Continuidad y cambios en Cuba

DbJpIRAUQAA7XcjPara dar continuidad al sistema, proyectar la obra hacia el futuro, y reiterar la meta de construir el socialismo, Cuba necesita persistir e innovar. En otras palabras, la continuidad depende del cambio. Sin uno no hay lo otro.

Esa es la dialéctica sobre la cual la administración encabezada por Raúl Castro ha estado construyendo un consenso nacional, que sustituyó al discurso de resistencia característico del período especial, define las bases para la relación entre el pueblo, el gobierno, y la vanguardia política en una nueva dimensión, y da lugar a un ambiente optimista, diverso, y complejo, recién enriquecido con la elección de un nuevo presidente.

La elección de Miguel Díaz-Canel como presidente de los consejos de estado y de ministros de Cuba, ha servido para subrayar el compromiso de las nuevas y antiguas autoridades con la continuidad del proceso socialista, y de modo menos entusiasta, con las reformas en curso. De un discurso inaugural de 3.762 palabras empleó unas cien para aludir las reformas en marcha, una parte de ellas, referidas a lo realizado por su predecesor.

 Díaz-Canel parte con la ventaja de que la mentalidad innovadora que se supone debe caracterizar a su administración, no entraña una ruptura, sino la continuidad del cambio, que para el Primer Secretario del Partido constituyó y seguramente es todavía, la máxima prioridad. Inspirarse en Raúl y asumir su legado es hacer avanzar las reformas que en el ámbito nacional son la única alternativa concreta y práctica para salvar la Revolución.

Por supuesto, como antes, no se trató solo de Raúl, tampoco ahora se refiere a lo que haga el nuevo presidente, sino a la actividad de otras estructuras de la sociedad, principalmente el Partido, llamado a levantar esas banderas, y conducir por esos derroteros al movimiento obrero y las organizaciones juveniles, sociales, y de masas, que forman el sistema político vernáculo. Un papel relevante le corresponde a la intelectualidad, a la academia, y a los medios de difusión.

Para hacer de las reformas una plataforma política y un elemento capaz de influir positivamente en el clima político nacional, y en particular para aumentar la credibilidad internacional del proceso cubano, es preciso incorporarlas al discurso revolucionario en el estilo de Fidel Castro, que cuando decidía impulsar una tarea, se apasionaba, la animaba por todos los medios, la promovía, e insistía constantemente en ella, presentándola de modo multifacético, y mediante un proselitismo militante, las convertía en parte del ideario de la sociedad.

Como ha sido dicho las reformas no son un mal necesario, ni un purgante, tampoco un retroceso, sino la acción más avanzada y revolucionaria, y el conjunto de medidas más popular.

El socialismo establecido en China y Vietnam se volvió próspero y sostenible solo cuando resueltamente se apartó de las políticas económicas erradas, las prácticas ideológicas fallidas, y los dogmas insostenibles, introduciendo audaces reformas que promovieron los cambios de mentalidad de la vanguardia y la sociedad, avanzando resueltamente hacia la integración con la economía global. No son recetas, sino precedentes.

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DESNUCLEARIZACION O CAOS

                                                                Jorge Gómez Barata

La única fuerza conocida capaz de hacer peligrar al planeta de modo inmediato son las armas nucleares. Debido a ello, desde que en 1945 se utilizaran por primera y única vez en Hiroshima y Nagasaki, su eliminación ha sido el más importante de los cometidos de la política internacional.

Desde 1949, cuando la Unión Soviética detonó su primera bomba atómica, y luego lo hicieron Gran Bretaña (1952), Francia (1960), y China (1964), por razones ideológicas, políticas, y geopolíticas, el desarme se hizo imposible, las potencias nucleares tácitamente estuvieron de acuerdo en aplicar políticas que impidieran la proliferación nuclear.

Para evitar que otros países profundizaran en las investigaciones nucleares, el presidente Dwight Eisenhower promovió el programa “Átomos para la Paz”, mediante el cual Estados Unidos suministró a sus aliados reactores nucleares y uranio para investigaciones y otros fines pacíficos, de modo que estos países, no estuvieran motivados para por su cuenta crear tecnologías nucleares y procurar uranio.

Por su parte la Unión Soviética, que inicialmente apoyó a China, rechazó la solicitud de Corea del Norte y no cedió tecnología nuclear militar a ninguno de sus socios de Europa Oriental, tampoco emplazó armas nucleares en esos países. La primera vez que lo hizo fue en Cuba, y la aventura dio lugar a la Crisis de los Misiles de 1962, que estuvo a punto de desatar la guerra con Estados Unidos.

La primera crisis nuclear tuvo lugar en 1956, cuando ante la nacionalización del canal de Suez, Israel, Inglaterra, y Francia, sin la anuencia ni el apoyo de los Estados Unidos, atacaron a Egipto, ante lo cual la URSS amenazó con represalias atómicas sobre Londres y París. Entonces, las gestiones de Estados Unidos en la ONU y la presiones sobre sus aliados, contuvieron la agresión y evitaron mayores consecuencias.

Los peligros aconsejaron el establecimiento de regulaciones y autoridades internacionales que impidieran la difusión de la tecnología nuclear. En 1957, al amparo de Naciones Unidas se fundó la Agencia para la Energía Atómica, poco después se negoció un tratado para declarar al Ártico libre de esas armas, que en 1963 se extendió al espacio exterior y a los fondos marinos internacionales. El Tratado de Tlatelolco (1967) prohibió el armamento nuclear en América Latina.

 La Crisis de los Misiles de 1962, provocada por el emplazamiento de armas nucleares soviéticas en Cuba, aceleró las negociaciones para impedir su difusión. Finalmente, en 1968, 170 países, incluidas todas las potencias nucleares, adoptaron el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP).

No obstante, posterior a la firma del tratado y en violación del espíritu y la letra del mismo, Israel, India, Pakistán, y Corea del Norte desarrollaron armas nucleares, elevando a nueve los estados que cuentan con ellas.

De esos países, Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, y Francia participan de desafíos globales, y asumen el uso de sus armas en escenarios lejanos, para lo cual han desarrollado misiles de largo alcance, submarinos, y buques de superficie capaces de utilizarlas; mientras Pakistán, la India, e Israel planifican sus operaciones nucleares contra blancos cercanos, y Corea del Norte aspira a poner a tiro a Estados Unidos. China, aunque no tiene enemigos nucleares definidos ni amenaza a ningún país, las utiliza como un virtual complemento de su poderío económico y tal vez como disuasivo.

Por razones todavía desconocidas, y bajo condiciones no negociadas, Corea del Norte se ha declarado dispuesta a renunciar a sus armas atómicas, mientras que las pretensiones de Irán han sido contenidas por el Acuerdo 5+1 al menos en los próximos vente años.

La intención del presidente estadounidense Donald Trump de separarse del Tratado 5+1 con Irán, país al que de ese instrumento le impide acceder a las armas nucleares, puede establecer un peligroso precedente y poner en peligro otras regulaciones, entre ellas el Tratado de No Proliferación, lo cual es un peligro de mayor entidad.