Un fantasma me hace recular

 

    En mi crónica anterior me referí a una frasecita que sobre todo los cubanos de Miami repiten con aparente absoluto conocimiento y real prepotencia: “Este es el mejor país del mundo.”  Titulé la crónica El mundo es ansí y Miami dice disparates y referí importantes índices de niveles de vida en los que Estados Unidos queda mal parado al cotejarse no solo con otros países altamente desarrollados, sino también con Cuba, Costa Rica o el Líbano.

    Reculé pues todavía los fantasmas no me causan gracia alguna y hay uno que, atrapando almas, anda recorriendo Estados Unidos desde hace un año. Es el de Adolfo Hitler. Cuestión para asustarse. Y si la reencarnación existe, parece haberlo hecho en cuerpo y alma del presidente Trump que a diarios insiste en blanquear al país, expulsando o impidiendo que a él arriben más “no blancos.”

    Desconozco si los cubanos miamenses tienen consciencia de que ellos carecen de alcurnia para pertenecer a esa blanca y elegida raza: bien blanca, lindos, pelo claro, ojos azules, altos, dominantes, inteligencia de astronautas, (no de cosmonautas rusos). Trump considera decisión del Cielo el que seamos una raza inferior, simples spanich. El fantasma del alemán lo tenía bien poseído cuando osó decir lo que otros mandatarios hayan tal vez pensado, pero por tacto, inteligencia o política no expusieron a la luz pública.

     Dijo que  El Salvador, Haití y los países de África eran “países de mierda.” Dicho con esas precisas palabras. “Mierda” que, por supuesto, somos también cubanos, mexicanos, paraguayos, chinos, indios, árabes, eslavos…

    El presidente rechaza la suciedad de las razas que considera inferiores. Quiere solo raza blanca pura. Otras contaminarían la sangre estadounidense, divinamente creada para organizar y dirigir al mundo.

    Gracias a Dios o a la historia, el mundo no es el de los años 30 y 40 de siglo pasado. No hay una guerra mundial y resultaría imposible campos de concentración con cámaras de gases como la de Auschwitz, y ahora, con la tecnología actual, inventaría radiaciones que liquidarían en solo minutos de una sesión de trabajo mañanero a cientos de ancianos, hombres, mujeres, niños y discapacitado pertenecientes a razas inferiores. En la tarde vendría nueva masa de infelices hormigas para ser eliminadas antes del turno de la noche.

    Se ha dicho que al presidente de Estados Unidos no le interesen los libros, pero que ve mucha televisión y parece que en algún serial descubrió a los vikingos. Seguramente preguntó si existían o eran ficción. Algún asesor, o Melania, la esposa, le explicó quiénes fueron y quienes serían descendientes de esos guerreros y navegantes escandinavos. Trump, de inmediato, hizo un tiwtter donde se quejó por no recibir en su país más inmigrantes de Noruega, a los que con placer aceptaría.

    La agencia Reuters informó que Noruega, país del norte de Europa, respondió la gentileza de Trump a través de Torbjoern Saetre, prominente político del Partido Conservador, quien cortésmente dijo: “No, gracias. Muchas gracias.” A la vez, desde la vecina Suecia, Christian Christensen, profesor estadounidense en la Universidad de Estocolmo, explicó: “Por supuesto que a la gente de Noruega no le gustaría irse a un país en el que las personas son mucho más propensos a ser tiroteadas, viven en la pobreza, no tienen atención médica si son pobres, no tienen permiso de maternidad pagado o guardería subvencionada, y tiene menos mujeres en el poder.”  

    ¿Seguirán los cubanos de Miami diciendo que este es el mejor país del mundo? ¿No saben que durante las últimas tres décadas Noruega alcanzó uno de los mayores niveles de desarrollo y bienestar del mundo? Es justo ser agradecido, pero otra cosa es ser cipayo.

      En un cable, la BBC Mundo citó aspectos de la vida de los noruegos. El frío clima de su país no es paradisiaco, pero eso no les impide que se sientan de lo más bien viviendo allí, y es que Noruega posee el número Uno d en el Informe Mundial de la Felicidad 2017, en el cual Estados Unidos ocupa el lugar Catorce. El informe evalúa ingreso per cápita, salud, expectativa de vida, libertad, generosidad y apoyo social en un entorno de mínima corrupción en las instituciones privadas y del gobierno.

    Como hemos visto, el presidente Donald Trump intenta eliminar todo lo que hizo su predecesor, Barack Obama, quien, casualmente, ¿o no será casual?, es mulato, liga de un africano con una estadounidense. Por ejemplo, eliminar su sistema de seguridad social, el cual no es como el de los noruegos, pero mejoraba algo lo que había. Trump aduce que el Obamacare es un sistema costoso para el gobierno.  Los estadounidenses, antes de los 65 años de edad, no cuentan con médicos gratuitos, sino que tienen que pagar un muy caro seguro de salud para poder acceder a consultas, medicamentos y tratamientos. Y si tienen billetes y tienen 65 años o más, una operación quirúrgica los deja en la inopia.

    En cambio en Noruega, el acceso a la atención médica es gratuito y cubre a todos que tengan residencia legal en el territorio, incluso los extranjeros. Otro beneficio social es que una mujer por maternidad puede ausentarse de su trabajo por varias semanas con el 80% de su sueldo. En cambio en el “mejor país del mundo” según cubano-miamenses, no reciben ni un dólar, según ha denunciado la Organización Internacional del Trabajo

      El más reciente Estudio Global del Homicidio, de la Oficina de la ONU contra las Drogas y el Delito, muestra una tasa de 4,88 homicidios por cada 100.000 habitantes en los Estados Unidos, la mayoría con  arma de fuego. En cambio, la tasa de homicidios intencionales en Noruega se ubica en menos de la mitad: 2,2 por cada 100.000 habitantes.

     Estados Unidos es sede de decenas de las mejores universidades del mundo, pero casi todas de esas las instituciones de educación superior son privadas y costosas. Sin embargo, el país no alcanza los mejores resultados educativos, tal y como con cifras de instituciones internacionales señalamos en crónica anterior.

    Noruega posee ocho universidades y 24 colegios superiores que son gratuitos, incluso para los extranjeros. Por todas estas y otras razones es compresible que un funcionario del gobierno de Noruega, al tuitear Trump que aceptaría más migración de su país a Estados Unido, respetuosamente respondiera: “Declinamos la oportunidad.  “Gracias, muchas gracias, señor Presidente.”

      Este es el mundo. No el que inventan u ocultan los medios de Miami. Y repito el título de la crónica anterior: El mundo es ansí y Miami dice disparates.

    Pero una pregunta queda en el aire: ¿Seguirán los cubanos-miamenses repitiendo que “este es el mejor país del mundo?,” lo que equivaldría a seguir comiendo el mismo producto que su presidente dijo eran los salvadoreños, haitianos y africanos y, por carácter transitivo, ellos mismos. En este caso, el producto, que es fisiológico, tiene el significado de ser la deshonrosa secreción de los intestinos.

     Les habló, desde Miami, Nicolás Pérez Delgado.

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Viva cuba libre!