bloqueo

Durante más de medio siglo la lucha contra el bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba se libra en tres frentes: la resistencia interna en la cual participa todo el pueblo y la totalidad de las instituciones, la denuncia internacional liderada por un eficaz cuerpo diplomático, y las reformas económicas y políticas que conducen al perfeccionamiento y la democratización de la sociedad cubana.

El bloqueo, económico, comercial, y financiero a Cuba constituye el paquete de sanciones más crueles, férreas, y multilaterales aplicados contra cualquier país, las que más tiempo se han mantenido y que literalmente convirtieron a Isla en una plaza sitiada, cuya resistencia llegó a ser calificada por Felipe González, expresidente de España, como “numantina”.

Mientras las sanciones económicas aplicadas a Irán y Rusia, por ejemplo, afectan a determinadas áreas de la economía, empresas, e individuos, las impuestas a Cuba dañan a todo el pueblo, a la totalidad de la economía, el sistema financiero, la cultura, y los intercambios académicos.  

Según confesión de políticos estadounidenses, el bloqueo no opera solo contra el gobierno, sino que castiga al país para provocar descontento en la población, empujándola a movilizarse para cambiar el régimen social, modificar las estructuras políticas, y liquidar a los dirigentes. Estados Unidos trata de provocar necesidades y pobreza para socavar el apoyo popular al proceso revolucionario, en lo cual el fracaso ha sido rotundo.  

Una peculiaridad del bloqueo norteamericano es su carácter extraterritorial, que durante una larga etapa contó con el apoyo de sus aliados europeos, y se impuso a los países dependientes, especialmente latinoamericanos que, con la excepción de México, se sumaron a las medidas anticubanas que incluyeron a las empresas estadounidenses en cualquier parte del mundo. Este entramado confirió a las sanciones contra Cuba un carácter prácticamente universal.

Durante los primeros treinta años (1960-1990), la ejemplar resistencia del pueblo cubano, que sacrificó sus niveles de consumo y confort, y asumió el más largo racionamiento que haya existido nunca, la Isla estuvo asistida por la colaboración y la ayuda de la Unión Soviética, que además de las conveniencias políticas y el mutuo beneficio económico, se comportó con generosidad y espíritu solidario. El fin del socialismo real, y en algunos casos la desaparición de esos países, sumió a Cuba en una crisis total que Fidel Castro llegó a considerar como un doble bloqueo, y cuyas consecuencias están vigentes.  

La batalla internacional conducida por la diplomacia cubana ha sido sumamente exitosa, logrando que el país mantenga relaciones diplomáticas con unos 180 países, comercio regular con casi ochenta, y en más de veinte ocasiones ha propiciado debates en la ONU, cuya Asamblea General, de modo prácticamente unánime, cada año condena el bloqueo.

El mayor logro de la resistencia del pueblo y la diplomacia cubana se consumó cuando liderada por el expresidente Raúl Castro, aprovechó las posibilidades creadas por la posición del presidente Barack Obama, estableció el diálogo y restableció las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, logrando la ampliación de los viajes, el comercio, y los intercambios académicos, todo lo cual abrió importantes fisuras en el bloqueo.

Aunque no fueran introducidas con ese propósito, no caben dudas de que las reformas en Cuba proporcionaron al presidente Barack Obama argumentos para su apertura hacia la Isla.

En mi opinión la profundización de esas reformas incluido el Proyecto de Constitución actualmente en debate, contribuirán a la ruptura del bloqueo económico norteamericano, y favorecerán tanto la resistencia interna como la batalla que se libra en el exterior. Se trata también de una confrontación entre bloqueo y apertura. Allá nos vemos.