CUBA-EU.- Participación de Cuba en la Guerra de independencia de las Trece Colonias

AmericanRevolutionYorktown

 

Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”

Diplomado de Relaciones Internacionales

CUBA-EU.- Participación de Cuba en la Guerra de independencia de las Trece Colonias

GRUPO EL HERALDO

sarahnes@cubarte.cult.cu

“LA SENSACIÓN DE CUMPLIR CON EL MÁS SAGRADO DE LOS DEBERES,

LUCHAR CONTRA EL IMPERIALISMO DONDEQUIERA QUE ESTÉ”

CHE

Profesor: DrC Néstor García Iturbe

Autor: MsC Fernando Luis Tió Aguiar

Introducción

Habitualmente las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, se han enmarcado en la persistencia del primero por poseer (desde su surgimiento como nación) y decidir los destinos de nuestro país; y con ello los de América, como su patio trasero; y la voluntad de los isleños de ser soberanos e independientes.

No obstante, existen acontecimientos poco abordados de las relaciones entre ambas naciones, con un matiz bien diferente y que el “gran imperio” ha borrado de su historia: la participación activa, multilateral y determinante de Cuba en la Guerra de Independencia de las Trece Colonias contra el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Los antecedentes históricos de estos sucesos están en la Guerra de los “Siete Años”[1], donde se enfrentaban Francia y la Gran Bretaña; la entrada de España en la misma y la toma de La Habana por los ingleses entre agosto de 1762 y julio de 1763; los que crearon sentimientos de solidaridad entre los criollos que apoyaron el grito de independencia de las colonias norteamericanas.

Los tratados de San Petersburgo, de París y la Paz de Hubertusburgo al finalizar la Guerra de los Siete Años, tienen como consecuencia la anexión a Gran Bretaña de Canadá, Bengala y la Florida, así como la devolución de la estratégica región cubana al dominio español a cambio de la Florida (hasta ese momento integrante de la gubernatura de Cuba). Mientras Francia en compensación traspasó a España la extensa Louisiana, que se vinculó administrativa, militar y comercialmente a La Habana.

Desde la década de los 60 del siglo XVIII, existían relaciones comerciales entre la oligarquía de la isla y comerciantes norteños: las mieles cubanas eran empleadas en 30 destilerías en Rhode Island, a cambio de cargamentos de esclavos provenientes de África. En esa época la producción azucarera de la isla superaba las ciento cincuenta mil toneladas anuales.

Estos nexos tuvieron una expresión política en el hecho de que las principales figuras implicadas en ese intercambio, serían factores claves en el financiamiento, aprovisionamiento, espionaje y otras formas de apoyo al movimiento independentista del Norte.

Desarrollo

En lo comercial

Entre la oligarquía habanera y los comerciantes de las Trece Colonias se establecieron estrechos nexos de intercambio comercial. En 1764 Inglaterra pone en vigor la SugarDutiesAct, una de cuyas consecuencias era cortar el comercio de mieles con las Antillas hispanas y francesas. Situación que originó el inicio del conflicto entre los productores de ron norteamericanos y el gobierno inglés.

Esto fue reconocido por el segundo presidente de los Estados Unidos, John Adams al expresar: “Yo no sé por qué nosotros deberíamos sonrojarnos para confesar que la melaza fue un ingrediente esencial de América (Estados Unidos)”[2].

En el orden económico, se resquebrajaba la anterior estructura comercial en el Caribe, convirtiéndose el azúcar en el motor impulsor de la producción cubana orientada al Norte y deshabitaba el comercio con el Sur.

Mientras que en lo político, las principales figuras implicadas en ese intercambio, serían claves en el financiamiento, aprovisionamiento, espionaje y otras formas de apoyo al movimiento independentista de Norteamérica.

Durante toda la contienda independentista norteamericana, el español de padres franceses y desde pequeño residente en Cuba Juan de Miralles (activo espía al servicio de la corona española) junto a Robert Morris (considerado el cerebro financiero de la guerra de independencia de las Trece Colonias), crearon en 1978 una amplia red de abastecimiento de vituallas, armas y medicinas, canalizada a través de la Louisiana y por una ruta naval entre La Habana y Filadelfia.

Tal fue el papel jugado por Juan de Miralles que sería uno de los hombres más admirados por George Washington, a tal punto que, por voluntad del propio líder norteamericano, fallecería en su casa en Morristown, Nueva Jersey, el 28 de abril de 1780, atendido por su esposa y médico personal, víctima de una mortal enfermedad.

Al ocurrir su deceso, Washington ordenó que se le rindieran honores militares y en sus funerales participaron además del futuro primer presidente de los Estados Unidos, LaFayette, Hamilton, Morris y otros importantes líderes norteamericanos y oficiales franceses. “En este país se le quería universalmente y del mismo modo será lamentada su muerte”, expresó Washington ante la desaparición física de Miralles[3].

En lo militar

En La Habana fueron reparados, artillados y equipados los buques de guerra norteamericanos; desde esta urbe partieron expediciones de ayuda a la guerra y a ella fueron destinados millares de prisioneros ingleses.

En nuestro país se reclutaron y prepararon milicias de blancos, pardos y negros que participaron posteriormente en la contienda al mando de los Generales del Ejército español Bernardo de Gálvez y Gallardo (mexicano) y José Manuel de Cajigal y Monserrate (cubano).

El creciente y evidente apoyo español a los rebeldes norteamericanos, provocó la declaración de guerra. En agosto de 1779 Bernardo de Gálvez avanza sobre la Florida, con un ejército conformado en buena medida por elementos del Regimiento de Fijos y de los batallones de Pardos y Morenos de La Habana. Vence en Manchac, Panmure, Baton Rouge y Mobile; mientras que en febrero de 1781 sitia el enclave de Pensacola, considerado el punto más fuerte de los ingleses en la costa antillana de Norteamérica.

Esta última victoria es alcanzada, por la decisiva participación del General José Manuel de Cajigal, de su mariscal de campo el entonces Teniente Coronel Francisco de Miranda (venezolano) “Precursor de la Independencia de América Latina y sus hombres (cubanos), quienes entran primero en la ciudad. Con ello se logró controlar el cauce del río Mississippi, garantizar la vía de suministros a los rebeldes en barcos españoles, franceses, habaneros y norteamericanos, así como evitó que los ingleses cercaran por el oeste a los ejércitos independentistas.

Como resultado de esta victoria se logró además, exacerbar el enfrentamiento de las tribus indias contra los ingleses; desvertebrar la ruta del canal de las Bahamas; desaparecer las posesiones inglesas en la costa antillana de Norteamérica y del Golfo de México, así como disminuir la capacidad operacional de sus fuerzas.

José Manuel de Cajigal por su destacada participación en estas acciones, es nombrado en mayo de 1781 gobernador interino de la Isla de Cuba (primero en lograrlo). Cajigal en abril de 1782 al frente de dos mil milicianos habaneros derrota a las tropas británicas en Las Bahamas e impide las intenciones del Almirante inglés Rodney de desembarcar en La Habana y rememorar la afrenta de 1762.

Por otra parte, Cajigal fue de los pocos extranjeros invitados, años más tarde, a la casa de George Washington para las exequias fúnebres (1799) cuando murió el Padre de la Patria estadounidense.

En lo financiero

Si las acciones militares y de abastecimiento material, fueron de gran valía para el desarrollo de la contienda independentista norteamericana, la ayuda financiera fue determinante en su desenlace final.

Entre finales de 1870 y mediados de 1871 las tropas al mando de general George Washington y las subordinadas al general francés Jean Batiste de Vimeur, Conde de Rochambeau habían quedado sin recursos, para sufragar un golpe definitivo sobre los ingleses en Yorktown. La situación era tal, que las tropas podrían desmoralizarse, porque entre otras cosas, llevaban tiempo sin percibir salarios.

Artículos sobre el tema coinciden en estos sucesos: “En el año 1780, el Almirante François Joseph Paul De Grasse, al mando de una flota francesa se dirigía hacia las colonias inglesas para llevar ayuda a las tropas de Washington y a las francesas que se encontraban combatiendo. La flota hizo una parada en Haití para cargar provisiones y buscar apoyo financiero.

En aquellos momentos Haití era una de las colonias francesas donde existía mayor riqueza, como consecuencia de la industria azucarera que poseía. Los franceses residentes en Haití se negaron a entregar dinero para la causa de los revolucionarios, aduciendo que no lo tenían.

Estando la flota en Haití se recibió un mensaje del General Jean Baptiste de Rochambeau, Comandante de las fuerzas francesas aliadas a las que luchaban por la independencia contra Inglaterra. El mensaje de Rochambeau era claro y alarmante, el mismo manifestaba, “No voy a ocultarle que los seguidores de Washington están al quedarse sin recursos y que este no tendrá ni la mitad de las tropas que necesita para defender Virginia”

En el mensaje de Rochambeau se describía la desesperada situación económica que sufrían las tropas de los revolucionarios y la necesidad urgente de buscar financiamiento para las mismas, con el fin de que pudieran continuar combatiendo. Los barcos franceses continuaron viaje al puerto de La Habana, con el propósito de buscar toda la ayuda posible. Ya en Cuba, se efectuó una reunión con Francisco Miranda, al que se le explicó la situación y los pobres resultados obtenidos, por lo que este organizó una colecta de fondos para ayudar al ejército revolucionario.

Después de varias gestiones infructuosas, el jefe independentista a través de Robert Morris acude a Cajigal, el que encomienda a Francisco de Miranda para conocer los detalles de la situación; el que por sus simpatías en la isla, logra realizar una recaudación con la participación de autoridades eclesiásticas y gubernamentales, junto a sectores populares”.

Participación activa tuvieron damas de La Habana y Matanzas, las que además de recolectar dinero y subastar objetos de valor, donaron sus joyas. En total se reunió la cifra de un millón ochocientos mil pesos de ocho reales, los que sirvieron para pagar a las tropas norteamericanas y francesas, así como para cubrir los gastos logísticos necesarios.

Esto unido al refuerzo de tropas habaneras y haitianas, propició el avance de Washington sobre Yorktown en la costa de Virginia, efectuándose el combate entre los días 6 y 19 de octubre de 1871, concluyendo con la rendición del general británico Cornwallis.Aunque este no fue el final de la Guerra, esta victoria dejó expedito el camino de la independencia.

La capitulación de Gran Bretaña mediante el tratado de París se produce el 3 de septiembre de 1873 y es ratificada por el Congreso de los Estados Unidos el 15 de noviembre de 1874, poniéndose fin a la Guerra de Independencia de las Trece Colonias.

Otro ejemplo de ayuda financiera de cubanos al proceso independentista norteamericano, está recogido en artículo publicado por el DrC Néstor García Iturbe el 31.7.2015, donde refiere “Hace algunos años CUBA-L publicó un trabajo donde se mencionaban algunos cubanos que habían realizado préstamos a los revolucionarios norteños durante la contienda contra Inglaterra. El listado ordenado de mayor contribución a menor, es el siguiente:

1. Juan Patrón (608 mil)

2. Manuel Quintanilla (600 mil)

3. José Manuel López (320 mil)

4. Tomás de Evia (264 mil)

5. Juan Hogan (240 mil)

6. Francisco del Corral (200 mil)

7. Lorenzo Quintana (200 mil)

8. Manuel Esteban (200 mil)

9. Carlos Testona (168 mil)

10. José Olazaval (160 mil)

11. Pedro Valverde (160 mil)

12. Rafael Medina (160 mil)

13. FerneroBrothers(160 mil)

14. Pablo Serra (160 mil)

15. José Feu (160 mil)

16. Miguel Ibañez (112 mil)

17. Pedro Figuerola (80 mil)

18. Doña Barbara Santa Cruz (80 mil)

19. Jaime Boloix (80 mil)

20. Pedro Peraza (64 mil)

21. Pedro Martin de Leiba (64 mil)

22. Juan Dios de Muñoz (48 mil)

23. Bartolomé de Castro (48 mil)

24. Francisco del Corral (48 mil)

25. Francisco Asbert (48 mil)

26. Nicolás Varela (48 mil)

27. Cristóbal de Nis(24 mil)

28. Cristoval Murillo (16 mil)

Total: 4 millones 520 mil

Conclusiones

Agradezco con inmensa humildad, el habérseme posibilitado profundizar en un capítulo de nuestra historia y de las relaciones bilaterales con los Estados Unidos, desconocido para mí.

Las pugnas entre potencias colonialistas por el dominio de las riquezas y comercio mundiales, siempre ha sido motivo de contiendas militares. La Guerra de los Siete Años, que nos involucró como colonia española, no escapa a ello; constituyendo la base de simpatías y relaciones entre los isleños y las colonias inglesas en el norte atlántico de nuestro continente.

Los artículos consultados, develan una realidad, que sin demeritar el desempeño de los patriotas norteamericanos y las tropas francesas en la independencia de las Trece Colonias de la corona inglesa, muestra que sin la participación cubana (por demás amplia y efectiva) hubiera sido imposible lograr la misma, en primer lugar por su cercanía geográfica y en segundo lugar por los vínculos comerciales históricos a espalda de la metrópoli anglosajona.

Aunque predecir el curso de la historia y de las relaciones entre países, es bien difícil y solo está destinados para hombres como nuestro eterno Comandante en Jefe; cabría preguntarse ¿La apetencia de la naciente nación norteamericana, hubiera sido modificada, de haber vivido Juan de Miralles en la época presidencial de George Washington?¿Cómo se proyectarían las relaciones entre ambas naciones?

La adulteración de los hechos históricos, ha constituido una herramienta de dominación y de subversión ideológica, de las grandes potencias contra las naciones objeto de su ambición desmedida.

Es por ello que la omisión intencionada (o mal intencionada) de la participación española y cubana en la Guerra de Independencia de las Trece Colonias, en la Reseña de la historia de los Estados Unidos que como “servicio cultural e informativo de los Estados Unidos” dan todas las representaciones diplomáticas de ese país en el mundo, y en contraposición el realce por todos los medios disponibles de su participación en nuestra contienda libertaria, muestra la verdadera esencia de los gobernantes de esa nación, desde sus padres fundadores.

Es por ello, que considero que como una arista más del diseño del enfrentamiento ideológico y como parte del fortalecimiento de la visión de unidad entre ambos pueblos, se hace necesario divulgar con diseños ajustados a estos tiempos y con el empleo de las nuevas tecnologías, la verdad histórica, para lograr despertar (como me sucedió a mí) la profundización de estos temas en nuestra juventud, como continuadora de la obra revolucionaria, en tiempos en que se arrecia el asedio imperial sobre nuestro proyecto y es un hecho la sucesión de la generación histórica hacia una nueva en la conducción de nuestro socialismo próspero y sostenible.

Bibliografía

Reseña de la historia de los Estados Unidos. Servicio cultural e informativo de los Estados Unidos de América. Marzo de 1994.

Eduardo Torres Cuevas y Oscar Loyola Vega. Historia de Cuba, 1492-1898, formación y liberación de la nación. Editorial Pueblo y Educación, 2001. Pág. 120-124.

Eduardo Torres Cuevas, “Lo que le debe la independencia de Estados Unidos a Cuba. Una ayuda olvidada”, en: En Busca de la Cubanidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006, T.1.

Ciro Bianchi Ross. “Una ayuda olvidada: Cuba tuvo importancia decisiva en la independencia de las Trece Colonias norteamericanas.” Juventud Rebelde. 23 de enero del 2010.

Elier Ramírez Cañedo. “Un auxilio silenciado: Cuba en la Independencia de los Estados Unidos”. 10 de julio de 2015.

Néstor García Iturbe. “Cubanos en la independencia de Estados Unidos”. 31 de julio de 2015.

Aleida Duran.“Damas Cubanas Donaron sus Joyas a George Washington. Su Contribución fue Decisiva para la Independencia de EE.UU”.

Ing. José A. Adán.“Cuba y su intervención en la independencia de los estados unidos de América”. www.amigospais-guaracabuya.org

Fernando Martínez Heredia. Ernesto Limia: “Cuba libre. La utopía secuestrada”. 13 de febrero de 2016.

[1] De un lado: Reino de Prusia, Reino de Gran Bretaña, Reino de Portugal; del otro: Reino de Francia, imperio Austriaco, imperio Ruso, Reino de España y Reino de Suecia Sajonia.

[2]Hugh Thomas. “Cuba: the pursuit of freedom, Haper & Row”. New York, 1971, pág. 66-67.

[3]Eduardo Torres Cuevas, “Lo que le debe la independencia de Estados Unidos a Cuba. Una ayuda olvidada”, en: En Busca de la Cubanidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006, T1, pág. 169.

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