Además de megalómano  un  incapaz  cartógrafo a conveniencia.

       

   Entre todas las atribuciones que el presidente Donald Trump con su complejo superioridad, llega ahora a tratar de cambiar la geografía del país. “Encoger” los monumentos y parques nacionales están entre sus arrebatos y disparates y se encuentran las de declarar menos tierras a los parques nacionales de Utah y reducir así mismo esos monumentos históricos naturales. Un ejemplo clásico de estas locuras es la reducción en el 85 % de las tierras que han estado dedicadas a esos otrora grandes extensiones de espacios naturales en se incluyen lagos, llanos, ríos, praderas, montañas, montes, etc..

Estos lugares históricos que fueron ratificados por presidentes anteriores, como Bill Clinton en 1996 y Barack Obama en  2016, ahora se expone a reducciones de caprichos de este nuevo enmendador de la geografía. Se encuentran en riesgo unos 1.350 millones de acres, sagrados por el tiempo y su historia, que desde 1906 en el Acta de Antigüedades, se le otorga al presidente el cuidado estos lugares y   han perdurado en los anales históricos.

Espacios históricos como en Lake City, están en la mira de este anti presidenciable sujeto de marras. En total sus aspiraciones para modificar la geografía histórica llegan a tener en la mira nada menos que 27 Monumentos Nacionales.

Todo está en función a hacer añicos asuntos relacionados por el último presidente demócrata Obama, donde y cuando en su mandato se regularon y expandieron estos lugares de la historia estadounidense. Solo basta que provengan de Obama, para que cualquier hecho se convierta en vulnerable para su desmerengamiento trumpista.

Las razones y convenientes resultados de estas cosas serán objeto de futuros comentarios, pero como adelanto les traslado algunas causas de estos movimientos presidenciales: Petróleo y gas.

Las zonas conocidas del Monte Olimpo por Orejas de Osos (Bears Ears) que muestran un gran extensión en Utah, son parte de las dianas en las miras de los arrasadores de la historia que dirige Trump.

 

Recordando cosas que son ya parte del pasado reciente o lejano, casi siempre se hacen en este mes de diciembre como para revisar lo ocurrido y tratar de mejorar nuestras existencias en el próximo periodo, 2018, en nuestro caso del calendario romano.

Recientemente vi un documental, “Un camarógrafo en Cuba” que trata sobre una estadía y recorridos por un cineasta  estadounidense en la isla en ocasiones de visitas cada quinquenio aproximadamente desde 1960, cuando acompañó el líder cubano a la sede de la ONU.

En este trabajo fílmico se muestran las visitas realizadas por este cineasta desde su comienzo hasta sus últimos momentos donde y cuando entrevista al líder cubano en sus finales tiempos de descanso por razones de salud y cuando ya el General Raúl Castro estaba ya al frente de Cuba.  En este última parte del documental, vemos a nuestro Fidel ya anciano, delgado y con su histórica barba entonces blanca, en franca y cariñosa  conversación con el documentalista  Jon Alperd,  rememorando décadas atrás en entrevistas similares.

Este cineasta visitó en variadas oportunidades la isla  e incluyó en este trabajo  la última vez que le visitó en su hora de enfermo, al cual le despide con un beso en la mejilla finalizando este emotivo documental cuando depositó flores en la tumba de sus amigos, los tres ancianos cubanos que le siguieron todo el tiempo en su historia fílmica y que no pudo despedir en esa última vista por ya haber fallecido.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís Ávila

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Viva cuba libre!