¿Cómo hicimos para sobrevivir?

sobrevivirNicolás Pérez Delgado.

      Por el correo postal anda un mensaje con la solicitud de enviarlos a conocidos que por la edad recordarán lo que se narra y a gente más joven para que conozcan cómo se vivía entonces. Dedico este espacio de Crónicas a ese recuento de vida, el cual reproduzco íntegro.

    De niños andábamos en autos que no tenían cinturones de seguridad ni bolsas de aire… Ir en la parte de atrás de una camioneta con baranda baja era un paseo especial y todavía lo recordamos.

      No teníamos tapas con seguro contra niños en los frascos de medicina ni en gabinetes, puertas…

    Nuestras cunas estaban pintadas con brillantes colores de pintura a base de plomo.

    Montábamos bicicletas sin cascos protectores de cabeza y rodillas.

    Tomábamos agua de la manguera del jardín y no de una cara botella de agua que dicen es mineral.

    Salíamos a jugar con la única condición de regresar antes del anochecer.

    Gastábamos horas y horas construyendo carritos de chatarra y los que tenía la fortuna de vivir en calles inclinadas nos lanzábamos cuesta abajo sin preocuparnos por  no tener frenos.

    No teníamos celular… así que nadie podía saber por dónde andábamos.

    Nos cortábamos, nos rompíamos un hueso, perdíamos un diente, pero nunca hubo una demanda por estos accidentes. Nadie tenía la culpa. Solo nosotros mismos.

    Compartíamos una bebida entre cuatro tomando de la misma botella y nunca oímos de cólera, yiardas o cualquier otra enfermedad.

    Comíamos bizcochitos, pan y mantequilla, tomábamos bebidas con azúcar que no tenían marca comercial y nunca teníamos exceso de peso porque siempre estábamos jugando o, mejor dicho, mataperreando.

    Salíamos caminando o en la bicicleta hasta la casa de un amigo, tocábamos en timbre o sencillamente entrábamos sin tocar y enseguida salíamos a jugar.

    Algunos estudiantes no eran tan brillantes y cuando perdían un año lo repetían. Nadie iba al psicólogo, al psicopedagogo ni había crisis familiar pues no se tenía dislexia, ni problemas de atención, ni hiperactividad. Simplemente repetía y tenía una segunda oportunidad.

    Teníamos fracasos, éxitos, responsabilidades y aprendimos a manejarlos.

    No teníamos Play Station, ni tres, cuatro o mil canales de televisión, pods, phones, computadoras ni Internet. SINO QUE TENÍAMOS AMIGOS.

    La gran pregunta es: ¿Cómo hicimos para sobrevivir y, sobre todo, ser las personas que somos ahora?

    ¿Eres tú uno de esa generación?

    Si lo  eres entonces envía este mensaje a tus conocidos de tu misma generación o a gente más jóvenes para que sepan cómo éramos antes.

     Seguro dirán que era un mundo muy aburrido, pero ¡COÑO, ESTÁBAMOS VIVOS. ÉRAMOS MÁS FELICES!

    Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.