Alguien tiene que decirlo

tailandiaTraducido desde el más allá por Max Lesnik
El mundo vive bombardeado  por noticias- más malas  estas que buenas-  ya no solo por los tradicionales medios masivos de comunicación,  sino que a las emisoras  de radio y televisión , revistas  y periódicos, ahora en estos tiempos de la revolución de la Internet se han sumado al bombardeo los miles y miles de emisores que operan a través  de la Red Global en todos los idiomas que lo hacen mañana tarde  y noche,  como para que nadie  pueda decir que no se enteró de  que tal o más cual acontecimiento había sucedido en un oscuro punto del planeta.

Y aquí viene a colación la noticia que ha mantenido en vilo a todo el mundo en las últimas semanas que tuvo lugar  en un apartado sitio  de las  selvas de Tailandia, donde doce adolescentes integrantes de un equipo juvenil de futbol llevados  de la mano y la mala idea  de su irresponsable  entrenador,  quedaron atrapados  en una cueva de profundas y peligrosas interioridades en la que sus vidas  corrieron  peligro en todos estos tormentosos  días en que ocurrió este drama  terminando felizmente con  su rescate. Por  suerte,  terminó   esta odisea,  gracias a los heroicos  rescatistas,  uno  de los cuales pereció  en el ingente salvamento.

Y ahora vamos al grano de esta historia. Si toda tragedia tiene un gran  culpable, en este caso de los niños atrapados en una cueva de Tailandia,  el único responsable  de  este  drama humano  que ha consternado al  mundo, es el  entrenador de esos muchachos que ha jugado  con  ellos como si esta loca aventura fuera un inocente partido  de fútbol. Que no ve vengan con el cuento chino de que el  culpable en  esta historia  es un “héroe” porque como monje budista puso a los muchachos  a meditar en la cueva en espera  y calma  en  medio  de esta situación  desesperada .

Y como nadie lo  ha dicho y alguien tiene  que decirlo,  lo digo yo, no para hacer leña  del árbol caído sino para que una dolorosa historia como esta no vuelva a repetirse.  Es que ni esos niños  son ratones ni el “seso hueco”  de su entrenador  es el  flautista de Hamelín.

Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría.Bambarambay.