5b677521a82c1 (1) Según diccionario, supuesto significa fingido, falso y, en la más suave  de la adjetivización, significa suposición o hipótesis. Un drone no es nada parecido y ni por asomo asunto de morfología o sintaxis, del habla o la escritura. Es un aparato material, volador, que haciendo ruido puede desplazarse muy bajo por el aire, cerca de la gente y llevar cámaras de video y hasta artículos comerciales para distribuir. Puede no acarrear nada y usarse solo como simple entretenimiento. También puede transportar mortíferas cargas explosivas.

     Y bien se sabe que se es persona no solo por estar inscrito uno en un registro de nacimiento. La gente es nervio, carne, huesos, tendones, masa encefálica. Así que nada de supuesto puede tener, por ejemplo, un ex sargento retirado de la Guardia Nacional Bolivariana que lleva el alias de Bon ni sus compinches terroristas que con dos drones que tampoco podrían ser supuestos y menos cuando cada uno llevaba la carga de un kilogramo del potente explosivo C-4. Dos artefactos aéreos con los que pretendían volarl las cabezas al presidente Maduro y a buena parte de su gobierno y jefes militares durante un acto de masas en conmemoración del 81 aniversario de la creación de la Guardia Nacional Bolivariana en la caraqueña y céntrica Avenida Bolívar.

    El ex sargento, no obstante su clerical apellido- Monasterio- fue apresado con las manos en la masa cuando bajaba el aparato volador de un auto marca Chevrolet. Llamó la atención y fue rodeado por gente del pueblo. Detenido habló hasta por los codos y denunció la trama del criminal complot en el que participaron, con diferentes responsabilidades, diecinueve personas, entre ellos varios diputados opositores y gente en Colombia y Miami. A varios de ellos, la televisión venezolana los presentó y revelaron detalles de la masacre nada supuesta que pretendían cometer.

   Como se informó, la Seguridad del presidente interfirió por sistemas de radio a los drones que fuera de control estallaron donde los terroristas no calcularon, aunque dejaron heridos a siete funcionarios. Así que nada de supuestas fueron las explosiones, ni supuesta la sangre de los militares heridos en la caraqueña Avenida Bolívar.

    Pero esta crónica no es para denunciar el fallido magnicidio ni sus tentáculos e implicaciones dentro y fuera de Venezuela. Simplemente el cronista quiere de manera nada supuesta recordar la forma en que los medios masivos de comunicación de Miami, y también de otros sitios, trataron de manipular lo ocurrido.

     Aquí entra a jugar el adjetivo “supuesto,” que en esos medios no se dejaron de anteponer a los hechos. Adjetivo que como decíamos al principio significa fingido, falso, simple hipótesis. Supuesto era el intento de atentado, supuestas eran las explosiones que se escucharon, supuestas fueron las declaraciones de los detenidos… eso querían llevar a la mente del público y es probable que los bobos lo creyeran.

    En cambio si ante la televisión miamense se presenta un rozagante y bien trajeado de esos llamados disidente cubanos no aparece ni una supuesta duda de lo que dice. Si es de la raza negra su piel brilla de tanta salud y unos y otros fantasean sobre las atroces torturas que recientemente sufrieron en Cuba, del hambre que la incapacidad de los dirigentes comunista han llevado a Cuba… para minutos después, sin que cause asombro ni la más ligera pregunta de duda en los conductores del programa, decir que dentro de unos días regresan a la Isla, pero no en clandestinaje, no a escondidas de los acechantes torturadores. Vuelan de regreso con su pasaporte cubano, nada de credencial falsa y bien elaborada por especialistas de la CIA. Ellos sin pintarse el pelo, sin un artificio bucal que le transforme los labios, con el peinado de siempre y si son calvos sin una peluca.

    Pasaporte donde aparece su verdadero nombre y su foto, tal y como lo conoce no solo su esposa, sino  hasta el cartero y el flaco policía del barrio. En el aeropuerto internacional “José Martí” la funcionaria de Inmigración lo recibe como a cualquier viajero. Le dirán, si los usaran, quítese los espejuelos y mire la cámara, le devuelve el pasaporte y  en la lenta y dessperante estera que da vuelta rodeada de viajeros,  recoge sus maletas con los cachivaches y pacotillas adquiridas en Miami, toma un taxi o monta en el auto que lo espera y abandona el aeropuerto rumbo a sus destino, que casi siempre es su vivienda y donde seguro, dándose importancia, contará de alguna entrevista con algún gran senador o representante norteamericano mientras junto a los reunidos saborea unas Cristal o unas Bucanero, o sin tacañería invita de una de las botellas de whisky que orgulloso transportó en el maletín de mano.

    Así los reciben. Sin embargo, para los medios de Miami la represión que denuncian esos rozagantes opositores ante las cámaras de televisión no es supuesta. Es real, brutal, horrible, criminal. Los coroneles Ventura y Carratalá, quienes tranquilos y de viejos murieron en Miami, serían pobrecitos niños de pecho a pesar de haber hecho lo que hicieron en aquella Cuba de régimen muy amigo del de Washington por aquellos años cincuenta, cuando muchos jóvenes eran hallados entre los yerbajos de una cuneta con los testículos destrozados, n hueso roto y cuatro balazos. Pero como seguramente también para Washington eran supuestos torturados, el Departamento de Estado no destinaba millones de dólares para velar por los derechos humanos en la Isla, Billetes verdes que ahora se distribuyen a los opositores que sin problemas salen y entran de la Isla y en Miami hacen cuentos que casi quieren asemejar a los de los judíos en los campos de concentración nazi.

    Según Miami, en Caracas supuestos fueron los drones con su carga de un kilogramo de C-4. Supuesto el intento de asesinato del presidente Maduro y de buena parte de su gobierno y de altos oficiales del ejército. En Caracas todo fue invento, suposición, falsedad del gobierno. Por el contrario, nada hay de supuesto con el opositor cubano que dijo haber sido brutalmente torturado días atrás sin que presente ni dolorcito en un codo, ni un arañacito en su ancho y bien alimentado pescuezo.

    Y ya que tal vez aburridamente esta crónica ha girado alrededor del adjetivo “supuesto,” pido permiso al lector para ponerle punto final usando una locución adverbial que se crea antecediendo a ese adjetivo la preposición “por,” cuyo significado ahora es “sin duda alguna.” Y entonces digo: por supuesto que lo que ocurre no es para asombrarse. Todo es puro y viejo sainete político. Lo cotidiano en este trozo sureño de península donde  los hechos y el idioma se manejan no en “tierra de libertad,” como tanto se pregona, sino con intere$ada y abyecta lengua suelta. Sin embargo, deseamos que ni las Bucaneros ni las Cristales, o el whisquicito, caigan mal en los estómagos de los recién llegados opositores. Pues, por supuesto que en la Isla ellos nada representan, ni siquiera una insignificante fracción del uno por ciento de una población que ahora libremente discute el nuevo proyecto de Constitución, mientras el Miami que les paga con unos billeticos verdes, pues el grueso se queda en estos lares, embauca a sus radioyentes y televidentes con el supuesto de que esos rozagantes y bien trajeados señores poseen algún crédito en la Isla.  

    Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.