¿De qué nos quejamos? entrevista a Silvio Rodriguez

   Silvio-RodriguezA continuación les trasladamos partes de una entrevista realizada al cantautor cubano Silvio Rodríguez, realizada por Claudio Vergara, periodista especializado en música popular,  y traído a nosotros por el sitio Web del colega periodista uruguayo-cubano, radicado en La Habana,  Fernando Ravsberg, con su muy instructiva y leída página “Cartas desde Cuba”.

¿Y cómo vivió la muerte de Fidel Castro?

-Fue cuatro días antes de mi 70 cumpleaños, el más triste de mi existencia.

¿Qué cree que perdió el mundo, y Cuba en particular, con su partida?

-Fidel vivió 90 años y tuvo una vida plena, podría decirse que hasta privilegiada, porque pocos hombres han sido capaces de influir en la historia como él. En algunos sentidos, sigue vivo.

¿Cuál cree que fue la huella de Raúl Castro durante su mandato?

-Creo que Raúl nos deja su ejemplo de compromiso con Cuba, su deseo de hacer sostenible el socialismo y también su capacidad autocrítica. Es un hombre con principios y es un hombre que aprende, combinación fundamental.

¿Cuáles son sus expectativas ante este nuevo período que iniciará Cuba con la partida del poder de los Castro?

-Deseos, como cualquier cubano, tengo muchos. No voy aquí a profundizar, pero pudiera resumir diciendo que deseo lo que sea mejor para mi pueblo, contando con su opinión.

¿Qué expectativas tiene con respecto a Miguel Díaz-Canel?

-Conozco muy poco a Díaz-Canel. Tengo la sensación de que, en la medida en que se ha ido haciendo presidenciable, se ha ido poniendo rígido, como más ortodoxo conceptualmente. Es una opinión subjetiva, porque hace años que no lo veo.

¿Qué le parece que por primera vez el mandato de su país esté en manos de una figura que no lleva el apellido Castro y que nació después de la Revolución? ¿Le sugiere algo?

-Más que sugerir, es el testimonio de que el tiempo pasa. Aunque a los que se frotan las manos con eso les recuerdo que el pueblo cubano, con toda su experiencia, sigue ahí.

En una reciente entrevista con La Tercera, Pablo Milanés contó que, entre 1965 y 1967, debió interrumpir su carrera artística para ingresar a las UMAP, un campo de concentración en Cuba donde fue sometido a trabajos forzados. Logró escaparse y huir, pero fue encarcelado. Él recalcó que hablar en Cuba de esto es como “hablar del diablo” y que es el lado más oscuro de la Revolución. ¿Qué opina de aquello?

-Yo conocí a Pablo a fines de 1967, cuando las UMAP estaban siendo desarticuladas y él prestaba servicio, ya como soldado normal, en una estación de gasolina. Fue la solución que dieron a su caso, que había sido objeto de protestas de un grupo de artistas como Elena Burque, Omara Portuondo y otros. En uno de los pases que le daban, nos presentó Omara, en la puerta de los estudios de la televisión. Él siempre fue muy discreto al respecto, nunca habló mucho de ese asunto. Las Unidades Militares de Ayuda a la Producción se crearon, inicialmente, como campos de trabajo para los soldados que cometían indisciplinas (cada vez que yo me fugaba de mi unidad y me pillaban, me amenazaban con enviarme). Hasta los jefes de esas unidades eran sancionados, así era el estado de ánimo imperante. Tiempo después también mandaron a religiosos que no juraban la bandera, o a personas que se consideraba que llevaban una vida desordenada. A mediados de los 60 hubo un momento de mucho extremismo respecto a la nocturnidad de los artistas de cabarets, a la gente de “vida fácil” y cosas así. Por entonces llegaron a cerrar todos los centros nocturnos y las bebidas alcohólicas eran casi ilícitas. La gente le llamaba “la ley seca”. Fueron aspectos pésimos que todavía la Revolución está pagando. No creo que esto deba ser tabú, es justo que la historia se cuente como fue. Mucho más si han sido cosas que pasaron hace ya más de medio siglo

¿Le merece también alguna opinión el encarcelamiento de Lula en Brasil, precipitado por problemas de corrupción?

-Lula es culpable de haber sacado de la pobreza a millones de brasileños, pero es inocente de los cargos que se le imputan. El interrogatorio del juez es de un absurdo más que elocuente. Es muy grave lo que está sucediendo en Brasil: que una pantomima de justicia interfiera tan descaradamente en el sistema democrático.

-La BBC por esos mismos días publicó un listado de los artistas hispanohablantes que merecerían el Nobel de Literatura. En ese listado, usted era el número uno. ¿Ha sentido alguna vez que también merece este galardón?

-Darle el Nobel de Literatura a un autor de canciones significa que su poética es digna de eso. Es un salto a una nueva forma de ver que saca, de paso, lo que era la costumbre. Lo único que yo lamento es que no exista un Nobel para la canción, que es un arte que no se compone sólo de poesía, sino también de música. Habría que dar algunos Nobeles retroactivos como Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui, Sindo Garay, Miguel Matamoros, Tom Jobim, y por supuesto Víctor Jara y Daniel Viglietti. También a varios vivos como Chico Buarque, Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Rubén Blades, Caetano Veloso y posiblemente algunos más.

-Desde Centroamérica, la música que hoy más llega es el reggaetón, también de gran popularidad en Cuba.

-Es probable que estemos regresando a lo tribal. El tan criticado reggaetón es el resultado de una “democratización” que ha facilitado el acceso masivo a las tecnologías. Estamos en un mundo en que prácticamente cualquiera, con un teléfono y un poquito más, puede hacer no sólo canciones, sino fotos, periodismo, cine: lo que sea. Después, los comerciantes publican lo que vende. ¿De qué nos quejamos?

   Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís Ávila.