Cuba, las mejores opciones

 

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         Fidel por siempre

Con Trump y Marcos Rubio, sin ellos, a pesar de ellos, incluso contra ellos, la profundización, ampliación, y aceleramiento de las reformas no solo son las mejores opciones para Cuba, sino las únicas. Parece obvio que para realizar un vasto programa de reformas económicas, se requiere el respaldo de equivalentes políticos.  

La conclusión de Fidel Castro acerca de que “el modelo económico no funcionaba”, y la afirmación del presidente Raúl Castro de que “cambiamos o nos hundimos”, no son pronunciamientos económicos sino políticos.

La política es la parte de la estructura social y la dimensión desde donde se ejerce el poder, se realiza la dirección de la sociedad, se gestionan los asuntos públicos, y lo que es todavía más importante, desde donde se proponen los programas y las metas compartidas, y se construyen los consensos. Sin política no solo no son posibles los cambios a escala social, sino tampoco la unidad, y cohesión institucional y nacional.

El problema es que en Cuba no suele comprenderse que el modelo político y el ordenamiento institucional se originan en el mismo proceso y de las mismas fuentes que el modelo económico, y que como aquel están lejos de ser perfectos.

Las reformas políticas de las que Cuba esta urgida, por supuesto no conducen al desmontaje o al colapso del socialismo, sino que pueden ser los recursos para preservarlo, previendo que más adelante no ocurran tales fenómenos. La única manera de preservar el modelo político socialista es perfeccionarlo, y para ello se hace preciso “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, para lo cual, el primer paso es identificar los problemas estructurales y funcionales existentes. En ello el examen crítico de la experiencia soviética puede ser de utilidad.

Lo que hace socialista al modelo no es la forma como se administra, sino como se gobierna, no como se produce, sino como se distribuye. La propiedad de las empresas y el régimen de tenencia de la tierra no determina el carácter del estado y la naturaleza del poder, sino a la inversa.

La Unión Soviética, un proceso que tuvo un origen y una proyección inequívocamente revolucionaria, donde el socialismo debutó como entidad estatal y fue preciso construir una nueva institucionalidad; degeneró y finalmente colapsó no por su economía, sino por su incapacidad para auto renovarse, e introducir sucesiva y paulatinamente medidas para perfeccionar el modelo político.

Los déficits de democracia, presentes incluso en momentos de trascendentales éxitos económicos, permitieron que, incluso contra la opinión de Lenin, Stalin se apoderara del poder, y gobernara arbitrariamente durante treinta años.

El hecho de que a lo largo de setenta años el Partido Comunista y el estado soviético fueran incapaces de introducir reformas para perfeccionar el sistema, el salvar al socialismo no es consecuencia de malos manejos, sino la causa de ellos. Allá nos vemos.

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Viva cuba libre!