Durante medio siglo Estados Unidos ha impuesto a Cuba un bloqueo económico, comercial, financiero, científico y cultural, que conllevó a la exclusión de la Isla de los organismos económicos y financieros internacionales y de los esquemas de colaboración, cooperación e integración concebidos en América Latina.

El advenimiento del siglo XXI significó un cambio trascendental en el entorno político latinoamericano iniciado con la elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela (1999) y el auge de la izquierda latinoamericana que aisló a Estados Unidos y forzó el cambio de política hacia Cuba.

Como parte de esos procesos la solidaridad regional, la concertación política y la integración económica se incorporaron al discurso político latinoamericano que impulsados por el dinamismo y los recursos aportados por el presidente Chávez y la capacidad de convocatoria de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro, crearon un ambiente propicio para el surgimiento de entidades como UNASUR, PETROCARIBE y Alianza Bolivariana Para los Pueblos de América (ALBA).

En ese período las principales contiendas políticas, se concentraron en la lucha por poner fin al aislamiento de Cuba, impedir que se consumara la propuesta norteamericana de un tratado de libre comercio para el continente (ALCA), promover la resistencia frente a los golpes de estado en Paraguay y Honduras, así como en concretar la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Las confrontaciones internas y externas en los diferentes países, particularmente intensas en Venezuela, unido a la crisis económica y su drástico reflejo en América Latina, impidieron que los procesos de integración económica avanzaran ostensiblemente.

Si bien el ALCA fue derrotada, no se pudo impulsar un proyecto análogo de factura latinoamericana. La idea de un Tratado de Libre Comercio de los Pueblos esbozada con el nacimiento del ALBA y que hubiera sido particularmente importante para Cuba, no avanzó significativamente.

En tales circunstancias, como parte de las reformas en su economía, en la lucha contra el bloqueo, mientras no sea posible avanzar en la integración económica regional, para Cuba parece conveniente la promoción de acuerdos de libre comercio bilaterales con países que faciliten el acceso a mercados cercanos como los de México, Sudamérica y Centro América y el Caribe, para no hablar de China, Rusia y la Unión Europea con actitudes comerciales positivas.

Sin embargo, no se percibe que la promoción de acuerdos de este carácter, forme parte de las prioridades de la doctrina económica cubana y de su política exterior. ¿Por qué será? En cualquier caso, el libre comercio es un antídoto perfecto contra el bloqueo.

Habrá que indagar en el asunto, convocar a la elaboración de ideas, y la promoción de iniciativas que faciliten el despegue económico cubano, hagan atractiva la economía nacional para inversionistas foráneos medianos y pequeños y permitan la participación del sector no estatal en el comercio exterior, todo lo cual es asimilables a las escalas de la economía cubana.

Un buen comienzo sería trabajar para convertir el ALBA-TCP en una zona de libre comercio. Allá nos vemos.