Sorpresas te da la vida

               

     La elección de Donald Trump nos muestra que la Presidencia no es una carrera profesional.

Al margen del final de esta historia, se trata de una buena enseñanza, porque responde a la esencia de la democracia: un gobierno del pueblo, dirigido por un ciudadano escogido por ciertas mayorías, que lo consideran un buen representante para sus aspiraciones. Si la democracia no tuviera esta espontaneidad, entonces seríamos reos de la tecnocracia.

En Estados Unidos muchos tienen el criterio que la política es una especialización y piensan que el Presidente debe ser un hombre con “experiencia para el cargo”, lo cual implica una preparación previa, con graduación y título.

Concuerdo en que las estructuras del Estado estén atendidas por conocedores y especialistas en las diferentes materias de la sociedad. Ahora bien, el Ejecutivo y los cuerpos legislativos deben surgir por la voluntad de la gente que compone el tejido social y eso sólo es factible con un sistema de elección. Incluso las estructuras jurídicas, categóricamente no debieran estar constituidas en su totalidad por Magistrados, sino también por ciudadanos comunes y corrientes.

Rompiendo los moldes de un Estado regido todo el tiempo por especialistas o dinastías que recuerdan la Europa de hace trescientos años, resultó electo El Presidente Trump. La mayoría, desde que sucedió su elección, pensamos que sería un desastre, sin embargo, con un estilo muy personal y con asesoramientos que parece calibrar diariamente, poniendo y quitando funcionarios, ha marchado sin tropiezos.

El desenfado y dispersión de sus promesas de campaña, hizo pensar que no habría manera de lograr en el país la estabilidad necesaria para que los diversos sectores, continuaran avanzando. Sin embargo, lo sucedido en sus tres escasos meses de gobierno, nos obliga a reflexionar y ser cautos, antes de llegar a conclusiones definitivas.

Hace unos días, ordenó bombardear un pedazo del territorio sirio. Para muchos fue un rompimiento de sus promesas de no inmiscuirse en asuntos de terceros países, sin embargo, nosotros reiteramos que la movida respondió a su estilo, aprovechando los sucesos para mostrar hasta dónde es capaz de llegar en determinadas circunstancias.

Inmediatamente después del ataque declaró que su política respecto a Siria continuaba invariable, lo cual refleja su astucia para tocar de oídos, sin que los altos y bajos desvíen el rumbo de sus planes.

Para mitigar las tensiones que el ataque a Siria causó a las futuras relaciones con Rusia, envió a Rex Tillerson a conversar con Putin. Éste, avezado en la intriga y la conspiración, encomendó a su Ministro de Relaciones Exteriores, Serguey Levrov para que se hiciese cargo del asunto. Finalmente, se entrevistó con Tillerson, luego de hacerlo sufrir por varias horas.

Aunque cuentan que hubo tirantez, considero que el resultado final fue amigable, reiterando Putin el restablecimiento de los canales de comunicación para las acciones conjuntas en Siria, no sin agregar “que las relaciones han empeorado, especialmente en lo militar”. También acordaron cooperar en Yemen y presionar a Corea del Norte para que no siga con el jueguito de los cohetes. El mejor resumen del resultado de esas conversaciones estuvo dado por la declaración de Tillerson diciendo que las relaciones están en un bajo nivel, pero ambas partes tienen la voluntad de mejorarlas y para rematar en uno de sus famosos twitters, Trump manifestó que “las relaciones con Rusia mejorarán”.

Curiosamente acaba de lanzar la Madre de Todas las Bombas en Afganistán, justamente al siguiente día de hablar con Putin, quien está preocupado por la amenaza de los grupos terroristas en ese país fronterizo y un tema del cual hablaron. ¿Habrán acordado el bombazo?

En esta ocasión, es la primera vez que un Secretario de Estado visita Rusia sin reunirse con “disidentes”, “opositores” o hacer payasadas de esa índole. Ha sido un viaje al grano, al asunto. Lidiando con seriedad.

Por su parte, el Presidente chino, Xi Jinping, sostuvo una conversación telefónica con Trump el miércoles 12 de abril, comprometiéndose a presionar a Corea del Norte para que abandone su programa nuclear. En una dirección similar, el periódico chino Global Times, quizás el más leído en China, manifestó en su editorial que, si Corea del Norte no suspende su programa, China terminaría por “limitar la exportación de petróleo a ese país”. O sea, parece cierto que sabe ser convincente con su modo de negociar.

Después de conocerse la noticia de dicha conversación con el Presidente Xi Jinping, Trump manifestó a la cadena Fox, que el ataque a Siria no significó abdicar de su política de “no injerencia” y que continuará trabajando con Rusia para garantizar la integridad de ese territorio y derrotar a las fuerzas terroristas que amenazan a ambos países.

Los sucesos parecen indicar que el Presidente gusta de conjugar el respeto por las administraciones foráneas con la determinación de actuar sin vacilaciones, como está mostrando con el escalamiento militar en las costas de la península de Corea. Dicho movimiento no cancela soluciones a bases de sanciones, para las cuales China parece estar dispuesta. Entre ellas supervisar algunas de sus industrias cercanas a la frontera de Corea las cuales, al parecer, han suministrado material técnico no disponible por Pyongyang y que fue encontrado en los restos recuperados del último cohete lanzado por el inexplicable delirio de Kim Jong-un.

Sorpresas que da la vida. Con altas y bajas, quizás estemos llegando a una nueva era en el marco de las relaciones internacionales que, gústenos o no, fue inaugurada pálidamente por el anterior Presidente Barack Obama con su famoso discurso en el Cairo.

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