proceso revolucionario cubano,   que  tendría  de  líder  al también dirigente del Partido de Chibás  Fidel  Castro Ruz.

¿Qué hacer?: Vino  la  pregunta. Allí estábamos  los  principales  dirigentes  de la Juventud Ortodoxa y había que pronunciarse  de  alguna  manera contra la asonada militar de Batista que violaba  el ritmo constitucional de la nación. Así surgió  la  idea  de redactar  un manifiesto a la nación a nombre de  la Juventud Cubana. Sería el  “Manifiesto  Número  Uno”. Pero  habría que buscar  UNA imprenta  que  se atreviera  a imprimirlo.

Alguien  dijo:  “Por  aquí por  las calles  Trocadero  o  Consulado hay  una imprentica  cuyo dueño  es  Ortodoxo y  quizás  él se atreva  a jugársela con nosotros. Localizamos  la imprenta y su propietario Emilio Jiménez,  puso  manos a la  obra.  El  mismo Jiménez “paró”   el texto que yo  había  redactado y en su máquina  impresora “Pequeña Gigante”- así  llamaban al artefacto impresor- imprimió  los  diez mil ejemplares  de la  tirada que a eso de la  una  de la tarde estaban en manos nuestras, listos  los  manifiestos  para  distribuir todos  en los barrios  de La  Habana delante de los  ojos  de la policía  batistiana  comandada  por el  nuevo  jefe  del cuerpo el tristemente célebre  Brigadier Rafael Salas   Cañizares.

Vale anotar  que  en esa  misma “Pequeña Gigante”  del Ortodoxo  Emilio Jiménez,  se imprimió  años después por  gestiones  de  Haydée Santamaría,  la primera  edición clandestina de  “La Historia  me absolverá” el alegato   histórico de  Fidel  en el juicio del  Moncada.

Aquel manifiesto  “Número  Uno” de la Juventud ortodoxa  lanzado a las calles  de La  Habana el  mismo día diez  de marzo de 1952 fue  la primera  denuncia  contra  la recién estrenada dictadura de Batista.  Me  acuerdo de  ese día como si fuera hoy. Así se escribió la  historia.

Les habló para Réplica de Radio-Miami su director Max Lesnik.

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