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   “Casi todo anda revuelto”, es la oración de orden cuando hablamos de Cuba, sus cubanos de la isla y los de la emigración, en sus relaciones entre sí sobre todo con  los de dentro de Estados Unidos. No se trata de hacer largos recuentos ni historias conocidas por la inmensa mayoría. Los momentos de mayor éxito, al menos para muchos de nosotros, fue la primera mitad de la década de los noventa. Eran otros los motivos, las alianzas, los respetuosos actos de unas y otras organizaciones que revestían esa etapa sobre Cuba, para hacer sentir que esa parte de la diáspora, que no era ni es uniforme, sí que la guiaba  una ilusión y un punto legitimo y  convergente, Cuba como nación.

Nunca he sentido inclinación por el protagonismo, ya que esto lleva intrínseca una especie de lucha interna que no es saludable para la causa de todos cuando se trata de afincar, juntos a los hermanos de isla, la soberanía de la nación de origen,  que por cierto sigo con la tesis de que esta es obligación de todos, los de allá y los  de acá, por igual. Solo se podrían exceptuar los agoreros, los batistianos y sus descendientes y los contrarrevolucionarios del mal. Hoy más que siempre se siente la orquestada reacción y presión de los enemigos del pueblo cubano en estas áreas. Y como siempre sus lidercillos – Marco Rubio, Curbelo y compañía – no pueden arrastrar adeptos,  solo cómplices.

Recientemente tuve la oportunidad y el gusto de leer un comentario del compañero,  amigo y colega Lorenzo Gonzalo, “Oportunidad preterida”, junto a otros similares,  sobre temas escabrosos donde y  donde y cuando no  se acostumbra  a vincularse frecuentemente esta parte de la emigración que convivimos dentro del gueto y su prensa.  Siempre he sentido particular admiración por temas que se tratan con valentía y honestidad y sin algún temor a algo que subrepticiamente pudiera desencadenarse, ya que comentarios como el de marras no lo busca.   En este caso la justicia prevalece por todo el comentario de Gonzalo y gana en valor cuando no se rebaja a conquistar adeptos sino a educar, como lo es el fin que persigue  de ese artículo.

No es uno solo el que se me ha acercado para compartir esta conversación que tuvo el amigo y colega con todos los que le  leemos, porque fue eso,  una charla entre compañeros de lucha pro Cuba y no otra cosa, con la cual nos identificamos, así como que alguno que otro discrepante pudiera manifestar su desacuerdo ya que una opinión no podría calificar por entero a un comportamiento total.

Lorenzo agarró el rábano por las hojas y sin titubear brindó absolutamente su modo de pensar en el tema algo álgido como es el de una emigración muy  heterogénea que nos gastamos, donde cada cual tiene una historia distinta vivida que contar. Aquí nada está uniformado, al menos entre los legítimos emigrados. El enemigo, por el contrario, solo tiene una línea de acción radical y funesta para concursar por la verdad y claro está tiene siempre la batalla perdida. Por lo que no debemos imitar esos fracasados intentos de los totalitarios.

Gracias doy al amigo que supo ponerle puntos  la íes y proclamar parte de la historia que vivió y aún lo hace esta parte de los emigrados cubanos en esta nación. Siguiendo de cerca sus palabras, se acerca la etapa de otra de las reuniones de “La nación y la emigración (en Estados Unidos), que se planea realizarla en la Embajada criolla en la capital, Washington D.C. el día 28 de  este mes. Allí se reunirán cubanos de todas partes del país donde residen hoy, con representante oficiales de Cuba. La Alianza Martiana estará representada, como es costumbre, por un grupo de compañeros invitados al evento.  Esperamos que como siempre, la participación de nuestros colegas, esté a la altura del importante evento.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís Ávila.

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Viva cuba libre!