El problema es de los norteamericanos

 

 

Traducido desde el más allá por Max Lesnik

tromkpa

Según dicen  encuestas realizadas últimamente, en Estados Unidos una sustancial mayoría de los norteamericanos –más  del 60 por ciento de ellos- están seriamente preocupados por el destino de su país  y del mundo por los pasos que  ha dado  el Presidente Donald Trump tanto en el manejo de los  asuntos  de política  interna como también en cuanto a la política exterior de su gobierno  desde que  el magnate  inmobiliario llegó  a la Casa Blanca.

La preocupación por supuesto  es  mucho  mayor  en el resto del mundo donde no son  pocos  los que  hacen memoria  de lo que ocurriera  en Alemania en el año  1933 cuando  Adolfo Hitler llegara  al  poder con el apoyo  entusiasta  de  una buena  parte de los  electores  alemanes racistas que se decian ser  patriotas y  que se creyeron el cuento  de que el líder nazi iba  a hacer  a Alemania  grande  y dueña  del destino  del mundo.

Salvando  las  distancias  en cuanto a personajes, países  y situaciones lo cierto  es que la preocupación es grande a lo largo  del planeta puesto que  Estados  Unidos es el  país  ,militarmente más poderoso de la  tierra  y no  se trata de una guerra  convencional lo que está en juego,  sino  una devastación total  con armas atómicas que las  de Hiroshima y  Nagasaki fueron un mero ensayo minúsculo del Armagedón que pudiera desatarse con una simple orden irresponsable  del inquieto  y temperamental  vecino de la Casa Blanca.

Así las cosas más vale no perder  el sueño y esperar que sean los  propios norteamericanos  los  que  enderecen el entuerto creado por  ellos cuando  eligieron con sus votos   al Presidente  Donald Trump para que dirigiera el destino de su país.

Trump  jugó  por las reglas del sistema electoral  de Estados Unidos  y con ellas  ganó limpiamente  las  elecciones  presidenciales. Si ahora hay  problemas con  Trump ese problema  es  de los  norteamericanos que lo eligieron presidente  de su país, aunque si  las cosas  salen  mal todos pagaremos  las consecuencias.

La ignorancia  es audaz y peligrosa. Y más aún cuando el elegido para  regir  el destino de la nación más poderosa  del mundo   está  montado en una bestia  que tiene colmillos  atómicos.

Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.

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