dolares-a-euros..De cuando en vez, en la política internacional aparecen presuntos redentores que hacen proselitismo para sumar incautos a causas sin futuro. Entre otros ejemplos se escuchan afirmaciones festinadas acerca del comercio, las finanzas, y el sistema monetario internacional que atribuyen la actual arquitectura a sórdidos manejos imperialistas, ignorando que se trata de procesos que acompañan a la humanidad desde sus orígenes, y que se han modificado a partir de situaciones extremadamente complejos.

Por ejemplo, algunas economías emergentes, incluso relativamente pequeñas, han concebido la idea de asociarse con otras para realizar sus transacciones comerciales en sus respectivas monedas nacionales, con el fin de liberarse de la “tiranía del dólar”. El más reciente capitulo es el llamado a librar “una guerra santa” contra la divisa estadounidense.

Es curioso que quienes sostienen semejantes discursos lo hacen en el contexto de conflictos coyunturales de naturaleza política o comercial con Estados Unidos, lo cual evidencia que no se trata de decisiones “técnicas” adoptadas por sus méritos para beneficiar a las economías nacionales, sino de respuestas a situaciones específicas y paliativos circunstanciales. Las aventuras en ese campo disfrutan de escaso consenso, y sus oportunidades son pocas.

La Primera Guerra Mundial, que arruinó económica y financieramente a Europa, la Gran Depresión, que trastornó la economía y las finanzas norteamericanas, la Segunda Guerra Mundial, que desestabilizó la economía mundial y propició un boom para Estados Unidos, fueron eventos ocurridos en apenas treinta años que caotizaron el comercio y las finanzas internacionales, lo cual unido al inicio del más reciente capítulo de la globalización, hicieron necesarias medidas a escala mundial. Unas se adoptaron en Breton Woods y otras en La Habana.

En 1944 se efectuó en Bretton Woods, New Hampshire, la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, en la cual participaron los países más industrializados del mundo de entonces. (La URSS se retiró por no estar dispuesta a compartir con occidente los datos de su economía). Allí se decidió la creación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, adoptándose el uso del dólar estadounidense como moneda de reserva internacional.

La razón para esta última decisión era obvia: entonces no existía ninguna otra moneda, ni todas juntas, con solvencia para ofrecer las garantías necesarias y mover las enormes sumas de dinero que demandaban la reconstrucción de Europa y Japón, respaldar el tránsito de la gigantesca maquinaria económica de los Estados Unidos a la normalidad, estabilizar las monedas europeas, y generar empleo para más de diez millones de desmovilizados. De no haberse adoptado tales soluciones el Viejo Continente pudo haber regresado a las cavernas, y Norteamérica no hubiera tenido a donde exportar sus manufacturas, ni el Tercer Mundo sus materias primas.  

Por otra parte, en 1947 como parte de aquellos esfuerzos y para construir un marco regulatorio del comercio mundial y la adopción de aranceles aceptables para las partes, se efectuó la Conferencia de La Habana, en la cual se concretó la implementación del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT).

No es lo mismo que grandes economías como las de Europa Occidental adopten una moneda común, o que China y Rusia, con un enorme volumen de comercio bilateral, a partir de conveniencias mutuas, realicen parte de sus intercambios en las respectivas monedas nacionales, o que Venezuela maniobre con un signo monetario virtual para afrontar una coyuntura de guerra económica; que realizar ejercicios de demagogia política generando la expectativa de que el sistema monetario y el comercio global pueden ser cambiados caprichosamente.

  El realismo y la cordura son componentes esenciales de la sabiduría política, mientras que el aventurerismo lo es de la ignorancia y del oportunismo. Allá nos vemos.