Hoy todos sabemos que fumar es veneno para la salud. Pero décadas atrás se consideraba hasta elegante y en el cine lo común era ver a los duros de la películas encendiendo un cigarrillo. En Cuba se fumaba mucho y, según he visto, todavía se fuma demasiado, no obstante las constantes campañas de salud del Estado Cubano contra ese hábito que los españoles descubrieron entre los nativos de la Isla y lo llevaron a Europa. En la época colonial era señal de distinción y riqueza fumar buenos puros y brindarlos a los visitantes en el hogar o la oficina.

    El fumar se convirtió en una gran y millonaria industria mundial y en Cuba, donde se da el mejor tabaco negro del mundo, nació una culta profesión propuesta para Patrimonio Intangible de la Humanidad. ¿De qué se trata y por qué? Veamos el siguiente guión:

    Fecha: Décadas de la primera mitad del siglo pasado.

    Lugar: Un juzgado de La Habana.

    Personajes reales: El juez Marcos García y cualquier obrero tabaquero.

    El secretario del juzgado llama al estrado al tabaquero. El juez, Marcos García, lo mira de arriba abajo. El secretario da lectura al caso y señala la profesión del encartado.

    —¡Ah! Es usted tabaquero –dice el juez ahora con mala cara–, entonces defiéndase bien porque ha de ser abogado.

    El tabaquero expone su caso. Pero el veredicto siempre es condenatorio.      

    Poco tiempo después el juez cambia de método.

    —¡Con que tabaquero!… ¿no? Pues tiene seis meses de prisión –después mascullaba en voz baja–: Si lo dejo hablar no hay forma de condenarlo.

     El mal lechoso juez no andaba despistado. El tabaquero cubano descolló como el más preparado culturalmente entre los obreros del país. ¿La razón?: la lectura en las tabaquerías.

    Hace días leí que la tan cubana tradición aspira a convertirse en Patrimonio Intangible de la Humanidad. En Cuba ya constituye Patrimonio Cultural de la Nación. En Miami, siempre que paso por la Calle Primera del South West me fijo en una tabaquería que hace esquina y cuyo propietario, José Orlando Padrón, fue el primer cubano en abrir en Estados Unidos una fábrica de tabacos hechos a mano. Hace poco Padrón murió y muchos bien lo recuerdan por haber participado en las negociaciones con el gobierno de Cuba para excarcelar a numerosos presos político. Tal humanitaria razón le costó que uno de los tantos grupos terroristas anticubanos que pululaban en Miami pusieran cinco bombas en su tabaquería.

    Desconozco cuántas tabaquerías existirán en Miami y no es asunto que vaya a investigar. El bloqueo hace que importen la materia prima de Nicaragua o Republica Dominicana. Padrón, según me han contado, lo hacía de la región de Esteli, en Nicaragua.  Debido a las características físico-químicas especiales que tiene los suelos cubanos para el cultivo del tabaco, la calidad del producto no es la misma a la de los mundialmente famosos habanos, pero económicamente mal no le fue a Padrón ni a otros productores. Como dice el refrán, a falta de pan, casabe.

     En Cuba, este cronista fue por un tiempo jefe de redacción de la revista Cubatabaco y conoció bastante sobre las lecturas en tabaquería. Los lectores eran escogidos por su voz y dicción. La radio ha de  considerarlos pioneros del arte de la locución, aunque las lecturas en tabaquería se iniciaron cuando faltaban como catorce años para que Tomás Alba Edison encendiera la primera bombilla eléctrica y, por supuesto, no existían micrófonos. En alta y clara voz leían clásicos como Los Miserables, de Víctor Hugo; leían a Shakespeare, Balzac, Alejando Dumas y, por supuesto, la prensa diaria. El tabaquero torcía su tabaco y cuando el lector terminaba aplaudía golpeando con la chaveta sobre la mesa.

     Según la historia, el primer lector de tabaquería se inició en la fábrica habanera El Fígaro, en 1865, aunque se dice que en el año anterior existía uno en la villa de Bejucal. Cuando la Guerra de Independencia, emigrados cubanos fundaron tabaquerías en Tampa y Cayo Hueso, sin que faltara el lector. Era emigración revolucionaria que leía artículos de Martí, quien que en sus afanes revolucionarios visitó esas ciudades y tomaba la tarima de los lectores para con su verbo aunar voluntades y recaudar fondos para la guerra de independencia.

    Me han dicho que en las actuales tabaquerías de Miami no existe el lector. Será por ser pequeñas y por el gasto que constituiría su salario. En Cuba, continúan igual que hace 165 años. A los turistas les encantan, sobre todo los aplausos del golpeteo de decenas de chavetas sobre las mesas en que a mano se tuercen los puros. Frente a la galera, está el lector. Todo un personaje del que se aprende y se gana cultura. Por eso aquel juez dijo: “Si los dejo hablar no hay forma de condenarlos.”  

    Yo me digo: “Gracias a Dios que por acá, por este Miami, no hayan lectores.” Digo gracias a Dios porque el lector, en lugar de educar, de ilustrar, tendría que tratar de tupir los cerebros de los trabajadores con las babosadas reaccionarias que a diario se escuchan por radio y televisión, y, cuando lean libros, no serán de Hemingway, García Márquez, William Somerst Maugham y muchos menos de pensadores como Noam Chomski. Han de ser libros como el firmado por Luis Posada Carrillo, “Los caminos del guerrero”, que debió haberse titulado “El terrorista feliz que voló avión civil,” u otro cargado de deseos insatisfechos como “La Hora final de Castro,” publicado hace 18 años al desaparecer la Unión Soviética.

    Si no lo hacen así, remember las bombas que pusieron a José Orlando Padrón, aunque ésta no es aquella época. Los métodos se han transformado. Antes pululaban los golpes militares. Ahora los gobernantes progresistas se derrocan con marañas judiciales, económicas, parlamentarias y de los medios, sectores estos todos en manos de viejos y grandes intereses que  los halcones de Washington manejan a la perfección y con dinero de sobra para hacerlo.

     Olvidaba decir que pienso viajar a Cuba y el 26 de febrero, yo, que hace como cuarenta años dejé de fumar, pero tal vez por nostalgia a la revista Cubatabaco, a lo mejor de mirón doy una vuelta por el Concurso Habanos World Challenge con sede en La Habana, donde participarán fabricantes, artesanos, artistas y productos goumet de todo el mundo. La Habana es La Habana, no la que pintan y silencian en Miami

    Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.

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Padrón le regala uno de sus tabacos

a Fidel Castro en La Habana