Los aguaceros de mayo y la tormenta Alberto

   Durante  los últimos días hemos presenciado videos de grandes inundaciones y caudales de ríos en muchas partes debido al exceso de lluvia. En uno de esos vimos como un puente de concreto, que por cierto transité varias veces en Cuba, era destruido y llevado por la aguas del Rio Zaza, en Sancti Spíritus. Haciendo peligrar a unos  muchachos que pretendían comenzar a  cruzar ese puente a pie.  Por solo segundos salvaron sus vidas. Estos hechos son consecuencias de  la  tormenta subtropical Alberto. Para que se tenga una idea de lo ocurrido, en la provincia espirituana las intensas lluvias y los grandes escurrimientos dejaron varios puentes  fuera de servicio,  el embalse Zaza,  llegó a un acumulado a las 2. 00 a.m. de este martes de 1 174 millones de metros cúbicos de agua, volumen que desde ya se considera como el segundo almacenamiento más grande en la historia de la mayor presa de la isla.alberto1

   Así las cosas Miami esta mojado y mucho. Pero ahora nos recuerda la zona de la calle Flagler desde el Down Town hasta la avenida 27, donde desde hace más de un año se reconstruye esta importante arteria. Las zanjas, los grandes agujeros en la superficie, el abundante fango y la imposibilidad de transitar, tanto en vehículos como a pie, hacen que este sea un gran problema, al que estamos habituados ya a  esto en historias pasadas, no dejan de molestar y hasta hacer que algunos pequeños comercios y negocios, cierren sus puestas y todo esto sin poder reclamar a alguien, al menos por ahora. Logicamente los parqueos para vehiculos no existen en absoluto en esos tres kilometros de desatres.

   Todo nos trae el triste recuerdo de las épocas cuando agrandaron y repararon en muchos lugares la famosa Calle Ocho, del Sur Oeste de Miami. Todo fue un caos muy similar a lo que hoy ocurre con  Flagler. En esa ocasión duró años.

   Los “aguaceros de mayo”, como dice una pieza musical cubana de antaño, están haciendo de las suyas. Si bien es cierto que las lluvias son buenas para la agricultura y para los grandes almacenajes de agua, también se sufre al mismo tiempo esos excesos de ese líquido, que dañan mucho esa misma agricultura cuando es demasiado.

   Nuestra zona tiene un aceptable alcantarillado, con excepción de la Ciudad de Sweetwater y partes populosas de Hialeah, así como también en Kendall, el Downtown de Miami,  y South Miami, donde las inundaciones son frecuentes. Las vistas que salen en los noticiarios muestran calles convertidas en ríos donde algunos vehículos quedan varados por no poder atravesar esos grandes “ríos y lagos”, sobre el asfalto.

   En lo que corresponde a nosotros, los cubanos, ya traemos esa herencia climática desde nuestra isla y no nos sorprende mucho todo esto, lo  que pasa es que al estar acostumbrados precisamente a ello, sufrimos lo que antes no ocurría en nuestra  tierra, que los negocitos privados, que no abundaban en Cuba entonces, no sufrían, solo los estatales, que recibían la pronta atención del Estado, las inundaciones de bodegas, un parque, etc. Aquí no pasa lo mismo, ya que esos pequeños negocios han sido producto de muchos esfuerzos de sus modestos dueños, que en la mayoría de los casos son manejados por las  de familias y si no están asegurados contra los elementos no naturales, como las “construcciones del gobierno”, nada podrán reclamar y  el Municipio y el Condado – que son insensibles a todo esto –  no responderán por este desastre que dejará en ascuas a muchos pequeños dueños y más trabajadores desempleados.

   Si de veras los funcionarios electos y los nombrados de dedo, tuvieran el interés en solucionar este asunto de Flagler u otras zonas similares, ya se hubieran metido allí varias brigadas de agresivos métodos de trabajo para reducir en tiempo y obra estos inconvenientes al mínimo posible. Ninguno de ellos, al parecer, tiene a una tía o un primo o un amigo afectado por poseer un  negocio en el área, si así fuera otro gallo cantaría, como sucede en las grandes rotondas con jardines cuyo costo al menos es de un cuarto de millón de dólares, cada una,  en caso de ser pequeñas –  que hacen disminuir la velocidad del transito,  que son habituales en medio de calles más transitadas en las periferias de zonas importantes, precisamente por donde viven algunos de estos “mayimbes” de la política y la  burocracia miamense. Ellos disfrutan estas reducciones de velocidades del tránsito alrededor  de sus viviendas. El resto del pueblo en otras partes, no.

   Les habló para “Desde Miami”, Roberto Solís Ávila.