Tomado de Radio Sancti Spíritus

Como verdaderos héroes fueron recibidos este miércoles en la escalinata de la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena los Gallos del Yayabo, tras arribar a nuestra provincia después de protagonizar una actuación histórica al incluirse entre las seis mejores escuadras del país en la 58 Serie Nacional de Béisbol.

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A continuación la Crónica de Elsa Ramos

Apoteosis en Sancti Spíritus

La apoteosis se apoderó de Sancti Spiritus la tarde de este miércoles. Dicen que hacía mucho tiempo los parajes de esta tierra no sentían tal estremecimiento. Les creo y lo reafirmo.

Fue una reacción espontánea y emotiva. Los Gallos hicieron vibrar a su gente con una clasificación entre los seis grandes del béisbol cubano que resultó tan convincente como sorprendente. Y eso se celebró aquí con etiqueta de gran hazaña.

Algunos compararon el momento con el de 1979, cuando Sancti Spiritus quedó campeón por única vez en Series Nacionales o en el 2002 cuando obtuvo medalla de plata. Al margen de las analogías o diferencias con tan históricos momentos, lo cierto es que este miércoles el Yayabo trasmutó su tranquilidad habitual y dio rienda suelta a una alegría colectiva.

Ya porque hacía tiempo no se vivía un suceso como este, ya porque hacía cinco años los Gallos no entraban a la fase de clasificación, ya porque lo hicieron con una “guerrilla” luchadora casi desconocida, lo innegable es que se produjo una manifestación silvestre real de reconocimiento a unos muchachos que fueron del anonimato a la heroicidad.

Desde que tras el último out del partido que les dio la clasificación se habló de un recibimiento popular, muchos se interesaron. Mas lo acontecido aquí rebasó todos los cálculos de la lógica.

Un grupo, encabezado por la presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular Teresita Romero Rodríguez y Carlos Bermúdez, director provincial de Deportes, acampó en la zona limítrofe avileño-espirituana, recibió al equipo que surcó la madrugada desde Santiago de Cuba, escoltado por otros dos ómnibus que fueron hasta allá en comisión de embullo.

Y desde ese instante, al filo de las dos de la tarde, se activaron las alarmas de la algarabía. A ambos lados de la Carretera Central, todo el que se enteró salió a saludar a sus muchachos, de manos alzadas, con gallos de verdad sobre sus cabezas y una sonrisa del tamaño del mundo.

En el primer punto de la parada, los pobladores de Jatibonico desafiaron la lluvia que se sumó al festejo de la tarde. Y hubo gritos de emoción, aplausos de agradecimiento y lágrimas de placer. Los instantes que se compartieron a orillas y en medio de la Carretera Central parecieron eternizarse en la memoria de la gente, como si ninguna expresión de agradecimiento fuera suficiente para lo que aquí, a despecho de lo que algunos piensan, se considera una proeza.

Y lo es. No se ha ganado un campeonato, ni tampoco una medalla, como han preguntado algunos. Mas se ganó un peldaño superior que en términos de béisbol y en Cuba es mucho más difícil: el corazón y la simpatía de un pueblo que les agradece a los Gallos el haber jugado con pasión, ardor y entrega por una camiseta.

Por eso, dejado atrás la apoteosis de Jatibonico, sobrevino la de la ciudad del Yayabo, que vació sus casas, centros de trabajo y de estudio para desbordar sus arterias y protagonizar un suceso que quedó impregnado en la sinfonía de celulares que iluminaron la tarde y conectaron a Sancti Spíritus con el mundo.

El parque Serafín Sánchez se las arregló entonces para cobijar tanta alegría desbordada y no pudo aplacar el ruido ensordecedor en que se tradujo la alegría. “Son niños”, dijeron quienes por primera vez podían verlos de tan cerca. “Son héroes”, alcanzó a decir una señora que, aupada por su bastón, no quiso ser protagonista desde lejos.

Jóvenes y menos jóvenes, estudiantes, trabajadores, peloteros y directivos fueron una sola familia en una tarde apretujada, mientras Sancti Spíritus se veía a si mismo desde sus balcones como no se pensó hace solo dos meses atrás.

Deyvi Pérez Martin, la primera secretaria del Partido en la provincia, catalogó la jornada como día inolvidable para el pueblo y la actuación de los muchachos como una proeza.

A duras penas para ser escuchados en una multitud enaltecida, los discursos, más nacidos del corazón que de la oratoria, agradecieron a los Gallos el regalo del momento y al pueblo la recompensa reciproca por seguirlos. Y cada quien quiso fotos y autógrafos con sus nuevos ídolos, mientras una camisa con el 26 de Pedro Álvarez y otra con el 24 de Cepeda, hablaban solas en medio de la tarde.

Entonces la conga que acompañó al equipo con su bullicio todo el trayecto, contagió a los presentes que arrollaron parque arriba, parque abajo, con cánticos de emoción y de esperanza.

Demoraron minutos para que Sancti Spíritus se pudiera sacudir de su estremecimiento y quizás ni pueda hacerlo en varios días hasta que la Serie Nacional de Béisbol imponga el momento del juego y llegue el tiempo de las exigencias.

Mas mientras llega la hora de volver a hablar de pronósticos y realidades, alguien sugiere detenerse en la certeza sugerida desde lo alto de los balcones de la biblioteca Rubén Martínez Villena: al béisbol cubano le inyectaron una transfusión especial nacida del alma de un pueblo, que no necesitó más convocatoria que las dictadas por su propio corazón para vivir un día pleno con las razones moldeadas en un equipo de pelota.

Fotos: Oscar Alfonso Sosa.

Desde su entrada al territorio espirituano, los pobladores mostraron su simpatía por su equipo de pelota. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

El pueblo recibió a sus Gallos de la pelota. Foto: Oscar Alfonso Sosa .

Momentos del agasajo a los peloteros en el parque Serafín Sánchez. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

Así recibió el pueblo espirituano a sus peloteros. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

Los espirituanos regalaron una inigualable muestra de simpatía a su equipo de pelota. Foto: Oscar Alfonso Sosa.