Dólares para qué

 

                                                                    

 

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El dólar se universaliza como resultado de las condiciones existentes al aproximarse el final de la Segunda Guerra Mundial, en el año 1944. En aquel entonces, amén de la gran destrucción sufrida por Europa y del fortalecimiento de la economía estadounidense, impulsada por el auge de la producción armamentista, se sumaba al panorama mundial la capacidad petrolera de Estados Unidos de América, nación que, no sólo era la mayor productora sino la mayor exportadora. Con el propósito de establecer una estabilidad monetaria ante la destrucción existente, 44 naciones y 730 delegados se reunieron en 1944 en Bretton Woods, New Hampshire.

En aquella reunión los Estados Unidos insistieron que el sistema monetario se apoyase en las reservas de oro y dólar. Entonces el circulante más estable era el dólar debido a que el territorio continental de ese país, lejos de haber sufrido destrucción como consecuencia de la Guerra, había fortalecido sus condiciones económicas. Luego, en agosto de 1971, canceló unilateralmente la convertibilidad del dólar en base al oro.

 Como consecuencia, la solución cambiaria internacional más factible era disponer de un medio que sirviese a todos. Europa occidental, también destruida por los avatares del conflicto bélico, no tenía por qué disputar el dólar como moneda común en las transacciones transoceánicas puesto que el sistema cambiario dentro de sus naciones apenas funcionaba.

En pocos años, los países desarrollados o en vías de serlo, se sobrepusieron a la lenta producción que precedió a la Segunda Guerra Mundial. El desarrollo de la electrónica y la introducción de técnicas que disminuyeron los costos vertiginosamente, junto a una demanda extendida de mano de obra, contribuyeron a consolidar sus monedas internas. Las mismas adquirieron un valor real y a su vez nominal en dependencia de la sobreproducción o contracción de las demandas y ofertas de bienes.

Esa dinámica hizo que el dólar se convirtiese en un hijo de la demanda y la oferta como el resto de los medios cambiarios. Como su valor incide en los precios de importadores y exportadores, las diferentes monedas son objeto de una moderada manipulación, de acuerdo a las demandas y ofertas de cada una de ellas, pero siempre evitando excesos. Los chinos han sido maestros para administrar ese proceso decidiendo su valor cambiario frente al dólar con mucho cuidado para no entorpecer las transacciones bursátiles y mercantiles.

Estados Unidos protesta cuando china devalúa su moneda, pero no llega nunca a imponer mayores sanciones porque los chinos saben cómo manipular el cambio y hasta dónde pueden llegar en sus valoraciones del renmimbi de modo que si, efectivamente la mayoría de las veces es desfavorable en pequeña escala para Estados Unidos, sus

políticas monetarias no lleguen a afectar a la generalidad. De aquí que las protestas estadounidenses siempre caen en saco roto porque más nadie lo secunda, aun cuando TODOS tienen al dólar como patrón internacional. En ese proceso Estados Unidos, al margen de las políticas monetarias chinas y en menor medida de otras naciones, va perdiendo lentamente la paternidad sobre aquel hijo que nació en Bretton Woods, en medio del triunfalismo de una Guerra en la cual, por sus condiciones geográficas y una capacidad industrial que no tuvo necesidad de protegerse de ataques devastadores, floreció y se desarrolló a un ritmo nunca antes ni después previsto.

La tenencia del dólar como patrón facilita las gestiones internacionales de modo muy efectivo porque cada cuál sabe cuánto vale su moneda a la hora de comprar, vender o pedir prestado. En esto consiste su utilidad.

Si Cuba optara por quedarse con su moneda como lo hizo en los años noventa, y elimina el tercer circulante (el CUC) que, a ciencia cierta no está muy claro el propósito para lo cual fue creado o si dio el resultado esperado, las cosas seguirían nacionalmente como hasta ahora, pero la medición nacional será susceptible de una mejor evaluación y las transacciones internacionales adquirirían mayor credibilidad.

La posesión de una moneda nacional siempre me ha parecido más efectiva a los efectos de conducir la economía nacional de los países porque la producción, su eficiencia y los factores de demanda, oferta, precio y sobre todo competitividad entre los productores, es mucho más fácil de controlar y medir. De aquí que regresar a la dolarización no significa reemplazar una moneda por otra, con lo cual contribuiríamos a distorsionar el proceso interno de la producción en todas sus categorías, sino facilitar los convenios internacionales y ayudar a una mejor medición de la economía interna, la cual tendría que enfrentarse eventualmente a factores de competitividad, ayudando a su perfeccionamiento.

La dolarización de la economía cubana, como algunos incorrectamente la llamaron o la despenalización del dólar, iniciada en los años noventa, nunca consistió en reemplazar la moneda nacional por el dólar. Ni siquiera en época del CAME fue ocurrencia de los soviéticos reemplazar el comercio y las negociaciones económicas por una moneda única. Por consiguiente, regresar a los noventa es sólo otorgarle a nuestra moneda nacional su lugar en el desarrollo y crecimiento del país y dolarizar las operaciones internacionales es no sólo facilitarlas sino estimular la competitividad de las producciones nacionales, en cuyo proceso mejorará considerablemente su eficiencia.

Debido a las prohibiciones impuestas al Estado cubano por el Tesoro estadounidense para utilizar el dólar, muchas transacciones deberán continuar duplicando las operaciones.

No obstante, estas limitaciones, por elemental comprensión del comportamiento económico internacional, deberán cambiar en breves años porque, como bien señalamos, cada día el dólar escapa más del tutelaje paterno, debido al carácter universal adquirido bajo los cánones impuestos por la globalización de la economía y las transformaciones que van determinando modos económicos menos comerciales. Estos factores son una espada de Damocles que contribuye a la pérdida de la autoridad de Washington sobre dicho instrumento cambiario.

El dólar es una moneda que existe básicamente por sí sola y dejará de necesitar la tutela paterna en la medida que se intensifica la dinámica relacional cambiaria con las demás monedas, las cuales son en sí mismas, iguales y complementarias.

Es el hijo que creció, estudió, se fue de la casa, formó nuevo hogar y por mejores que sean las relaciones con uno, es un ente separado, único con su personalidad propia.

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Viva cuba libre!