El pulguero(El mercado de las pulgas )

 

   

                                                                                                                  

    Ni los más eruditos saben por qué le llaman pulguero o, traducido del inglés, mercado de pulgas (flea market), pues no hay quien dude que las pulgas son insectos nada simpáticos, indeseables, saltarines, de duros caparazones y garras en sus patas para adherirse como diminutos vampiros a chupar sangre de personas y animales.

    Los pulgueros, no obstante tan nefasto nombre, son famosos en New York, California, Atlanta, Ohio, en cualquier Estado. Venden al aire libre, en parqueos y campos abiertos, y son los parientes pobres de las grandes y millonarias cadenas de tiendas y supermercados. En cierta medida pertenecen a la familia de quienes ya no quieren ciertas ropas y objetos y los domingos los sacan frente a las casas en las llamadas ventas de garaje (garage sales) y se buscan unos dolaritos.

    Son ferias donde se encuentra de todo y a precios más bajo que en otros sitios. Buena parte de los artículos y vestimentas que los cubanos llevan a sus familiares en la Isla provienen de pulgueros, lo cual no se les puede informar, pues la mayoría desea artículos de marca, de tiendas de lujo, como Macys, Bloomingoalas o Merry Plaza. Tanto que te dicen: “No me traigas de esa tienda con K (se refieren a los K Mart, que sabemos son tremendos establecimientos). Pero aunque ellos propongan, los que deciden son los bolsillos, no pocas veces tristones y que en estos casos se alegran gracias a los pulgueros que pululan en Miami y sus alrededores. Hay zapatos, destornilladores, joyerías, bicicletas, pajaritos en jaulas, linternas, celulares, juguetes, pullóveres, jean, muebles, brújulas, lámparas… Hay de todo lo habido y por haber, menos armas, autos y aviones.

    El primer pulguero que conocí fue en la Avenida 37, ubicado en el enorme parqueo del canódromo. Pulguero que con dolor tanto para clientes como para tenderos desapareció para dar cabida a un multimillonario lujoso casino con maquinitas tragamonedas y acaba bolsillos. Lo dijo el Papa Juan Pablo II: el capitalismo salvaje. Aquel era un lugar agradable, popular, y en algo se me asemejaba a una ciudadela marroquí abarrotada de tenderetes y atravesada por callejuelas llenas de gente que compran regateando precios.

    Hay quienes aunque no adquieran nada, los fines de semana husmean entre quioscos y artículos de su pulguero preferido. Son los adictos. Los quioscos, repletos de maravillas los atraen como el romerillo a la abeja. Uno de ellos, por ejemplo, es el director de este programa, quien, con sobretodo gris a lo Humprey Bogart (adquirido allí), camisa fresca blanca o pullover negro, paragua en mano, haya frío, calor, llueva, truene o relampaguee, no deja de visitar los domingos el pulguero de la Calle 36, en el North West, el cual, por cierto, lleva nombre de cabaret habanero: Tropicana.

    Entre las callejuelas de los pulgueros se anda como un buscador de tesoros. Muchos lo visitan no solo para comprar, sino para pasar el tiempo, igual que antes se paseaba mirando las vidrieras de la calle Galeano aunque no se tuviera en el bolsillo lo necesario para una mínima compra, como era bastante común.

    Ahora bien, según dicen los amigo Frank y el Vaquerito, ambos asiduos a la Alianza Martiana y reconocidos especialistas en pulgueros, si quieres encontrar lo mejor, llega temprano; y si quieres los precios más bajo llega antes de cerrar, cuando el vendedor va a desarmar su negocio y quiere salir de lo que tiene, aunque gane menos, pues el tipo no es millonario y tiene que vivir.

    Así es el pulguero, donde el tiempo se pierde con deleite, se pasea, se mira, se pregunta cuánto cuesta esto o lo otro. Se anda entre quioscos y quioscos, entre el gentío que busca adquirir lo más económico para mandar a su familia en Cuba, en Nicaragua, en Paraguay o en Honduras, aunque cuando lleguen allá, como alardean muchos cubanos de visita en La Habana, Caibarién o Consolación de Sur, ellos son unos billetudos, pues en Miami y en toda la Yuma la pincha y el billete andan satos por las calles.

     El pulguero los desdice. Es sitio popular, de los que escasean en Miami, donde se venden artículos y ropas de uso que parecen nuevas. Pero donde, según afirma el especialista Frank, en ellos nadie anda con malas pulgas, ni nadie te anda buscando las pulgas para provocarte y darte cuatro balazos, como en otros lugares. Quiera Dios que no les ocurra como al de Flagler y siga existiendo ese tipo de aglomeración de pulgas que es lo que, según el diccionario, debía ser un pulguero.

      Les habló desde Miami, Nicolás Pérez Delgado.

0 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Viva cuba libre!