Bruno Rodríguez durante su discurso en la VIII Cumbre de las Amércias. Foto: Cancillería del Perú/ Flickr.

Versión no oficial del discurso del canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, en la VIII Cumbre de las Américas.

Excelentísimo Señor Martín Vizcarra Cornejo, Presidente de la República del Perú:

Ministros:

Rindo homenaje al pueblo del Perú, al que nos unen entrañables lazos desde las guerras de independencia y en el esfuerzo común en salud o ante desastres naturales.

El cambio profundo en las relaciones hemisféricas que reclamó el Presidente Raúl Castro Ruz en la pasada Cumbre no ha ocurrido.

Nuestra América, martiana y bolivariana, conjunto de naciones, del Río Bravo a la Patagonia, unidas por un destino común en la búsqueda de su segunda y definitiva independencia, sigue siendo saqueada, intervenida y vilipendiada por el imperialismo norteamericano que invoca la Doctrina Monroe para ejercer dominación y hegemonía sobre nuestros pueblos.

Es una historia de guerras de conquista, despojo de territorios, invasiones y ocupaciones militares, golpes de estado e imposición de sanguinarias dictaduras que asesinaron, desaparecieron y torturaron en nombre de la libertad; de rapaz expoliación de nuestros recursos.

Hoy existe el peligro del retorno al uso de la fuerza, la imposición indiscriminada de medidas coercitivas unilaterales y de golpes militares cruentos.

No debe subestimarse la gravedad de la declaración, arbitraria e injusta, de la República Bolivariana de Venezuela, cuna de la independencia latinoamericana y segunda reserva de hidrocarburos, como una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional de la superpotencia.

La exclusión del Presidente Nicolás Maduro Moros de esta Cumbre es una afrenta a todos los pueblos de Nuestra América y un retroceso histórico impuesto por el actual gobierno de los Estados Unidos.

Como voz de la hermana y heroica Venezuela, estamos aquí para defender su libre determinación y reiterar la invariable solidaridad de Cuba con la unión cívico-militar bolivariana y chavista del pueblo venezolano, encabezada por su Presidente constitucional. Deseamos éxitos a la próxima elección presidencial.

A nombre de Cuba, invoco la Proclama de la América y el Caribe como Zona Paz, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno en 2014.

No olvido tampoco la ausencia de Puerto Rico.

Nuestra América, con sus culturas e historia, el territorio, la población y sus recursos puede desarrollarse y contribuir al equilibrio del mundo, pero es la región con la más desigual distribución de ingresos del planeta.

El 10 por ciento más rico amasa el 71 por ciento de la riqueza y, en dos años, el uno por ciento de la población tendría más que el 99 por ciento restante. Carece de acceso equitativo a la educación, la salud, al empleo, el saneamiento, la electricidad y el agua potable.

Sólo avanzaremos mediante la integración regional y el desarrollo de la unidad dentro de la diversidad que condujo a la creación de la CELAC.

Los hechos recientes demuestran que la OEA y su histérico Secretario General son instrumento de los Estados Unidos.

El canciller cubano en las pantallas de la VIII Cumbre de las Américas en Lima. Foto: Cancillería del Perú/ Flickr.

Ahora, el objetivo es restablecer la dominación imperialista, destruir las soberanías nacionales con intervenciones no convencionales, derribar a los gobiernos populares, revertir las conquistas sociales y reinstaurar, a escala continental, el neoliberalismo salvaje.

Para ello, se utiliza la lucha contra la corrupción como un arma  política; los fiscales y jueces actúan como “partidos políticos” y se impide a los electores votar por candidatos con fuerte apoyo popular, como es el caso del Presidente, preso político, Luiz Inacio “Lula” Da Silva cuya libertad demandamos.

Se oculta que la corrupción prevalece entre gobernantes, parlamentarios y políticos conservadores y en los sistemas electorales, en las leyes y modelos políticos corruptos, por naturaleza, al basarse en el dinero, en los “intereses especiales” corporativos.

Se manipula a las personas a partir de la propiedad privada monopólica sobre los medios de comunicación y las plataformas tecnológicas.

En las campañas electorales, no hay límites éticos, se promueve el odio, la división, el egoísmo, la calumnia, el racismo, la xenofobia y la mentira; proliferan tendencias neofascistas y se prometen muros, militarización de fronteras, deportaciones masivas, incluso de niños nacidos en el propio territorio.

En el hemisferio, aumentan las violaciones masivas, flagrantes y sistemáticas de los derechos humanos civiles y políticos; y económicos, sociales y culturales de cientos de millones de seres humanos.

¿De qué democracia y valores se habla aquí? ¿de los del Presidente Lincoln o el “sueño” de Martin Luther King, que enaltecerían al pueblo estadounidense al que nos unen vínculos indisolubles?, ¿o de los de Cutting y del supuesto “antisistema” extremista conservador?

Bruno Rodríguez Parrilla interviene en la Cumbre de las Américas. Foto: Cancillería del Perú/ Flickr.

Cuba no aceptará amenazas ni chantaje del gobierno de los Estados Unidos. No desea la confrontación, pero no negociará nada de sus asuntos internos, ni cederá un milímetro en sus principios. En defensa de la independencia, la Revolución y el Socialismo, el pueblo cubano ha derramado su sangre, asumido extraordinarios sacrificios y los mayores riesgos.

Los progresos alcanzados en los últimos años, basados en la absoluta igualdad soberana y en el respeto mutuo, que ahora se revierten; mostraron resultados tangibles y que la convivencia civilizada, dentro de las profundas diferencias entre los gobiernos, es posible y beneficiosa para ambos.

El bloqueo y la persecución financiera se endurecen, provocan privaciones a nuestro pueblo y violan los derechos humanos, pero también crece el aislamiento del gobierno estadounidense en todo el mundo, en la propia sociedad estadounidense y en la emigración cubana, respecto a esa política genocida, obsoleta y fracasada.

Aumenta igual la repulsa internacional a la ocupación de nuestro territorio en Guantánamo por la Base Naval y el Centro de detención y tortura enclavado en ella.

Sufre total descrédito el pretexto para reducir el personal de las Embajadas y afectar el derecho a viajar de los cubanos y los estadounidenses.

El próximo 19 de abril, en el año 150 de nuestras luchas de independencia, con la constitución de una nueva Asamblea Nacional del Poder Popular culminarán las elecciones generales. Las cubanas y cubanos, especialmente los más jóvenes, estrechamente unidos al Partido de la nación, fundado por Martí y Fidel; junto a Raúl, conmemoraremos firmes, seguros y optimistas la victoria contra la agresión mercenaria de Playa Girón.

Muchas gracias.

En video, discurso del canciller cubano en la VIII Cumbre de las Américas:

Bruno Rodríguez: Los Estados Unidos parecen destinados a plagar la América de miserias en nombre de la libertad

Bruno Rodríguez Parrilla interviene en la Cumbre de las Américas. Foto: Cancillería del Perú/ Flickr.

(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)

El señor Vicepresidente de los Estados Unidos de América parece mal informado, ignora la realidad, oculta la verdad.

Quiero preguntarle directamente al señor Pence si la Doctrina Monroe guía o no a su gobierno, en su política hacia América Latina.

Quiero responderle con palabras de Bolívar: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad.”

Quiero citar a Martí: Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para impedir que los Estados Unidos se extiendan por las Antillas y caigan con esa fuerza más sobre las tierras de América.

Es nada democrático atacar a Venezuela y mencionar al presidente Nicolás Maduro Moros, cuando ha sido excluido y no está aquí para responderle.

Rechazo las referencias insultantes a Cuba y a Venezuela y la actitud humillante para la América Latina y el Caribe que ha asumido.

El vacío moral del gobierno de los Estados Unidos no puede ser, no es una referencia para la América Latina y el Caribe.

En los últimos 100 años cargan con la responsabilidad por los abusos más brutales contra los derechos humanos y la dignidad humana. Todos los gobiernos despóticos en la región, todos sin excepción, han sido impuestos o han recibido apoyo del gobierno de los Estados Unidos, incluidas las más crueles dictaduras militares. Hechos vergonzosos como la Operación Cóndor o el golpe cruento de Estado en Chile están sobre la conciencia de gobiernos norteamericanos.

El país del señor Pence ha sido el primero y el único en usar el arma nuclear contra civiles inocentes. Es responsable de guerras criminales y de cientos y cientos de miles de muertos, de masacres de civiles, incluidos niños, mujeres y ancianos, a los que llaman daños colaterales.

Es responsable de actos de tortura, de desapariciones, ejecuciones extrajudiciales y secuestros.

El gobierno de los Estados Unidos es el autor de violaciones masivas, flagrantes y sistemáticas de los derechos humanos de sus propios ciudadanos afroamericanos, de los hispanos, de los migrantes y de las minorías.

Es una vergüenza para la humanidad que en ese país de extrema riqueza haya decenas y decenas de millones de pobres.

Tienen un patrón racial diferenciado en sus cárceles y en la aplicación de la pena de muerte; es donde más errores judiciales asociados a la ejecución de personas ocurre; es donde mueren estudiantes por armas de fuego, cuyas vidas fueron sacrificadas al imperativo del lobby político, en particular en la Florida.

El gobierno de los Estados Unidos ha recibido decenas y decenas de millones de dólares del lobby de las armas, y un senador miamense ha recibido no menos de 3 millones por el mismo concepto.

Miami es donde están las mafias políticas, donde se refugian terroristas internacionales confesos y es también el lugar del famoso fraude electoral del año 2000.

No ha dicho el señor Pence, cuando habla de corrupción, que su país es el centro del lavado de activos financieros del narcotráfico y del contrabando de armas hacia el sur que desestabiliza países enteros.

El sistema electoral que lo ha elegido y el legislativo, en el que él ha servido mucho tiempo, es corrupto por naturaleza, porque está sustentado de manera insólitamente legal en las contribuciones financieras corporativas y los llamados Comités de Acción Política.

Es el gobierno que impone un proteccionismo feroz, que no toma en cuenta que arruinará la industria, la agricultura y el empleo en toda nuestra región.

Es donde el lobby político ha impuesto la idea de que el cambio climático es un invento antinorteamericano.

Es el sistema político y electoral donde ha habido escandaloso tráfico con los datos privados de decenas de millones de sus ciudadanos.

Si a su gobierno le interesara el bienestar, los derechos humanos y la libre determinación de los cubanos, podría levantar el bloqueo, colaboraría con nuestra cooperación internacional, en vez de sabotearla, y daría fondos a los programas de colaboración médica cubana en el mundo y a los programas de alfabetización.

Se ha referido de manera insultante a Cuba. Respondo con el texto de la Proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada en La Habana por los Jefes de Estado de la América Latina y el Caribe en el 2014, cuyos principios incluyen el derecho inalienable de los pueblos y de los Estados a darse libremente su propio sistema político, económico, social y cultural.

Le respondo también con un párrafo del documento histórico firmado en el acontecimiento de esta época, en el aeropuerto internacional José Martí, de La Habana, por Su Santidad el Papa Francisco y por Su Santidad el Patriarca Kirill, quienes escogieron a Cuba para firmar un documento que dice: “Nuestro encuentro fraterno ha tenido lugar en Cuba, en la encrucijada entre el Norte y el Sur, el Este y el Oeste. Desde esta isla, símbolo de las esperanzas del «Nuevo Mundo» y de los dramáticos acontecimientos de la historia del siglo XX…”

Estamos a pocas horas de que se cumplan 57 años de los bombardeos de aviones estadounidenses a aeropuertos en Cuba, en los que murieron cubanos en defensa de nuestra independencia y soberanía, en cuya despedida de duelo se proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana, y sorprende que a tantas décadas el vicepresidente Pence haya venido aquí a usar el mismo lenguaje que llevó a gobiernos de entonces a realizar ese terrible acontecimiento.

Los hechos transcurridos en los últimos años demuestran que la convivencia entre Estados Unidos y Cuba es posible, productiva y puede ser civilizada.

Para eso no espere él, ni la delegación que ahora ocupa el escaño que acaba de abandonar, que Cuba ceda en un milímetro de sus principios, ni ceje en su empeño de construir el socialismo.