Hace días, en la ONU, el presidente del país más poderoso del planeta declaró que sus relaciones con Corea del Norte eran excelentes, aunque antes había mencionado la posibilidad de   la destrucción masiva de ese territorio. Nos alegramos mucho de ese cambio. El mundo necesita paz, amistad entre los pueblos. Sin embargo, respecto a Cuba no se expresó de igual manera y eso que en Cuba no han muerto más de 50 mil soldados estadounidenses cuando estos a principios de la década de 1950 fueron enviados a inmiscuirse en asuntos de esa lejana península.usa-nord-corea-2

    Contra Cuba no embistió como toro Miura, como hubieran deseado los petimetres políticos al estilo de los Marquitos Rubio, pero se refirió al fracaso del socialismo y de que Cuba patrocinaba al régimen de Venezuela, país al que dijo bastaba mirar para constatar la salud de ese sistema. Su discurso en cierto momento provocó risas de burla y luego atacó a casi todas las organizaciones internacionales, incluso a la misma ONU, presentando a los Estados Unidos como una inocente víctima de la que abusa el resto del mundo.

    El presidente Trump parece desconocer que su país se ha enriquecido, además de la gran razón de poseer grandes riquezas naturales y un pueblo creativo y trabajador, debido a la explotación que ha hecho a sus vecinos más débiles e incluso a naciones bastante lejanas. Para ello ha liquidado a no pocos regímenes progresistas, electos democráticamente, como el de Jacobo Arbenz, en Guatemala, por el solo hecho de intentar hacer una necesaria reforma agraria, la cual perjudicaría a la geófaga United Fruit Company,  dueña de casi todas las tierras de ese país. Al presidente Salvador Allende le organizó primero una gran huelga de camineros y luego un golpe de estado para dejar en el poder al criminal Pinochet. La 82 División Aerotransportada invadió por segunda vez República Dominica cuando los constitucionalista quisieron reponer en la presidencia al electo y luego derrocado Juan Bosh y después la misma división se lanzó sobre la pequeña isla de Granada en 1983. Ya antes, de 1916 a 1924 habían ocupado el territorio dominicano y también invadieron a Haití en 1915. Despojaron a México de la mitad de su territorio. En 1898, para evitar el triunfo del ejército mambí, intervienen en Cuba y se la anexan con un gobernador militar. Augusto César Sandino fue asesinado para colocar en el poder al obediente dictador nicaragüense Anastasio Somoza.

      Pareciera que el presidente Trump no conociera que en América Latina los Estados Unidos han sostenido a tiranos como Rafael Leonidas Trujilo, Fulgencio Batista, Francois Duvalier, Alfredo Stroessner, Marcos Pérez Jiménez, Jorge Ubico, Rafael Videla Morales, Castelo Branco y otros tantos.

     Y lo anterior es solo parte de su política imperial en América Latina. En Irak inventaron la falsa existencia de unas armas de destrucción masiva e invadieron y derrocaron al presidente Hussein. Crearon a un terrorista de la categoría de Osama bin Laden para luchar contra los soviéticos en Afganistán y más recientemente a también a la tenebrosa ISIS para derrocar al presidente de Siria.

     La asociación que el presidente Trump hizo entre Cuba y Venezuela, además, carece de sentido, aunque sean países hermanados, pues sin lugar a dudas Cuba es un país socialista con todos los medios fundamentales de producción en mano del Estado, y hasta hace poco incluso los muy no fundamentales. En cambio, Venezuela ha sido un estado capitalista, más o menos similar al del resto de la región, donde los medios de producción, la banca  y otros grandes sectores de la economía, como la poderosísima empresa Polar, gran productora de alimentos y bebidas, entre otros renglones económicos, continúan en manos privadas.

     Eso sí, Venezuela, por elección popular y desde 1999 ha tenido un gobierno revolucionario que sacó de la pobreza a millones de ciudadanos y dejó de obedecer los dictados del poderoso Norte. Y ahí comenzó el problema y Washington ridículamente ha llegado a tildar a Venezuela como un peligro para la seguridad de los Estados Unidos. Washington, que no gusta de gobiernos independientes y menos en territorios que ellos consideran su patio particular, en Venezuela inicio una silenciosa guerra que hasta el momento ha sido sin balas ni bombardeos, como hicieron en Corea, en Vietnam, en la antigua Yugoslavia o en la fracasada invasión por Bahía de Cochinos, por citar sólo algunos ejemplos.  

    Tengo un hermano, Roberto, que vivió hasta hace poco en Venezuela y fue profesor en la Universidad Central de Caracas. Casi semanalmente hablábamos por teléfono. Recuerdo lo que años atrás me contaba. Llegaba a una tienda –capitalista, por supuesto—y la encontraba sus anaqueles vacíos. Mi hermano se quejaba, la población se quejaba. Luego, la mercancía que allí debía estar a la venta aparecía escondida en un alejado almacén perteneciente, por ejemplo, al gran emporio económico Polar. Pero curiosamente, con asombro me contaba mi hermano, nadie era detenido. No se intervenía ni se llevaba a los tribunales al ladrón almacén y al truculento negocio de la tienda. Y así años tras años. Incluso al presidente Chávez le dieron un golpe militar y dice mi hermano que no recuerda que ni los generales ni otros oficiales golpistas fueran enjuiciados y el mundo sabe que mucho que gozan de la papeleta aquí en Miami.

   Cualquier estudioso podría considerar que así comenzaron los problemas que hoy confronta la Venezuela bolivariana, país que se comportaba como uno de los más democráticos del mundo, pues en un período de breves años, entre las elecciones legítima y a la manera capitalista programadas, hizo, según recuerdo, once plebiscitos, que sabemos es la votación de todos los ciudadanos para legitimar algo, tal y como si fueran elecciones presidenciales.

    Venezuela posee las reservas de petróleo más grande del mundo y si de algo se podría acusar a Venezuela es de no haber aprovechado más adecuadamente las fabulosas ganancias de ese oro negro para la diversificación, estatal o cooperativa, de la economía, y, sobre todo, por haber tenido demasiada condescendencia con el agresivo enemigo político, que también sabe agazaparse muy bien, como hemos visto ha hecho en Ecuador. Un enemigo muy bien dirigido, orientado y sufragado, sin dudas desde fuera.

       Mi buen amigo Irenaldo García, quien repito nada tiene que ver con el esbirro batistiano de igual nombre, siempre que conversa sobre este tema, dice: “Esos buenos gobernantes progresistas de América Latina que tratan de ayudar a sus pueblos debían asimilar algunos cuestiones de la Cuba revolucionaria.”

     Creo que mi amigo no anda despistado. No se trata de copiar, pero lo que dice creo que debía ser tomado en cuenta.

    Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.