Los que viven diferentes épocas, son distintos.  

De vez en vez leo algo en ese líbelo que nos gastamos como prensa plana conocido El Nuevo Herald. En el mismo hay casos que merecen nuestra atención, aunque son muy escasos por cierto, otros nada que ver con la verdad y por ello los ignoro. Reciente y casi siempre son los mismos los que llaman mi atención para bien o para mal.

Hay pocos “señores periodistas” o comentaristas que salen de lo rutinario y se ganan leerlos, otros son todo lo  contrario aunque también son interesantes si buscamos cómo cada vez muestran la ignorancia y el irrespeto hacia los lectores, cualidad principal de esta prensa y otras por su estilo.

Hay entre ellos un cubano por nacimiento natural, que se jacta de sus historias de arrepentimiento, que lo llevó hasta lograr altos estudios de manera gratuita tanto a él como a su esposa, de quien hoy hace loas.  Este individuo, conocido por Alejandro Ríos, un auto llamado periodista que también se auto titula experto en muchas cosas incluyendo crítica del cine, entre otras “cualidades”.

La reseña abarca también su participación siempre crítica destructiva hacia su tierra natal, en el programa de la televisión, La Mirada Indiscreta, que hace de su título una antema contra Cuba.

Hemos conversado en pocas ocasiones y entre ellas la coincidencia ha sido en estrenos y comentarios de obras de cine cubano en el centro donde este tipo más brilla, Miami Dade College. Hoy hubiera deseado poderle hablar y no por esta vía precisamente. Se trata de su comentario “Veinte años después”, en El nuevo.

El sujeto hoy se deshace en elogios a su esposa y sobre todo a la aventura que disfrutó pasando a México y después el Río Bravo, hasta llegar a Miami, “la tierra prometida por los dioses anticubanos”, en 1,992. No explica qué hizo en Cuba hasta ese año.  Esa narración que ocupa casi la mitad de una página del diario, es como un cuento para niños, quizás lo haya hecho ya a sus hijos para practicarlo antes de publicarlo.

No sé cómo es posible que un periódico que se respete a sí mismo, como  infructuosamente lo intenta siempre este El Nuevo, permita gastar espacios que pagan los anunciantes, para que se hable de una parte de una vida personal, de un tal Ríos,  como medio de ganar puntos en la competencia sobre “el heroísmo” de haber podido ”emigrar” de aquello que lo describe como el Infierno de Dante,  Cuba,  su nación de origen,  de él y toda su familia., y a la cual debe una educación gratuita de la saca hoy beneficios personales en abundancia.

Nada que el asunto está en que el tipo se escapó y no  pertenece a aquella nueva emigración desde 1,980, que se considera por muchos, el cambio generacional  de pensamiento y actuación de los cubanos emigrantes.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.

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Viva cuba libre!