Pelota desconocida en el Hotel Nacional

 

 

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                Hotel Nacional de Cuba

¿Cuántos fanáticos conocen que  en el año 1935 el Hotel Nacional poseía un estadio de pelota en Infanta y 23? Pues así era. Éste y otros relevantes hechos relacionados con el deporte escaparon del excelente, ameno y bien documentado libro escrito por Luis Baez y Pedro de la Hoz bajo el título Hotel Nacional. Relaciones de una leyenda, hechos que harían todavía más notable la historia del emblemático hotel cubano, declarado Memoria del Mundo por la UNESCO.

    De ellos supe por casualidad, durante mi última visita a La Habana al encontrarme con un amigo que hacía casi medio siglo no veía: Carli le decíamos en los tiempos en que éramos muchachos en el Reparto Carlos Manuel, en la ciudad de Pinar del Río. Su nombre: Oscar Fernández Flores, médico nefrólogo que debido a su pasión por la pelota un día abandonó la profesión para convertirse a tiempo completo en investigador del deporte del guante, la pelota y el bate.

    Su memoria causa asombro. Recuerdo cuando íbamos a presentarnos a los exámenes para ingresar al Instituto de Segunda Enseñanza. Creo recordar que cincuenta o más eran los problemas en la asignatura de matemáticas. Yo, con el libro abierto en la mano, pensando que tendría que fallar en algo, le decía: “Carli, dime el problema treinta y nueve.” y él daba el enunciado y recitaba cada cifra que había que ir colocando en multiplicaciones, sumas, restas, divisiones y tantos por cientos. Lo mismo ocurría si preguntaba por el problema doce o el cuarenta y cuatro.

     Este doctor ha dedicados años a investigar sobre la pelota, incluso pelotero por pelotero, del que puede narrar hasta sus scores. Ha aparecido en programas televisivos como “Bola viva,” “El beisbol de siempre” y ha dado conferencias en Cuba Visión Internacional. Documentalistas deportivos extranjeros lo han entrevistado sobre el beisbol negro en Cuba y los Estados Unidos, el Gran Estadio de La Habana y las series del Caribe, entre otros temas. Ni el Cementerio de Colón escapa a sus exactos conocimientos, donde también ha ofrecido conferencias, pues desenterró la relación de las 135 personalidades del beisbol cubano que entre los años 1880 y el 2016 han sepultado allí, tales como Adolfo Luque, Miguel Ángel González y José Méndez Baéz, llamado este último, el diamante negro, tres que recuerdo de la larga lista que me enumeró y a la que yo agregué con su total consentimiento a Bobby Salamanca, mi socio en los periódicos Hoy y Granma, pues debo reconocer que desde que desapareció el club Almendares con su cuarto bate Roberto Ortiz, del que era fanático, en pelota me hice ignorante casi completo.

     En el Hotel Nacional no solo se reunió la mafia italo-norteamericana. Fue sitio de combate a bala apenas triunfó la revolución del año 33, de importantes reuniones internacionales, sus suites han acogido destacadas figuras del cine, la música, los negocios y la ciencia, a jefes de Estados y monarcas europeos. Ubicado en lo alto de una pequeña colina frente al Mar Caribe, rica es su historia, como tan bien recogen Baez y de la Hoz en un libro que interesa más allá de la órbita nacional cubana.

    Lo que no se reveló fue que este hotel también resultó destacado escenario para el deporte, según información que atesora el doctor Oscar Fernández Flores. Si los autores de Relaciones de una leyenda lo hubieran conocido seguro que hubieran revelado los eventos sobre beisbol que allí tuvieron lugar. Pero Carli, aunque todo un erudito, es extremadamente modesto; no busca darse a conocer y no le anda detrás a nadie.

     Posee pruebas, hasta hoy públicamente olvidadas, de que en los días 21 y 22 del mes de agosto de 1948, en las suites 711 y 713 del Hotel Nacional tuvo lugar la Segunda Convención Nacional de Beisbol Profesional del Caribe, donde se ratificó la creación de la Confederación del Beisbol Profesional de la región que, semanas atrás, el 8 y 9 de abril, se había analizado en el Hotel Sevilla. El Nacional también fue sede para la reunión que definitivamente creó la Pequeña Serie Mundial del Caribe que se efectuaría anualmente entre los equipos ganadores de las Ligas Invernales del beisbol profesional: Puerto Rico, Venezuela, Panamá y Cuba.

     También allí se acordó que la primera Serie del Caribe se jugaría en La Habana entre el 20 y el 26 de febrero de 1949. Series que rotarían anualmente entre los cuatro países participantes.

     También resulta interesante que en 1935 el Hotel Nacional dispusiera de un estadio de pelota en Infanta y 23. Algo que parece inusual en hoteles. El nefrólogo-investigador tiene las pruebas de lo anteriormente expuesto y de mucho más, conoce dónde están documentos, informaciones periodísticas y, por ejemplo, las fotos de la reunión donde se ratificó la Confederación del Beisbol Profesional del Caribe en las suites 711 y 713 del hotel.

    ¿Vale o no vale que el hotel recoja en la interesante exhibición de fotos históricas que tiene a su entrada hechos como estos, de valor no solo para el hotel, sino para el deporte cubano, regional y mundial?

    Oscar se ha entrevistado en dos o tres ocasiones, sin el más mínimo afán de lucro de su parte, con no recuerdo qué funcionaria del Nacional, quien le ha dicho que les interesa lo que les participa, pero que por el momento no es prioridad

    Cabe la pregunta: ¿cuándo va a ser prioridad? Más cuando no constituiría nada oneroso para el hotel mostrar estos desconocidos e interesantes acontecimientos de un deporte que tanta pasión causa en la región, sobre todo en Cuba y los Estados Unidos y que hoy se ha expandido a países lejanos, por ejemplo, Japón u Holanda.  

    Sin dudas, mi viejo amigo Carli debe dejar a un lado su inveterada modestia y hacer contacto directo con el director del Nacional o con Eusebio Leal. Estoy seguro que el hotel enriquecería aún más su historia con los valiosos conocimientos que posee sobre el tema.

    El lector imaginará la alegría de este cronista al encontrarse con su viejo y querido amigo de los tiempos de la niñez. Recordó a su hermana, Mecho, como le decíamos, que estudió derecho, y a su hermano mayor, a quien llamábamos El Lento. Entre la muchachada, El Lento era todo un personaje. Era alto, desgarbado, pitcher amateur que en los años sesenta en México ayudó al desarrollo del deporte del guante, la pelota y el bate.

    La pasión de este médico e investigador por la pelota parece pertenecer a incógnitas de la sangre familiar cuyo penúltimo eslabón fue El Lento. Sería lindo y valioso que el Hotel Nacional aprovechara sus conocimientos, los cuales causan interés por su riqueza y exactitud (y no solo los relacionados con el tan célebre Hotel). Incluso el doctor  Oscar Fernández Flores –siempre Carli para mí– no vive lejos –ya no en el pinareño reparto Carlos Manuel–, sino en la calle 27 del Vedado, cerca de la Plaza de la Revolución, no a demasiadas cuadras del Hotel Nacional.

     Les habló, desde Miami, Nicolás Pérez Delgado.

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