Roosevelt

 

 

 

 

 

 

 

 

Franklin Delano Roosevelt 

Sin lugar a dudas el presidente norteamericano de más reconocimiento en América Latina lo fue Franklin Delano Roosevelt  que se hizo de una buena imagen continental  con su  llamada “Política  de Buen Vecino” con la    que  Estados Unidos dejaba atrás el garrote imperial  del  otro Roosevelt- Teodoro- para presentar ante el  mundo  una mejor  cara aunque manchada todavía por  el apoyo  que le diera   desde la  Casa Blanca a los  Batista, los Trujillo y los  Somoza de entonces –   dictadorzuelos  tropicales –  a quienes el  mismo mandatario  estadounidense   calificara  de “nuestros  grandes y fieles hijos  de perra”.

De aquellos  tiempos a estos  de ahora  ha  llovido cerca de un siglo, años de encuentros  y desencuentros  entre  Washington  y las  naciones latinoamericanas en los  que Cuba  y su Revolución han perturbado con su ejemplo  el  sueño dominador  del  imperio norteño.

Pero con  el  arribo  de Donald Trump  a la  presidencia  de Estados Unidos las relaciones  de Washington con América Latina parecen dar marcha atrás  a la rueda  de  la historia, como  si el cadáver  de la política roosveltiana  de “Buen Vecino” debiera  ser sepultado  definitivamente  en  el basurero de las cosas inservibles.

De nuevo  “al duro y sin guantes” , parece decir  desde Washington el  presidente  Trump a sus  vecinos  del  sur dejando muy mal parados  a aquellos  gobiernos  latinoamericanos que por  años  ha sido como los  perritos  falderos del coloso  del  norte.

¿Quienes  se atreven ahora  en América Latina a  salir  públicamente  a proclamar  su respaldo  a la política   grosera y  soberbia del  Presidente  Trump con respecto  a los  pueblo  de nuestro continente?  A todos  ellos, incluyendo a esos que  se llaman “Disidentes cubanos” los  ha dejado   Trump colgados  de  la brocha  y sin escalera  donde sostenerse  en pie.

Ya lo decía mi ancestral abuelo Duende que no  hay mal que por  bien  no venga. Se acabaron las  caretas. Digo  yo.

Y hasta la próxima entrega  de  El  Duende  que con   mi gallo  me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.