Bruno, cuarto bate, jonroneó en la ONU

 

 

   

Bruno Rodríguez Parrilla, miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, presenta el informe 69/5 Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba, en la sede de la cancillería cubana, en La Habana, el 15 de septiembre de 2015. AIN FOTO/Roberto MOREJÓN RODRÍGUEZ/sdl

Bruno Rodríguez Parrilla

Respecto a Cuba, Miami siempre apuesta a las jugadas del equipo de Washington.  Pierden seguido y mientras más sucias sean las jugadas que haga este equipo, más aplauden. Y el día primero de noviembre hubo juego. Si fuera béisbol, el estadio se llamaría Asamblea General ONU. Cuba contra EE.UU.  A la pelota que se juega en el Yankee Stadium de New York se le llama serie mundial, lo cual es falso, pues ningún equipo extranjero participa. Realmente es serie nacional. Pero a la que vamos a referirnos si es mundial.

    La serie lleva 26 años y los yanquis de Washington han perdido todos los juegos. No obstante, persisten en su estrategia. Los isleños, año tras año, le dan palos de todos colores. Les dan abajo y de un solo tajo, como decía en Cuba el narrador deportivo Bobby Salamanca. El cuarto bate cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, se llevó la cerca un montón de veces, sin nada que envidiarle a un Mickey Mantley, un Joe DiMaggio ni a un Babe Ruth.

     En este último juego los isleños terminaron con 181 carreras impulsadas. Los poderosos de Washington, solo dos tristes carreras. Si tuvieran honor deportivo, o cualquier otro tipo de honor, vergüenza debían sentir. Debían botar guate, bate y pelota y llorando pedir perdón a una audiencia que en todo el mundo aplaudía a los isleños.

     Pero la pateadura en realidad no fue en juego de pelota. Fue mucho más sería. Fue en la Asamblea General de las  Naciones Unidas, donde la representante estadounidense, sabiéndose de antemano perdedora en la votación, con prepotencia imperial y una total falta de respeto para los representantes del mundo allí reunidos, se atrevió a decir que aquello no era más que un teatro político. Desconozco si una obra de teatro ha triunfado por tantos años consecutivos en Broadway, sitio neoyorquino mundialmente famoso por sus teatros y también por sus impresionantes carteleras lumínicas, por su vida y gentío a toda hora, por donde me encanta pasear aún en las mañanas frías y siempre con asombro, mirando hacia todos lados como un guajiro de San Nicolás del Peladero,

    Teatro no hubo en la ONU el pasado primero de noviembre: sainete, farsa política fue lo que representó la joven estadounidense y el delegado de Israel, los únicos que votaron a favor de la política de bloqueo económico que hace más de medio siglo Estados Unidos mantiene sobre Cuba.

     Yo gocé la papeleta en Miami. Gocé en la tarde viendo a los noticieros que metían como avestruces la cabeza, pero no dentro de arena, sino dentro de sus muchas cloacas. Los dos noticieros de Telemundo, el que comienza a las seis de la tarde y el que le sigue a las seis y media, pasaron totalmente por alto el acontecimiento. En América Noticias, pusilánimamente se dijo que la ONU había votado contra el embargo, pero bien se guardaron dar la cifra de la votación mundial de 181 votos contra dos.

     Esa noche el dominicano Asa en su programa, al término de una de sus secciones anunció que en la próxima abordaría lo de la votación en Naciones Unidas, pero parece que le cogió miedo al perro muerto o lo llamaron por los auriculares y le ordenaron que ni se atreviera. Y él, aunque de extrema derecha, reaccionario, pero en realidad inteligente y con prestancia, perfectamente hubiera quedado bien con quienes le pagan diciendo con su tranquilidad habitual que el mundo entero está equivocado, que no saben lo que pasa en Cuba como lo tan bien sabe él y sus escogidos invitados y que al Castro que queda lo que hay es que apretarle más las clavijas.

     Me parece que en su hora Set Set también calló. Comencé a ver al Cao en “El espejo” y como no hizo alusión a que iba a tratar lo ocurrido en la Asamblea General de la ONU, sino a criticar lo de los yates que ahora desde Miami podrían navegar hasta Marina Hemingway, en La Habana, o a Varadero, cambié el canal. Salté del 12 al 656 y me trasladé a España y un rato después, una vez más, disfruté mucho con “El hormiguero,” genial programa de entretenimiento.

    En fin, Miami andaba con la cabeza metida en su cloaca habitual mientras en Cuba y en el mundo se aplaudía.

    Les habló, desde Miami, Nicolás Pérez Delgado.

Un comentario

Rogelio Diaz 2017-11-03 11:23:00

Nicolas,porque demoras tanto de un comentario a otro?


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Viva cuba libre!