¿Patraña o ultrasecreto ataque sónico?

 

    En estos días ha sido noticia por estos lares del norte americano que dos diplomáticos estadounidenses y uno canadiense han sido afectados en Cuba por una asombrosa arma que bien se podría catalogar de exterminio auditivo. Prensa y televisión miamense han escandalizado alrededor del hecho. El Gobierno de los EE.UU. no ha acusado directamente a Cuba y ha dicho que en el asunto pudo estar involucrado otro país, y los medios de inmediato señalan que pudieran ser los rusos.

    En días pasados, el Secretario de Estado, Rex Tillerson, dijo que el gobierno de Cuba era “responsable de averiguar quién provocó el incidente.” Incidente que vale conocer tuvo lugar el año pasado, momentos en que el presidente Obama reiniciaba relaciones diplomáticas y abría embajada en La Habana, lo que causó furor en la ultraderecha de Miami.

    Ahora es que sale a la luz pública y, por supuesto, surgirán historias y algún erudito tratara de explicar el misterio, cada uno a su manera política. Yo no lo haré. En parte fantasearé y, ¿por qué no?, me divertiré, aunque no me alegro del dolor de oídos de nadie, amigo o enemigo, pues lo he padecido.

     Según se informa o se desinforma, ¿quién sabe?, se especula que el arma usada fue algún dispositivo de infrasonido, es decir imperceptible, pero capaz de dañar hasta muy seriamente el oído humano. Y como los afectados fueron diplomáticos y de ellos se dice que muchos son agentes de inteligencia, el asunto toma características especiales.

    Este cronista se declara analfabeto en la cautivante actividad del espionaje, aunque casi sea merecedor de un master en la materia si ésta fuese en literatura, historia o cine. Cuando dirigí los pocos números de la revista policíaca 911 Miami, conocí comercios –spy shop– donde se expenden interesantes artículos para espionaje casero, sobre todo para protegerse de malhechores o descubrir deslices en la esfera del amor.

    Por supuesto, en esas tiendas no aparecen sofisticada y super secretas tecnologías del espionaje y contraespionaje. Menos imaginar que en ellas aparezca algún revolucionario invento farmacológico cubano no para curar enfermedades, como varios ya se han creado, sino  para provocarlas a través de rayos misteriosos.

    La DGI cubana, entonces, andaría más allá que la CIA, el KGB, el Mossad o el M-15, por citar solo algunas agencias secretas. Los cubanos con un nuevo tipo de rayo, similar al Rayo de la Muerte que en sus tiempos afirmó Nikita Jruschov poseía la URSS y que pavor causó en los EE.UU. El arma cubana apuntaría con precisión milimétrica a las orejas y por el conducto auditivo penetraría a dañar a potenciales enemigos.

    Siguiendo tal mecanismo mental y siguiendo echando las culpas a los cubanos y no a extraterrestres o rusos, podría también conjeturarse que los diplomáticos afectados por el ataque sónico fueron escogidos como conejillos de india. Cuba no querría usar conejillos de Guanabacoa, Quivicán o Ciego de Ávila y una vez perfeccionada el arma, desde los 151 metros de altura del edificio Focsa, casualmente construido todo de hormigón, podría hacer puntería sobre Miami y dejar sordo al menos a las tres cuartas partes de los ciudadanos del Condado Dade y sus alrededores, incapacitándolos para escuchar las genialidades de los Caos, Asa, Set Set, Pérez Roura y otros cercopitecos radiales y televisivos de la fauna política del sur de La Florida.

    Científicamente es cierto que exponerse por mucho rato a más de 60 decibeles puede provocar dolores de cabeza, subir el colesterol, dar mareos y dañar el oído. Jamás debe exponerse uno a más de cien decibles durante quince minutos. Sin embargo, las discotecas son cataratas de tales decibeles, pero los jóvenes no hacen caso y los bolsillos de los otorrinolaringólogos de los países donde la medicina es un negocio igual a vender caramelos han de sentirse pletóricos.  

    El invento del que hablan los cercopitecos miamenses sería un artilugio que emite infrasonidos no perceptibles y difíciles de ser detectado por el contraespionaje. Pienso que los habrá pequeños como una abeja, como escopetas de dos cañones o como pieza de artillería, según distancia a recorrer en su bombardeo a casas de diplomáticos o potenciales espías enemigos con el fin de desarticularles el sentido del oído, desorientarlos con mareos y hasta dejarlos sordos de cañón.

       Técnica, novela, relajo o ciencia ficción aparte, es cierto que Washington no acusa a Cuba de lo sucedido, pero tampoco la exonera. Por tanto, bien podríamos preguntarnos que ganaría Raúl Castro y su gobierno atentando contra diplomáticos (no importa que fuesen también agentes de la CIA) si eso no se hizo ni cuando la Oficina de Intereses del gobierno de George W. Busch. ¿Acaso conviene ahora a Cuba conflicto con los EE.UU.? Y más cuando Cuba nunca ha cometido violencia alguna contra representantes ni ciudadanos de esa ni de ninguna otra nación. ¿Lo va a hacer en momentos en que se reanudan las relaciones diplomáticas luego de más de medio siglo de que Washington las suspendió?

    Me hago una pregunta: ¿No habrán quienes quieren presionar al presidente Trump con respecto a Cuba, de manera que vuelva a la época de Busch? Dice un amigo mío que a ciertos “diplomáticos” y a ciertos politiquillos del patio lo que les arruina los oídos es Raúl Castro cuando con firmeza expresa que Cuba no se dejará intimidar por ninguna poderosa nación, que está dispuesta a dialogar pero en igualdad de condiciones, que a Cuba hay que respetarla y que no cree en guapos de barrio, esgriman navajas sevillanas o gigantescas flotas navales y aéreas.  

     Cuba ha dicho que está dispuesta a colaborar junto al FBI en la investigación. Ya lo hace en otras esferas, como en la del narcotráfico y la emigración ilegal. El Secretario de Estado Rex Tillerson expresó que Cuba es responsable de averiguar quién provocó el incidente. Perfecto. Más cuando por el incidente en que en Miami llaman ataque, uno de los diplomáticos afectados, según se dice, aunque sin prueba todavía alguna, quedó sordo de cañón.

    Los médicos forenses auxilian a jueces y tribunales y determinan los orígenes de lesiones sufridas. En Cuba existes profesionales muy calificados, lo mismo en otorrinolaringología, psiquiatría o ciencia forense. Pienso, entonces, que las autoridades estadounidenses presentarán ante peritos médicos de la Isla a dichos diplomáticos, que tan ocultos han permanecidos hasta el momento.

    Les habló, desde Miami, Nicolás Pérez Delgado

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Viva cuba libre!