Ni siquiera cantan tangos

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Si los políticos de USA  al menos cantaran tangos como Conte Aguero

    El sábado recibí una llamada telefónica. Me dicen:

    —Oye, estás perdido. Desde los otros días que viniste y luego escribiste de misiles en Damasco y frías en Miami ni por teléfono sé de ti.

     —Ah, eres tú –respondí reconociéndole de inmediato la voz a mi amigo Irenaldo García, quien vuelvo a repetir nada tiene que ver con el esbirro batistiano de igual nombre. Me dije–: “Bueno, al menos tengo un lector.”

    —Tengo unos lagues más fríos que los de Damasco. Y quiero hablar contigo respecto a las elecciones de los otros días. Te voy a ir a buscar, pues parece que te vuelves más burgués que esos que sin chofer no salen a la calle.

    —¿Vienes en la moto?

    —Claro, o no ves el precio que tiene la gasolina.

    —Está bien –le aclaro–. Pero regreso en taxi.

    De nuevo me dispongo a jugarme la vida y como la vez anterior eran Old Milwake. Le digo:

    —Pareces representante de esa cerveza.

     —Ojalá –me responde–. Es que son baratas y tienen buena calidad. Y tal y como vamos con tu buen amigo Trump de presidente ni un par de cerveza dentro de un tiempo vamos a poder tomar.

    Realmente los lagues estaban helados y no llovía y la tarde era fresca bajo el porche en el fondo de la casa. La jarra, la que también tenía en el refrigerador era gemela a la de la vez anterior, con el mismo rótulo cubano de BUCANERO fuerte.

      —Bueno, dime, ¿qué pasa con las elecciones? ¿Vas a aspirar a algún cargo –le digo burlón.

     Me mira, toma un largo buche de cerveza y dice:

    –Escucha, Nicolo, por primera vez en estas elecciones para comisionados y alcaldes no salí a votar. Escúchame, cállate y no me critiques. Sé que hay que ejercer el derecho al voto para por lo menos tratar de elegir al menos malo. Pero me puse a pensar y a recordar a la Cuba de ayer. Aquella de tantos manengues sinvergüenza y ladrones, con sus almidonadas guayaberas blancas y su politiquería para aspirar a cargos. Comparé y tú no estarás de acuerdo, pero incluso aquella inmundicia era mejor que está. ¡No, no me repliques! Que voy a hacerte una pregunta. Fíjate, no me voy a referir a un Fidel Castro si Batista no hubiera dado el golpe de estado que apoyaron los americanos y Fidel sale, como iba a salir, electo representante y tanto en el Capitolio como en la radio y la televisión no para de denunciar con toda  firmeza el latifundio, el desempleo, el abuso al trabajador, la falta de hospitales y escuelas, la corrupción y toda aquellas lacras sociales que conocimos. Hubo otros pocos que también lo hicieron, pero nunca con la vehemencia ni los overocos que lo hubiera hecho Fidel. Hubo tremendos tribunos de izquierda, como Salvador García Agüero o Jesús Menéndez… Espera que te voy a traer otra cerveza —eso hizo y continuó–: Te he señalado solo a tres, a Fidel y a dos que eran comunistas del PSP. A los tres los voy a descartar. Me voy a referir a otros dos a los que luego el socialismo no les gustó y se fueron de Cuba y vinieron para Miami. A Pardo Llada y a Conte Agüero. El primero caviló profundo y echo un pie para Colombia, donde llegó a ser representante y parece que fue tipo respetado allá, y ya murió. El segundo todavía aquí está, con noventa años y dicen que todavía canta tangos queriendo parecerse a Gardel.

    —Está bien, pero no entiendo qué me quieres decir.

   —Nunca entiendes nada y es muy sencillo. Y a aquí va la pregunta: ¿Tú  crees que en Miami o incluso en los Estados Unidos existan dos políticos como el Pardo y el Conte que entonces el pueblo escuchaba por la forma viril y directa con que denunciaban el relajo y la corrupción que había en el país. Acuérdate que a Conte Agüero lo llamaban la voz más alta de Oriente y entonces defendía la justicia social. Pardo era el comentarista radial más escuchado en los años cuarenta y cincuenta y hasta tuvo un duelo a espada con no sé quién y a piñazos se fajó con el jefe de la policía de Carlos Prio. Por supuesto, en Miami estas facetas de ambos a favor del pueblo se ocultan. Solo se les presenta como anticastristas, pero en sus años mozos y varoniles nada tenían que ver con politiqueritos como los que por acá nos gastamos y que para hacerse los muchachitos buenos pagan una millonada para salir en televisión con sus niños en brazos o con la mamá al lado hablando lo bueno que son, pero ninguno capaz de denunciar con nombre y apellido el relajo que impera, ahora mismo ese de la calle Flagler que lleva dos años desbaratada, y ahí tiene que haber maraña de la grande, billetes circulando por debajo de la mesa, como en mil casos más. Y mucho menos acusan en serio de fascista y criminal al presidente por lo que hace separando a niños pequeños de sus padres. Y como aquí casi nadie sale a votar tú ves a los aspirantes a comisionados, alcaldes y senadores en los comedores de los viejitos de bajos recursos repartiendo galleticas y diciendo que les van a poner más guaguas, más policías para acabar con la delincuencia y mil mentiras más. Ninguno, ni de lejos, se parece al Pardo Llada o al Conte Agüero de aquellos tiempos, no importa lo que hicieron después aquí en Miami. Estos de aquí no tienen historias de que vanagloriarse y ni siquiera cantan tangos.

    —Tienes razón –le dije.

    —Entonces, Nicolo, ¿para que salir a votar? ¿Por dos politiqueros que son igualitos y lo único que piensan es llenarse los bolsillos  de billetes y en aras de lograrlo se insultan como hienas en lugar de presentar programas serios de gobierno. Pero no voy a ser extremista. A las presidenciales si voy  ir a votar, pues te digo que para senador y representante tendría que pensarlo, pues son puros lobos, sean demócratas o republicanos. Lobos de una misma camada, lo que no sería extraño, pues dicen que fue Carlos Marx el que inventó que en el capitalismo el hombre es el lobo del hombre. Aunque reconozco excepciones. Las hay, aunque sobran los dedos de una mano para señalar a los buenos. Mira, ahí tienes a Bernie Sander, pero su programa, que es a favor de la paz y del pueblo norteamericano no gusta a ese uno por ciento de la población que es el de los multimillonarios y el de los grandes consorcios que desde las sombras son los que mandan en este país y por supuesto tachan a Sander de comunista, echan a rodar millones de dólares en su contra y así no sale ni en lo muñequitos.

    Mi amigo fue a traerme otro lague, creo que el tercero, pero le dije que no y para chivarlo le advertí que me iba, que quería ver los juegos del mundial en Moscú.

    —Pero así estás cayendo –me dijo y llamó por teléfono para que me vinieran a recoger.

    Creo que se puso algo bravo conmigo, pues me dijo:

    —Nicolo, coño, no son tiempos para estar en la bobera de futbol.

    Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.