eua-cia-ciberEl Gobierno de Estados Unidos aún tiene a la Revolución cubana entre ceja y ceja. O igual, el proyecto político y socioeconómico de quienes vivimos al sur del Estrecho de la Florida continúa siendo una piedra en el zapato de las administraciones norteamericanas. De ahí, la constante búsqueda de iniciativas para desmontarlo.

En las últimas horas, en su página web el Departamento de Estado anunció —sin el menor recato— la creación de una “Fuerza de Tarea en Internet” contra Cuba, cuyo primer intercambio de trabajo ya tiene fecha señalada: el venidero 7 de febrero en la mismísima sede de este organismo del poder ejecutivo estadounidense.

No hay que ser experto para colegir que dicha decisión se conecta directamente con el discurso retórico y hostil del presidente Donald Trump en Miami el 16 de junio pasado, cuando firmó una directiva de política denominada “Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba”.

Ese memorando disponía una mayor fiscalización de los viajeros estadounidenses a Cuba, la eliminación de los intercambios educacionales “pueblo a pueblo” a título individual y la prohibición de las transacciones económicas, comerciales y financieras de entidades estadounidenses con empresas cubanas vinculadas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias y los servicios de inteligencia y seguridad. El propósito era demasiado evidente: privarnos de ingresos, oxígeno y sangre de la economía cubana.
Dicho más claramente, Trump le echó tierra y le dio pisón a la Directiva Presidencial de Política “Normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba”, suscrita por Barack Obama el 14 de octubre de 2016.

Este documento, si bien no disimulaba el carácter injerencista del Gobierno de Estados Unidos, ni sus pretensiones de “hacer avanzar sus intereses en la consecución de cambios en el orden económico, político y social de nuestro país, había reconocido la independencia, la soberanía y la autodeterminación de Cuba y al gobierno cubano como un interlocutor legítimo e igual, así como los beneficios que reportaría a ambos países y pueblos una relación de convivencia civilizada dentro de las grandes diferencias que existen entre los dos gobiernos”, como apuntó una Declaración del Gobierno Revolucionario.

En un comunicado emitido, el Departamento de Estado aseguró que su nueva iniciativa, o sea, la Fuerza de Tarea contra la isla caribeña, “examinará los retos y oportunidades para expandir el acceso a internet en Cuba y los medios de comunicación independientes”. Una traducción al idioma de las cubanas y cubanos dignos sería: propagar la subversión y desestabilizar el orden en nuestro país.

Por cierto, más de un proyecto de similar pelaje ha zozobrado. Me refiero, por ejemplo, al programa subversivo ZunZuneo, llamado el Twitter cubano. Bajo la apariencia de una red social inocente, ZunZuneo encubrió una operación secreta financiada y dirigida por la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID) enfilada a crear situaciones de desestabilización en el país, con el empleo de las tecnologías (teléfonos móviles y redes sociales en Internet).

Los analistas se han encargado de advertir que estas alternativas son piezas de la doctrina de Guerra No Convencional, concebida para subvertir el orden en otros países sin recurrir al empleo directo de las fuerzas militares. El caso de Venezuela y las últimas manifestaciones en Irán están a la mano para confirmarlo.

La administración de Estados Unidos tiene a la Revolución cubana entre ceja y ceja. No es pura verborrea. El nacimiento de una “Fuerza de Tarea en Internet” contra la isla no nos deja mentir. Otro fiasco ya le viene encima a la Casa Blanca.