Cinco mil años  de sabiduría Chinadragon2

En estos momentos en los que  el  impulsivo y prepotente  Presidente norteamericano Donald Trump  está amenazando a China con una peligrosa “guerra”  de  tarifas arancelarias- algo  que de llevarse a cabo en toda  su magnitud,  nadie puede predecir las  funestas consecuencias   que tendría para la economía mundial-  me viene a cuento una  aleccionadora “experiencia china”  de  mi juventud.

Fue aquel   un  lance inolvidable  del que salí muy mal  parado  al tropezar mis ímpetus de imberbe revolucionario de entonces con la acumulada sapiencia  milenaria de un humilde hijo  del lejano Oriente, que se buscaba la vida como vendedor  de billetes  de lotería en aquellos  años sangrientos   de la oprobiosa dictadura de Fulgencio Batista, a mediados  de  la  década de los  años cincuenta  del  pasado siglo XX.

Eran tiempos difíciles  y peligrosos, sobre todo para quienes como yo andaba en trajines conspirativos, actividades riesgosas  que me habían llevado  a vivir clandestinamente  en un inseguro  escondite ubicado en una casa  amiga de la barriada  habanera del reparto Santos Suarez.

Un día bien  temprano en la  mañana salí de mi escondite de la calle “Libertad”- el  nombre era para mí  todo un símbolo  de lucha- con el propósito de participar  en una reunión conspirativa,   encaminando  mi pasos   a la esquina  de la  avenida  Santa Catalina  y la calle Juan Delgado para tomar allí  una “guagua” de la   “Ruta 14” de los Ómnibus Aliados.

 Iban pocos pasajeros en el vehículo público en horas tempranas de un sábado en la mañana,   un  policía  de uniforme sentado en  los  asientos  traseros ,  tres  señoras de  mediana edad elegantemente vestidas, cuatro jóvenes  al  parecer estudiantes  y  una media docena de hombres que por su indumentaria tenían  aspecto  de obreros  de la construcción. Era poco más  de una quincena  de pasajeros los que  serían testigos de lo que vino después. Fue entonces que  en el estribo  del ómnibus  se sube  un chino vendedor  de billetes  de la Lotería Nacional pregonando un número  que bien  recuerdo todavía,    que estaba programado para el  sorteo  a celebrarse ese mismo día  sábado en horas  de la tarde.

“ Chinko mil kiniento shincuenta  y uno. She juega  hoy, plemio goldo lo tengo  yo”-, pregonaba desde el estribo de la guagua  el chino  billetero que   con cara alegre  de fiesta, se autoproclamaba  mensajero de la  felicidad para aquel  que tuviera la suerte  loca de sacarse el premio mayor  de cien mil  pesos  de la Lotería Nacional.

Fue entonces que de manera un tanto  arrogante de joven estudiante con  ínfulas  de superioridad intelectual,  le propuse  al  chino billetero que le compraba el billete entero si él  me decía con quién simpatizaba, si con el comunista  Mao Zedong  o con el  nacionalista pronorteamericano Chiang-Kai  Shek.

El  chino  vendedor  de billetes sorprendido ante tan provocadora propuesta en presencia de gente extraña, entre ellas  un  policía de uniforme,  miró  fijo a mi cara  y después  a la del policía, que como los demás en el  vehículo estaba atento a lo que podría responder el  humilde  billetero asiático,  respuesta que pudiera traerle a  este muy   malas consecuencias dado que las simpatías comunistas eran vistas como subversivas por  el  régimen dictatorial batistiano.

Primero silencio de su parte,  haciendo gala  de la tradicional  paciencia china. Después la respuesta aguda con una estocada mortífera, con su mirada puesta en mí  y en el  policía. “Yo legala billete pa ti si tu decime plimelo con quien tu etá con Batista o con Filé”. A una otra

La carcajada fue  general.  Todo rieron  al  unísono ante la certera respuesta dada por  el chino billetero al joven provocador que era yo. Se rio hasta el  policía  y  también el que cuenta esta historia. Me había contestado la sabiduría  china  de cinco mil  años  de  experiencia.

Consejo mío a todos aquellos que le buscan las cosquillas a los chinos. Acuérdense del billetero de la ruta 14 antes de provocar a un chino. ¡Que son cinco mil años  de sabiduría la que dará la respuesta!

Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo  me voy cantando a mi tumba fría. Bambaramabay.