No es lo mismo ametralladoras que violines

 

          Los asesores Marquito Rubio y Díaz Balart hicieron que en días pasados, en un teatro de Miami, el presidente Donald Trump pareciera no saber la diferencia entre tableteo de armas automáticas y los acordes de los violines. Las  primeras, como cualquiera sabe, son máquinas de guerra que matan con cientos de disparos por minuto. Los segundos, pacíficos y románticos, instrumento que provienen del medioevo e inseparable de artistas de la talla de un Vivaldi o un Bethoveen e inimaginables en manos de alguien que hayan apodado “Masacre.”  

     En su agresivo y anticubano discurso del pasado 16 de junio, Trump, sin dudas, conmovió a un público de pura cepa ultraderecha. Marquito Rubio lo miraba como pizpireta enamorada o vampiresa que finge estarlo, mientras se repetían aplausos desaforados.

     Marquito, quien en realidad desearía ser rubio para asemejarse a un redneck, se vio  casi babeado cuando el presidente presentó al violinista Luis Bonifacio Haza, según él, un héroe. Trump refirió que el padre del músico fue fusilado apenas los Castro asumieron el poder y que luego su hijo enfrentó al régimen tocando ante criminales polizontes de la Seguridad del Estado el himno de los Estados Unidos.

      A este cronista no le interesa si el violinista tocó con virtuosismo o desafinado, si es o no un renombrado músico en “la tierra de la libertad” y considera que a lo hijos no se les debe señalar por los crímenes de sus padres. El violinista era un niño pequeño cuando su padre, esbirro del dictador Fulgencio Batista, participó hace 60 años en los asesinatos de los jóvenes Frank País y Raúl Pujol en Santiago de Cuba, estando en ese instante indefensos los dos revolucionarios, lo cual, y lo recoge la historia, soliviantó al pueblo santiaguero que en una compacta manifestación de más de veinte cuadras que daba vivas a la Revolución acompañó el féretro.

      El Contralmirante retirado José Luis Cuza Téllez de Girón, hace un tiempo dio testimonio sobre el hecho, al cual, entre paréntesis solo agregaremos aclaraciones para miamenses que no conocen de historia o que gustan tergiversarla.

     “Mi amiga y compañera de la Lucha clandestina en Santiago de Cuba, Madeline Santa Cruz Pacheco, quien vivía en San Germán esquina a Callejón del Muro, vio todo lo que sucedió desde detrás de uno de los ventanales del costado de su casa que daba para el Callejón:

     “Estaban Frank y Pujol (ya prisioneros) sentados en el jeep parqueado en San Germán y el Callejón del Muro cuando llegó Salas Cañizares vociferando y amenazando con su carabina M-2 con la culata recortada. Randich se acercó al jeep y miró a Frank, le quitó los espejuelos oscuros y al reconocerlo le dijo a Salas: ‘¡Coronel, este es Frank País!… ¡Este es Frank País, Coronel.’”

    (Luis Rendich había estudiado en la Escuela Normal para Maestros, conocía a los revolucionarios y fue ajusticiado en plena lucha clandestina. Con Salas Cañizares, a quien apodaban Masacre, iba el capitán Bonifacio Haza, padre del niño que sería violinista, y los tenientes Ortiz y Garay. No sabemos si Bonifacio Haza disparó con otro M-2, con una Thompson o si empleó su pistola reglamentaria, pero que tiró, tiro, sino de capitán no hubiere ascendido a comandante. Masacre no admitía a su alrededor a los que consideraba flojos.)

    “Al oír esto Salas fue al jeep y agarró a Frank por la camisa vociferando palabras obscenas y con la culata del M-2 lo golpeó en el pecho. Frank fue a dar contra la pared de enfrente, desfallecido por los salvajes golpes.

     “Raúl (Pujol) se había bajado del jeep y le gritó a Salas que no lo golpeara y además le llamó cobarde. Los matones escoltas de Salas golpearon brutalmente a Pujol, que cayó inconsciente en la acera de la Calle San Germán adonde fue Salas y le ametralló toda la espalda con una ráfaga larga. Se viró para donde estaba Frank y le tiró los últimos proyectiles que le quedaban y mientras colocaba otro cargador le ordenó a los demás asesinos que le tiraran a Frank, quien cayó boca abajo al recibir los múltiples impactos. Volvió Salas sobre sus pasos hacia el Callejón del Muro y ametralló en el suelo y por la espalda el cuerpo inerte de Frank País.”

    Hasta aquí el testimonio de una testigo presencial que vio todo guarecida tras una ventana. Debemos agregar que Frank recibió 22 balazos. El capitán padre del violinista y los otros esbirros, a la orden de Salas Cañizares, satisfechos se retiraron del lugar. Bonifacio Haza pronto sería ascendido a comandante y a jefe de la policía de Santiago de Cuba.

    El 20 de abril de 1956, por citar solo otra habitual faena de aquellos cuerpos policiales amigos de Washington, veremos como Bonifacio Haza Grasso mostró cómo entonces se ascendía a un grado superior, en el de su caso ahora, al de comandante. Dos jóvenes revolucionarios, Carlos Díaz y Orlando Carvajal, heridos fueron sacados del hospital y conducidos ante el papá del futuro violinista y otros militares. Ambos fueron asesinados. Sus cuerpos aparecieron bárbaramente torturados.

      En los primeros días de enero de 1959, la prensa de Santiago de Cuba mostró un sinfín de fotos de rostros de hombres, mujeres, de jóvenes casi niños, asesinados en la ciudad por los esbirros batistianos, cuyo jefe policial era el comandante Haza, quien, por supuesto, pagó por sus crímenes. Fue fusilado junto a otros connotados asesinos.

     El principal y mal intencionado asesor para asuntos cubanos que se buscó Donald Trump, quien lo embarca, Marcos Rubio, carece, sin dudas, de marco histórico veraz. Ya mentía descaradamente cuando se presentaba como hijo de exiliados que huyeron del castrismo y la realidad era que sus padres salieron de Cuba en época del dictador Fulgencio Batista. El Marquito nació en los Estados Unidos y no duden que a lo mejor en política llegue a lejos haciendo como vampiresa que en película engaña corazones y que en su caso tupe cerebros de ciudadanos políticamente pobres, de millonarios congresistas y hasta de un presidente.

    Nada nuevo bajo este Sol. ¿Acaso asesinos y torturadores de la estirpe de Esteban Ventura, al que llamaban El sicario del traje blanco, y el coronel de la policía habanera Conrado Carratalá, por citar dos ejemplos, que huyeron en 1959 de la justicia revolucionaria no vinieron a buscar refugio seguro y apoyo en los Estados Unidos?

    Para cualquier historiador nada más que un poco serio, lo del teatro miamense del pasado 16 de junio resultaría bufonada, disparate, farsa en la que un Goliat quiso por enésima vez meter miedo al David isleño. En Cuba, la gente se ha burlado del Goliat que representó el presidente Donald Trump y muy en serio el gobierno de Raúl Castro le ha vuelto a aclarar a Washington que no detendrán la construcción de una nación soberana, independiente y socialista.

         Les habló, desde Miami, Nicolás Pérez Delgado.       

     

    

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Viva cuba libre!