Cuba, Falleció Rafael Daniel: Un periodista imprescindible

 Rafael Daniel constituyó un ícono para el periodismo espirituano y de toda Cuba, de él nos quedan mil y tantas anécdotas que lo retratan con alegría y laboriosidad. Pierde el periodismo y la UNEAC a un insigne miembro. Un abrazo grande de sentido pésame a su familia, amigos y colegas.

Al leer hoy varias  crónicas de sus colegas volví a verlo y escucharlo. Tengo como todos los periodistas espirituanos experiencias que contarles del amigo y el cubano fiel. Es impensable imaginar que Rafael Daniel  va a dejar de caminar por las calles de la villa espirituana  o más increible todavia, dejar de recordarlo vivo siempre, porque sembró una historia profesional difícil de igular.

Aqui les dejo con dos crónicas dedicadas a Rafael Daniel, escritas por dos excelentes  periodistas Elsa Ramos y Mary Luz Borrego

Falleció periodista Rafael Daniel.
Porque cuesta escribirte y pensarte en pasado, lo diré a la manera en que tú mismo lo harías: falleció José Rafael Hernández Castellanos o debo decir, sencillamente, Rafael Daniel, el periodista de la televisión espirituana, el de Cuba o aún más a tu manera, el bisco de Agramonte, el hijo de Elena y Juan Rafael.
¡Caramba Daniel! Me siento extraña entre tanta luctuosidad, en estas líneas que buscan definirte en tu justa exactitud desde que esta madrugada una llamada telefónica me trajo la única noticia que podré escribir antes que tú. Sé que cuánto diga aquí sobre ti y cómo lo diga, lo admitirás desde la sinceridad y la sencillez conque te conocí y te conocieron.
Lo diré a la manera de una colega. Cuestionado por unos y aplaudido por otros, controvertido y popular, te hiciste notorio y visible y ahora sería difícil no hablar de tu partida por más que nos parezca injusta justo a punto de cumplir 71 años.
Por más que hace rato la muerte te rondaba en esa lucha inclemente que le plantaste hace meses al cáncer inoportuno, cuesta asimilarla en ti por esa fuerza personal de encarar la vida, por esa forma de asumirla con el optimismo de quienes se resisten a dejarla aunque una enfermedad casi te impida caminar y oir los ruegos de los tuyos que te mimaron hasta tu último suspiro por más difícil que les fuera mantenerte en una cama.
Bastaría entonces resumirte en el hombre que hizo del periodismo un sacerdosio desde que cambiaste tus indumentarias de estibador, ayudante de albañil, maestro, instructor de teatro y hasta cantante por el de la pluma, la agenda, el micrófono.
Bastaría resumirte en el profesional que desde el empirismo, el talento y el conocimiento esculpió noticias y retrató el mundo en las ondas de Radio Sancti Spiritus y Radio Rebelde, las letras de Escambray, la vorágine de INTERNET y la imagen de la televisión.
Bastaría decirte en el profesional de olfato natural que olía la noticia a kilómetros de distancia, que irrumpía sin protocolos en el espacio de las fuentes, que fustigó con su verbo lo mal hecho o enalteció los hechos a la usanza de la objetividad o atrapó el mundo en documentales y que un día quisimos compensar cuando te entregamos con justicia, el primer premio Por la obra de la Vida que dimos en Sancti Spiritus para gratificar en parte más de cuatro décadas de ejercicio profesional del más enjundioso de los avales.
No cabrían aquí los materiales que justificaron tus decenas de premios y reconocimientos en cuanto concurso provincial y nacional recompensó tu sagacidad, emprendimiento, valentía y tamaño profesional que hicieron de ti un reportero cinco herramientas.
Y por que sé que lo tenías como la mayor de las gratificaciones, remarco aquí lo que te llevas como un privilegio: ser el único periodista espirituano que entrevistó cuatro veces a Fidel Castro, aunque para ello desafiaras los rigores de su seguridad personal.
De todas, una te hizo especialmente célebre. Aquella de la que se gestó la construcción del telecentro espirituano por decisión de Fidel, después de verte dando tumbos con aquella cámara vieja que te acompañó por años tus viajes a Santa Clara desde donde Sancti Spiritus, su quehacer y su gente pudieron verse.
Créeme. Hubiese querido hacer con esta crónica lo mismo que tú con aquella entrevista inventada que me publicaste sin consentimiento.
Porque me sucedió como a todos los que nos acercamos a tu lecho en los últimos meses, no quiero pensarte casi sin vida. Me quedo con la imagen del Daniel intranquilo, vigoroso, bien llevado, intempestivo y luchador que hizo de la piña de la UNEAC un espacio imprescindible, que desafió protocolos, que construía primero la noticia, que hizo de los archivos el mejor de los aliados. Me quedo como con el Daniel, que sencillamente dejó su alma y su vida prendida en un oficio y una cámara de televisión.

Falleció Rafael Daniel: Un periodista imprescindible

Por: Mary Luz Borrego

Rafael Daniel en la cobertura a una de las visitas de Fidel a la provincia. Foto: Periodico Escambray

A los 70 años falleció el colega y amigo que prestigió el oficio con tanta laboriosidad, su quehacer multimediático y esa personalidad campechana que lo convirtió en un espirituano singular.

Muchos años más tarde y por el resto de nuestras vidas, él recordaría entre carcajadas cómo aquella flacucha y tímida estudiante de Periodismo le había despalillado su información sobre la producción de pasta de tomate en la fábrica de conservas. Otro en su lugar se habría molestado. Por entonces yo cursaba el cuarto año de la carrera y me habían ubicado en la televisión para hacer las prácticas. La primera impresión resultó fatal: él me pareció hablantín, extrovertido de más, alardoso, medio desfachatado.

Cuando aquello no existía el telecentro espirituano y debía trabajar con el corresponsal de ese medio de prensa en Sancti Spíritus. En uno de nuestros primeros viajes a Santa Clara, en aquel jeep Niva destartalado que él manejaba siempre de medio ganchete, saludando a diestra y siniestra, me dio —sin más ni más— la información de marras para que se la revisara. En realidad, solo le corregí algunas formalidades porque desde aquel entonces en lides informativas nadie le ponía un pie delante a Rafael Daniel.

Lo conocía todo el mundo en Sancti Spíritus y un bastante más allá. El Rafa, el Dani, lo llamaban sin formalidades a su paso y con los años se convirtió en un tipo chévere, pintoresco y famoso que aprendió a reírse hasta de su grotesco sobrenombre. Siempre hablaba de Elena, la madre; de los tres hijos y de los nietos; de Rosario, “la guajira”, con quien construyó un hogar y una familia, la única que supo sobrellevarlo en las verdes y en las maduras allá en su casa de la calle Agramonte.

Han pasado imperceptibles 30 años de aquel primer encuentro, de aquella anécdota, de tantas enseñanzas útiles y ahora llega esta muerte inoportuna y anticipada porque alguien con tanta vida no merecía marcharse apenas con 70 años. Las enfermedades y descuidos hacia sí mismo lo fueron desgastando: la diabetes, el corazón, trastornos renales, digestivos, tumores… Pero ninguno de esos tantos padecimientos lo llevó a la jubilación, ni aniquiló su espíritu o su pasión primera: el periodismo.

Aunque alguien escribió que parecía un personaje salido de las novelas del siglo XVIII por sus tantos trabajos —obrero de la construcción, estibador, maestro, cantante de cabaré, actor de teatro—, a este hombre singular todos van a recordarlo por su oficio de reportero: lo mismo escribía un reportaje de la arrocera que una información de la presa Zaza, o se aparecía con una crónica a determinada figura del territorio.

Iniciador del movimiento de corresponsales voluntarios, entró a los medios de prensa por Radio Sancti Spíritus y la CMHW de Santa Clara, para después convertirse en fundador del periódico Escambray y de Centrovisión Yayabo.

En la televisión echó raíces definitivas, desde los tiempos en que se desempeñaba como corresponsal nacional y hacía clasificar a Sancti Spíritus casi todos los días en el NTV, hasta sus últimos días, cuando escribía guiones o preparaba alguno de sus alrededor de 50 documentales sobre el turismo, las tradiciones culturales o el patrimonio trinitario.

Con 40 años en el periodismo, a pesar de una formación empírica, conquistó más de 270 premios nacionales y provinciales a costa de una laboriosidad ejemplar y con una fórmula que alguna vez reveló: “Sin pretender darme brillo ni mucho menos, lo que te da la posibilidad de improvisar es el conocimiento que tengas sobre los distintos temas. El periodista tiene que estar en constante superación, conocer de todo”.

Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba, de la Unión de Historiadores y de la Unión de Escritores y Artistas, en el 2008 se convirtió en el primer colega espirituano en recibir el Premio Provincial Tomás Álvarez de los Ríos por la obra de toda la vida y en su larga lista de reconocimientos aparecen además los premios nacionales de Periodismo Económico, de Periodismo Azucarero, Primero de Mayo, entre tantos otros.

Durante más de 20 años se mantuvo como corresponsal de Radio Rebelde y del Noticiero Nacional de Televisión, a despecho de una voz ronca que no lo acompañaba y de su figura, más desgarbada que elegante. Quizás muchos desconocen su mérito más preciado: ser el único reportero del territorio que consiguió entrevistar cuatro veces al Comandante en Jefe Fidel Castro y aprovechar casualmente uno de esos encuentros para convertirse en eslabón decisivo a la hora de gestar el telecentro local.

Con una vocación inquebrantable, su versatilidad profesional lo llevó a desterrar prejuicios analógicos para incursionar con éxito en el mundo digital de Internet y las redes sociales. Desde su blog llevó al mundo temas políticos, económicos, culturales, pintorescos y por su fidelidad a la Revolución allí recibió hasta alguna amenaza de muerte.

Desenfadado en el vestir al punto de a veces parecer desaliñado para la ocasión cuando se aparecía en chores y sandalias a alguna cobertura periodística, popular y amistoso, dicharachero y jodedor, alegre y comilón, amante de la trova y el folclor, auténtico cubano y buena persona, el nombre de José Rafael Daniel Hernández Castellanos siempre le quedó demasiado largo y quizás por eso solo lo reservó para los documentos oficiales.

Hace 13 años el amigo Rafael Daniel se apareció en casa para conocer a mi hijo recién nacido: “Se te acabó la soledad, guajira, ahora siempre alguien te espera”, me dijo con cariño y soltó una de aquellas palabrotas por las que siempre lo corregía. A seguidas empezó a meterme una descarga sobre lo humano y lo divino que terminó con una confesión sobre alguno de sus muchachos. Ya no regresará de visita. Solo me queda escribir con dolor y cariño, más de amiga que de colega, este obituario para un periodista imprescindible.

Rafael Daniel en una asamblea de balance de la Uneac. Foto: Vicente Brito/ Escambray

Con su habitual sombrero el día que recibió la noticia del premio por la obra de la vida. Foto: Oscar Alfonso