Síndrome de Estocolmo

   Muchas veces se ha escuchado o leído esta frase “Síndrome de Estocolmo”, que es tan simple como llegar a simpatizar con los captores durante un secuestro o una retención involuntaria de rehenes.

   Pero vamos más allá. Esa sensación sicológica es muy rara pero tiene su explicación. Muchas veces se actúa así por conveniencia propia para evitar una escalada de los hechos  del delito en sí que se desencadenen en males mayores  para las víctimas. También se actúa con cierto afecto hacia los captores debido al temor a que  la reacción de la policía se torne violenta y sean las victimas entonces de ambos riesgos. Estos sentimientos son compartidos a veces por los mismos captores hacia los rehenes.

   Un hecho ocurrido en esa capital de Suecia en 1973 originó este calificativo. El 23 de agosto de 1973, Jan Erik Olsson intentó asaltar el Banco de Crédito de Estocolmo, en Suecia. Tras verse acorralado tomó de rehenes a cuatro empleados del banco, tres mujeres y un hombre. Entre sus exigencias estaba que le trajeran a Clark Olofsson, un criminal que en ese momento cumplía una condena. A pesar de las amenazas contra su vida, incluso cuando fueron obligados a ponerse de pie con sogas alrededor de sus cuellos, los rehenes terminaron protegiendo al raptor para evitar que fueran atacados por la policía de Estocolmo. Durante su cautiverio, una de las rehenes afirmó: «No me asusta Clark ni su compañero; me asusta la policía». Y tras su liberación, Kristin Enmark, otra de las rehenes, declaró: «Confío plenamente en él, viajaría por todo el mundo con él». El psiquiatra Nils Bejerot, asesor de la policía sueca durante el asalto acuñó el término de Síndrome de Estocolmo para referirse a la reacción de los rehenes ante su cautiverio.

   De acuerdo a informe del FBI estadounidense en pruebas de 4,700 atracos que envolvieron secuestros de rehenes, un 27 %,  1,269 experimentaron esta reacción de lealtad a un abusador más poderoso – a pesar del peligro en que esta lealtad pone a la víctima de abuso – es común entre víctimas de abuso doméstico, los maltratados y el abusador de niños (infantes dependientes). En muchos casos las víctimas eligen seguir siendo leales a su abusador, y eligen no dejarlo, incluso cuando se les ofrece un lugar seguro en hogares adoptivos o casas de acogida.

   Traigo esto a colación debido a que los hechos relacionados con los grupúsculos que se enfrentan la realidad cubana, son precisamente rehenes de una política absurda que les lleva a depender de esta, consientes o inconscientes de que son como títeres de titiriteros mayores. “Me debo portar bien con los que me ofrecen algo, aunque estoy seguro que ese gesto tiene dobles manipuladas intenciones, pero me conviene más asumir esta posición”. Así se pensaría por parte de los “títeres” del imperio que por trasmano logra convertirlos en dóciles corderos para usarlos para sus intereses.

   Los elementos que se autodenominan adversarios de gobierno cubano, lo son a su vez del mismo pueblo que comparte sus intereses más perentorios. Eso lo prueba la historia si se atiende con cuidadosa atención. Muchos gobiernos, con una ideología popular,  representan en la mayoría de los casos,  los intereses de la ciudadanía, por lo tanto oponerse a este sería como oponerse a sí mismo como parte de esa sociedad. Son algunas  masas de una nación y no su pueblo como tal, las más vulnerables a ser manejadas por diferentes intereses especiales que apuntan a un solo lado.

   Es por ello que los adversarios a la Revolución Cubana – que muchos son vistos por la mayoría del pueblo  como enemigos, aunque en muchos casos pacíficos – son fácilmente manipulados por una muy sutil línea ultraderechista enemiga de los pueblos del mundo. Sin embargo se dejan llevar por la corriente que les premia con migajas de los grandes estipendios y presupuestos con que cuentan por parte del imperio del mal.

   Ahí les dejo esta reflexión sobre este síndrome que puede convertirse en una enfermedad si no se maneja con el cuidado adecuado. A los adictos al cine o a las series les recomiendo una de 22 capítulos en NETFLIX que se titula “La casa de papel”  que es muy interesante sobre este trema.

   Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís Ávila.