Los ruidos, la vida y la Política

 

           

 

Estados Unidos no inventó el sonido, aunque ideó como manipularlo para convertirlo en categoría política, excusa para victimizar a sus diplomáticos en La Habana y de ese modo congelar los avances en la normalización de las relaciones entre ambos países. Otra cosa hizo Violeta Parra, que en inspirados versos instaló en la cultura universal algunas de las más bellas definiciones.  

“Gracias a la vida que me ha dado tanto / Me ha dado el sonido y el abecedario / Con él, las palabras que pienso y declaro/ Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando/ La ruta del alma del que estoy amando…”

Mediante sonidos, además del lenguaje se crearon la música, los instrumentos y aparatos musicales. Cuando es inarticulado, perjudicial o desagradable, al sonido suele llamarse ruido.

Además de sonidos moderados, los humanos generan ruidos derivados de la actividad industrial, el transporte, el entretenimiento y la miríada de acciones presentes en los entornos urbanos. El mayor ruido creado por la actividad humana y que fue medido se originó durante la explosión de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima y alcanzó los 200 decibeles.

No obstante, todo indica que existió uno mayor, debido a que en 1961 en el mar de Barents en el océano Ártico, la Unión Soviética detonó la bomba de hidrogeno Zar con una potencia de 50 megatones (50 millones de toneladas de TNT), tres mil veces mayor a la utilizada sobre Hiroshima y cuyo ruido al parecer no fue medido.  

En la naturaleza, desde que existen registros, el ruido más grande se escuchó el 27 de agosto de 1883, durante la erupción del volcán Krakatoa en la isla del mismo nombre en el océano Indico. La explosión equivalente a 100 megatones (cien millones de toneladas de TNT) generó 180 decibeles y se escuchó a 5.000 kilómetros de distancia y mediante instrumentos a más de diez mil.

Aunque existen distintos rankin y criterios, entre los lugares más ruidosos del mundo figuran las ciudades de Cantón, Nueva Delhi, El Cairo, Estambul, Nueva York, Buenos Aires, Ciudad México y otras urbes. Entre los países escandalosos, las palmas parecen ser para Japón y España y entre las industrias las acerías, las antiguas plantas textiles y las construcciones. Entre los colectivos humanos que más suenan figuran los grupos de niños, los aficionados al futbol, los jugadores de dominó y las bandas de rock.

Por el contrario, entre los sitios más silenciosos se encuentran los desiertos de Atacama en Chile y Kalahari en Africa y las profundidades del Gran Cañón de Colorado. Cuentan que en el Parque Estatal Anza Borrego en California, el silencio es tan absoluto que da miedo.

Entre los sitios creados con fines científicos donde se ha alcanzado el silencio más absoluto figuran la Cámara Aneocoica en Minnesota, Estados Unidos, con capacidad para absorber el 99,9 de los sonidos. Según se afirma, después de 45 minutos en ella, las personas sufren alucinaciones y trastornos del equilibrio. La firma IBM cuenta con un laboratorio en Zúrich, Suiza dedicado a estudios y experimentos de nanotecnología donde el ruido no existe. La actividad humana más silenciosa es la lectura.  

Para comunicarse, mostrar jubilo, tristeza o dolor, aparearse o retarse, los animales utilizan sonidos. El más ruidoso de ellos es la ballena azul, entre las aves una especie de pájaro carpintero, de los cuadrúpedos el elefante, de los felinos el león y entre los anfibios la rana coqui. De los insectos ninguno supera a las cigarras y los grillos. Las cigüeñas, una de las pocas aves mudas, producen un intenso ruido que recuerda a las castañuelas del flamenco, llamado “crotoreo” al chocar las partes inferior y superior de su pico.

El grito humano más famoso puede ser el de Tarzán, personaje de ficción creado en 1912 por Edgar Rice Burroughs y el rugido más conocido el del león de la marca fílmica Metro-Goldwyn-Mayor. El más alegre, es el de un cascabel, excepto cuando proviene de una serpiente del mismo nombre. Los más sacros son las campanas que llaman a misa, doblan por los muertos y celebran la natividad. Entre los musulmanes ada̅n (oír) es la llamada a la oración emitida desde minaretes.

El hombre habla, canta, reza y produce, los niños lloran y ríen. La vida es inconcebible sin sonidos y ruidos a los cuales están adaptados los oídos de todas las criaturas. Los pájaros cantan, los perros ladran, los pollos pian y cacarean las gallinas, mientras los gatos maúllan y los leones rugen. Los caballos relinchan, las vacas mugen, los asnos rebuznan, a su vez, las abejas, mosquitos, moscas y avispas zumban. Los búhos y lechuzas ululan, mientras los cuervos, gansos, y buitres, graznan.

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Entre tantos sonidos, ruidos y contaminación sonora, las personas trabajan, se divierten y son felices. Por enigmáticas razones en La Habana oficiales de inteligencia adscriptos a la embajada de Estados Unidos dijeron sentirse enfermos. Tal vez lo imaginaron, lo exageraron o lo inventaron. Nadie más ha sido lastimado en La Habana que magnifica y ruidosa espera su regreso. Allá nos vemos.

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El presente artículo fue escrito para el diario Por esto. Al reproducirlo citar la fuente   

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