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El 28 de setiembre de este año 2018, asistí a una recepción en la Misión Cubana de las Naciones Unidas en New York. No es la primera vez que asisto a estos eventos.

Una particularidad del mismo respecto a la última vez que allí estuve para saludar al General Raúl Castro, a la sazón Presidente del país en ese momento fue que, en aquella ocasión, la reunión convocó extranjeros amigos de Cuba; estadounidenses de todos los sectores y además a un grupo de cubanos que residimos en Estados Unidos de América. En esta oportunidad sólo hubo cubanos emigrados, algo que resaltó la importancia que el nuevo gobierno concede a quienes han decidido vivir fuera del país.

La reunión con los estadounidenses fue realizada en privado. Consistió en un intercambio con empresarios, gente de la cultura y ciudadanos de ese país que sienten gran bochorno por la política inmoral de Estados Unidos en contra de una nación que jamás ha agredido a la Norteamérica estadounidense.diaz-canel-cubanoamericanos3-755x490

El nuevo Presidente, Miguel Díaz Canel, manifestó una gran sencillez, mostró afecto hacia las decenas de manos de emigrados que, por cerca de dos horas, le extendieron el saludo de agradecimiento por la invitación. Mostró ser un hombre de pueblo, sencillo, viaja con su mujer, toca tumbadora, baila salsa y escucha las conversaciones con mucha atención.

Una hora antes de la recepción, fui invitado a una entrevista por el canal Univisión. Acepté, sabiendo que la misma no saldría al aire. Estas entrevistas, en un medio tan represivo para todo lo que signifique divulgar cualquier incidental que muestre una cara bondadosa del gobierno cubano, es borrado y prohibido, so pena de que las personas responsables de sacarla al aire, sean regañadas por la junta editorial del medio.

La razón es clara, en mi entrevista, cuya primera pregunta fue “¿qué cree de esta reunión?”. –Contesté, “no es una reunión, es una recepción”. La segunda tenía el consabido espíritu de convertir un evento simple, de bajo nivel político, en confrontación. “¿Y qué ud piensa decirle a Díaz Canel si lo ve?”.

—“Pienso saludarlo y recordarle que siendo Primer Secretario del Partido en Villa Clara, cuando nadie pensaba que sería Presidente del país, excepto por el funcionario gubernamental encargado del evento, quien ya entonces, desde aquel año 1995 lo consideraba “un cuadro que llegaría lejos”, recibió a los cubanos emigrados que participaron en el seminario de Democracia Participativa en esa provincia. También saludó a los miembros de las diferentes instituciones cubanas y a destacados dirigentes del Buró Político provincial y otros miembros del Partido Comunista de esa provincia que allí participaron junto a los cubanos residentes en el exterior.

Debo destacar que los Seminarios de Democracia Participativa, confeccionados por un emigrado como Amalio Fiallo, fueron autorizados por las máximas autoridades cubanas del momento, incluyendo en primer lugar a Fidel Castro; recibieron el apoyo de los diversos sectores, a lo largo y ancho de la Isla; se celebraron más de 40 y desde posiciones diversas, pero unidos por el ideal común de una mejor sociedad, emigrados cubanos y ciudadanos residentes   en la isla, debatieron civilizadamente sobre democracia, economía, política, cultura y relaciones internacionales.

Tercera pregunta: “Pero, ¿qué le dirá usted sobre Cuba?”  “Mira” respondí, “ya dije que se trata de una recepción, lo cual consiste en la confluencia de un grupo de personas que por algún u otro motivo el gobierno estima deben ser invitados y cuyas razones básicamente se fundamentan en el agradecimiento a sus labores”.

Cuarta pregunta: “¿Y a usted porqué lo invitan?” “Muy sencillo”, me apresuré a decir. “Yo estuve preso muchos años y no precisamente por discrepar del gobierno y expresar ideas contrarias al gobierno, sino por conspirar por medios violentos, armados y planear acciones que hoy universalmente son catalogadas de terrorismo. Por ese motivo estuve 10 años en prisión, pero desde que me pusieron en libertad y desde antes de salir de prisión e incluso a los pocos meses de mi condena, para quienes me conocieron allí, estuve opuesto a la injerencia de Washington en los asuntos internos de mi país y he hecho labores públicas en ese sentido. Fui uno de los fundadores de los Seminarios de Democracia Participativa, que dirigió el profesor emigrado Amalio Fiallo y organizó Nicolás Ríos también antiguo profesor de la Universidad de La Habana; de la Revista Contrapunto de la cual fui primer consejero editorial; de Radio Miami junto a Max Lesnik y también  tengo una larga lista de participación activa en los medios alternativos, desde la aparición de Radio Progreso, fundado por el ya fallecido Francisco González Aruca y en algunos medios locales que, en la década del noventa, acostumbraban a invitar a sus programas a voces alternativas”.

En términos generales, con variantes en el tono y la forma de las preguntas y respuestas, ese fue el contenido de mis declaraciones.

Obviamente, esa declaración no podían publicarla porque las noticias que ellos propagan son aquellas que presenta al gobierno cubano como intrínsecamente perverso y malo. Por consiguiente, el hecho que invitaran a alguien como yo, quien no era el único en esa reunión que hizo contrarrevolución violenta o coordinara actos violentos en contra del Estado cubano en los primeros y convulsos años del comienzo de la Revolución, ofrece una visión de un gobierno con capacidad de negociar y entender los procesos. Es decir, no es tan malo como lo pintan, porque de serlo, no invitaría a “tipos” con historias semejantes. Publicar esas declaraciones, daría la impresión que el Estado cubano tiene la capacidad de renovarse y eso no es lo que quieren los medios radicados en Miami, quienes realizan un ruin esfuerzo para que las nacionalidades no cubanas que viven en esta ciudad y el sur de Florida, tengan una visión desacreditada de Cuba.

Quienes fueron a esa recepción, con muy contadas excepciones, no son simpatizantes del gobierno cubano. Son cubanos que aman a su país y están en desacuerdo con las políticas injustas de Washington hacia Cuba y que desean además participar en los procesos de transformación del Estado cubano, dentro de la concepción de un Estado socialmente orientado.

Pero los medios oficiales del sur de Florida en el área específica de Miami, tal y como acabo de expresarlo, hacen una intensa labor para confundir principalmente a las nacionalidades no cubanas que viven en el Condado.

A los cubanos ya es difícil confundirlos, porque las nuevas generaciones llegadas a partir de la década del 80 y los nacidos en el exterior, están cansados de escuchar palabras que dificultan las soluciones, girando siempre en torno al rencor y la revancha. Sin embargo también debo destacar que la difusión de noticias distorsionadas complace a los opositores o contrarrevolucionarios de oficio.

La Revolución Cubana, no es tan mala como la pintan ni tan buena como algunos dicen. Ni una cosa, ni otra. Aunque está más cerca de los últimos que de los primeros.

 

Carlos Fernández de Cossío y el autor

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