Reunificación de Corea a la vista

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Tal vez no ha llegado el momento para la reunificación de Corea del Norte y del Sur, aunque nunca estuvo tan cerca. Se trata del último país dividido como consecuencia de la II Guerra Mundial y de una trágica herencia de la Guerra Fría.
Los otros dos Alemania y Vietnam, de diferente modo lograron la reunificación. Para ambos, el resultado final fue el mismo, volvieron a su estatus histórico y sus pueblos fueron más felices y justificaron el axioma: “En la unión esta la fuerza”. Alemania es la primera economía europea y Vietnam un próspero estado. Ninguno quiere guerras y jamás han deseado armas atómicas.
La división de la península coreana, que no era imprescindible para la derrota del Japón, fue frívolamente pactada entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que las convirtieron primero en zonas de ocupación y alrededor de 1947 comenzaron a organizar gobiernos separados en estados artificiales divididos por fronteras más ideológicas que físicas.
La Unión Soviética entregó el poder a Kim Il Sung y Estados Unidos a Syngman Rhee, que en 1948 fundaron la República Democrática y Popular de Corea y la República de Corea. A diferencia de lo que ocurrió con Alemania y Japón donde tras la ocupación se fomentaron administraciones razonablemente democráticas, tanto en el sur como en el norte de Corea se establecieron regímenes autoritarios.
Norte y Sur fueron en la península coreana sinónimos de capitalismo y socialismo e instrumentos de la contradicción Este-Oeste. De hecho, la Guerra de Corea fue un conflicto entre la Unión Soviética y China de una parte y Estados Unidos por la otra que, por “persona interpuesta” libraron la mayor confrontación de la Guerra Fría, saldada por un armisticio que como las tablas no definen un ganador, pero eternizaron la beligerancia y la división.
No fue hasta 1992 cuando en Corea del Sur se eligió de modo directo al primer presidente civil. Entre tanto, en Corea del Norte gobierna una dinastía que con tres representantes ha cubierto setenta años.
La reunificación de Corea, como también lo fue la de Alemania y Vietnam, es viable porque no existen contradicciones nacionales antagónicas ni razones históricas que la justifiquen ni la sostengan. Ninguno de los dos estados puede prevalecer sobre el otro y el tiempo, con su interminable sucesión de generaciones, han dejado atrás los rencores que pudo haber generado la Guerra de Corea.
Entre tanto, las mutaciones políticas e ideológicas que dieron al traste con la Unión Soviética y redefinieron el perfil de China, favorecen el movimiento reunificador.
He escuchado decir que una Corea reunificada que introduzca en la región una nueva potencia económica, industrial y financiera, no le interesa a nadie, excepto digo yo, a los coreanos. Parece que eso es lo que ocurre a partir del debut de nuevos liderazgos en el Norte y el Sur, encabezados respectivamente por Kim Jong- Un y Moon Jae-in, que han logrado una extraña química con Donald Trump.
La reunificación parece posible porque obviamente no será en los términos del Norte, cuyo régimen político y modelo económico carece de atractivos para el sur, mientras que, a Corea del Norte no le será difícil asimilar el nivel y estilo de vida del sur.
De hecho, la actual división es alimentada casi exclusivamente por la beligerancia del Pentágono que para sostener sus tropas en Corea del Sur y asegurar su disposición combativa, realiza constantes maniobras y simulacros de ataque al norte.
Al redefinir sus intereses militares y geopolíticos, Estados Unidos pudiera facilitar los procesos positivos que se operan allí. Tal vez Donald Trump quiera su Nobel y al abrir caminos para la reunificación de Corea quizás lo merezca. Antes hubo otras sorpresas. Las uvas no están verdes. Allá nos vemos.