Por: Omar Ríos G.

                                                                                    TESORO.

                                                                                  América Central y Caribe.

cristo_de_la_habana-panoramioEl Directorio Revolucionario daba al tirano Batista otra lección; podía encontrarlo en su propia casa…

Atacado el Palacio Presidencial el 13 de marzo del 1957, aún y cuando no se lograra lo divulgado por José Antonio Echeverría en Radio Reloj, el tirano ya no tendría sosiego nunca más.

La primera dama de la República, Martha Fernández, temía por su esbirro esposo, y en un acto de desespero hizo la promesa de erigir un monumento a Jesucristo en caso de que el sátrapa salvara la vida. Y así ocurrió.

Con una recolecta de 200000 pesos, mandó a convocar a los artistas que pudieran llevar a cabo su deseo, y la convocatoria fue ganada por una joven del San Cristóbal pinareño, hija de asturiano y cubana, de buena posición económica: Lilia Gilma Madera Valiente, nacida el 18 de septiembre del 1915.

Esta artista de la plástica es llamada Gilma, o Jilma por otros autores, y con esta obra ganó la admiración de todo el orbe, pues se trató de la mayor escultura del mundo en mármol blanco de Carrara realizada por una mujer, el Cristo de La Habana, como lo denominó.

Buscando un lugar estratégico que sirviera para ser vista su obra, Gilma encontró en las cercanías de Casa Blanca el lugar idóneo al lado de La Cabaña, a 50 metros sobre el nivel del mar, desde y hacia donde podrían verse el Cristo y La Habana por sus pobladores o visitantes.

El acceso era también interesante, pues se podía tomar la lanchita que unía a esta zona con la avenida del Puerto, o utilizar el ya importante Túnel de la Bahía, gloria de la ingeniería civil y la arquitectura en Cuba.

Dado el boceto de Gilma, éste no concordaba con ninguno de los otros, como el de la montaña de Corcovado en Río de Janeiro, Brasil, que mantiene sus brazos abiertos semejando con su cuerpo una cruz, ni el de Lubango en Angola, o el de su antigua metrópoli en Lisboa, Portugal.

Tampoco la carencia de ojos era usual en los otros, y Gilma lo decidió así para dar la sensación de estar mirando a todos desde cualquier punto que se le observara.

Sus estudios en San Alejandro y New York, así como México y Europa le permitieron hacer uso de estas novedosas técnicas y toque personal a cada obra de su autoría, y por la que obtuvo numerosos premios aún siendo estudiante de modelado, composición y relieve, estatuaria, así como el uso de la terracota, mármol, y bronce en ellas o aplicando la talla directa en ellas, utilizando la cera perdida en los moldeados, o aplicando la creación de las obras en una pequeña dimensión para luego ampliarlas, como fue el caso del Cristo de La Habana, concebido con rostro antillano, mestizo, y cuyos pies son copia de los de la propia Gilma.

Lo realizó en mármol blanco de Carrara, comprado con los 200 mil pesos de premio, relleno de concreto, con un  peso total es de 320 toneladas, integradas por 67 piezas, tiene 24 metros de altura contando el pedestal.

Antes de los dos años en que se debía hacer las partes del monumento, a partir de su proyecto de yeso de 3 metros, Gilma ya había terminado el mismo y lo trajo a Cuba. Estando en Italia, supo de la entrada de Fidel con sus hombres a Cuba, y sufrió la noticia incierta de su muerte, del cual había leído su alegato político La historia me absolverá durante la estancia de ella en México.

Se inauguró la obra finalmente por el propio Batista, el general sin combates, el 25 de diciembre de 1958, a pocos días de su huída ante el paso arrollador de los rebeldes hacia la capital cubana.

Aunque colosal, no fue esta la única obra distinguida de la pinareña en Cuba. Martiana al fin, logró un busto de Martí a partir de las ideas de sus coterráneas hermanas Segredo. Gilma no cobró por este trabajo, y fundendo pequeños bustos del Apóstol que ponía a la venta, logró los recursos suficientes para esculpirlo en bronce.

Ese busto fue llevado al Turquino por Manuel, padre de Celia Sánchez Manduley, y la propia Celia, junto con otros martianos vestidos de uniforme verde olivo. Corría el año 1953…

Muchas obras más fueron el legado de Gilma en Cuba, Puerto Rico, EE.UU, y hasta Armenia. Su impronta quedó en la Campaña de la Alfabetización y las clases en planteles escolares cubanos luego del triunfo revolucionario, hasta su muerte acaecida el 21 de febrero del 2000 en La Habana.

Murió la artista, pero perduran sus exquisitas creaciones para beneplácito de nuestro pueblo, que en este 13 de marzo, da su homenaje a los que murieron por un ideal que dio pie a la maravilla de un Cristo que mira a todos por igual y que la historia lo da como el primer revolucionario del mundo.