Fidel asombró hasta a la enigmática Señora Muer+e

 

 

    No gusto del panegírico. Muchos resultan aburridos, verbosos, demasiados grandilocuentes y algunos, en la alabanza adjetiva extrema, resultan vacíos. No gusto de un santo, ni de seres perfectos que nunca se equivocan y si se encabronan esconden las malas palabras. A los que han cometido errores, igual de humanos los considero. Gusto del hombre de carne y hueso; eso sí, altivo en la derrota y magnánimo en el triunfo. Gusto del Fidel barbudo, con diez días sin bañarse, con fusil al hombro en medio de agrestes montañas cundida del muy bien armado enemigo batistiano. O suspendido en el aire cuando en Playa Girón salta de un tanque de guerra cuando la invasión mercenaria y la foto lo fija para la historia de ese crucial momento.

    Un Fidel de kilométricos discursos de cuatro y seis horas bajo un sol tan ardiente en la Plaza de la Revolución que entre los centenares de miles de asistentes la temperatura a varios desmayaba y él sin perder el hilo de lo que decía. O de un Fidel con saco y sin corbata que en manifestación baja la Colina Universitaria. Un Fidel que decían mujeriego, tomador de café con leche en 12 y 23 y que cuando se casó la primera vez fue de luna de miel a Miami y New York y que luego, desde su pequeña Isla retó al país imperialista más poderoso que ha dado la humanidad. Imperio que jamás pudo vencerlo, ni en las montañas, ni en la Cuba que hizo socialista, ni con las más de cien arteras maneras con que la CIA trató de asesinarlo, ni en Naciones Unidas, ni en África, ni con guerras y sabotajes, ni bloqueo económico, ni saqueándole médicos y profesionales que gracias a él se formaban gratuitamente.

    Un Fidel que brillaba en las cumbres políticas y a nivel de callejuela de arrabal. Por algo los negrones del barrio, como si fuera el socio fuera de liga que vivía en la cuartería de la esquina, entre ellos, tomando ron y sonando un guaguancó sobre un cajón, no lo llamaban Comandante en Jefe, ni Presidente, ni líder máximo de la Revolución. Para él crearon un sedoso sobrenombre a partir del real: el Fifo, y el Fifo era el Caballo. Y Caballo es popular cubanismo que se traduce como el más timbalú, el más mejor. Y decían también: “el Fifo es un bárbaro,” con la acepción de bárbaro más positiva del diccionario, como cuando se dice “lo pasé bárbaro,” es decir magnífico, muy bien, espléndido. Pero fíjense: no decían Fifo. Decían “el Fifo,” pues Fifo a secas podría resultar un apodo cualquiera. Delante, el artículo determinado en género y número le confería distinción, dignidad y lo elevaba sobremanera y sin adulación.

    Y hace ya cinco meses que ese ser humano ya no está físicamente entre nosotros, pues el 25 de noviembre del pasado año 2016 a su casa llegó a visitarlo la Muerte, ésa inevitable Señora a la que un día hemos de acompañar, todos, sin excepción. Lo fue a buscar a su cama, pues moriría tranquilo, a los noventa años, retirado de todo cargo de mando luego de derrotar políticamente y burlarse de once presidentes norteamericanos. Y él, que en la guerra fue grande y caballeroso con el enemigo que hacía prisionero, lo era más con una dama, y no se negó ni un instante a los requiebros de la Eterna Señora. Tranquilo se levantó para acompañarla. Ambos andaban sin prisa pero a buen paso, y ella, orgullosa de estar junto a él, le contó cuando por el mismo sendero por el que iban –el de los grandes elegidos– condujo a sus dos maestros, a Martí y Carlos Marx, y a Bolívar, Robespierre, Lenin, Lincoln,  Newton, Carlomagno, Espartaco, Julio César.

     Fidel sonreía con modestia, se apretaba suavemente el mentón y haciéndole preguntas durante esa marcha que entre estrellas y cometas conduce a los milenios de la historia, también deslumbró a la Dama con su charla amena, comunista a veces, cristiana a veces, ni un momento aburrida, y sonriendo le sugirió que si tenían un chance podían bajar por un par de horas de nuevo a la Tierra. “Le voy a conseguir una guadaña –le dijo–, pues parece que hoy se le olvidó; y, sobre todo, le voy a preparar unos espaguetis para que se chupe los dedos.” Ella, halagada, lo miró con admiración. “Lo de la guadaña es invento de literatos”, le respondió a la vez que pensó: “Verdad que este hombre es un real fuera de liga.”

?????????????????????????????????????????????????????????

Pero la Dama debía continuar en su diario quehacer, visitar a otro elegido, aunque seguramente solo con tradición familiar, muy linda a lo mejor, pero, lógico, limitada, no como la de a quien ahora, con pena, tiene que decirle: “ Gracias por los espaguetis, estaría encantada, pero me falta tiempo, me debo despedir, imagine mi trabajo, es mucho y casi nadie comprende y por él me valoran como lo más horrible de la Creación, no como usted ha hecho, y no olvidaré el honor de traerlo hasta aquí.

    Muy abajo en una ruidosa capital de una isla de uno de los planetas del Sistema Solar llamado Tierra, un negrón ya viejo que de joven hizo muchas veces retumbar su tumbadora de cuero de chivo para tararear: “el Fifo es el Caballo, el Fifo es el Caballo,” esa noche reposaba sentado en un taburete en el portal de la casita donde ahora vivía. De la noticia que recorrería al mundo, se enteraría el día siguiente. Hacia santo y vestía de blanco desde la gorra a los tenis y, sin comprender a qué se debía, de repente le brotó una lágrima que no sabía si era de extrema tristeza o de la misma emoción de cuando su hijo pelotero daba un batazo y el jonrón caía bien lejos detrás de la cerca.

     En ese instante, en el otro plano, muy alto e incluso desconocido para santeros, médiums, místicos de todas las órdenes, Papas de Roma y ni para el más brillante de los científicos, la Muerte se despedía. Dejaba al elegido en el gran sitial universal, donde hacía tiempo ya tenía nombre: Fidel Castro. No le hacían falta más credenciales, jerarquías, reputación, renombre ni abolengos que lo engrandecieran. Sobraba el que tenía: Fidel Castro Ruz, cubano.

     Les habló para Radio Miami, ahora sólo por Internet, Nicolás Pérez Delgado.

     

0 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Viva cuba libre!