El próximo premio de la Lotería es de Mil millones de dólares para un solo ganador con un billete premiado. Esto ha sido durante mucho tiempo la esperanza del pobre y otros que no lo son, también. Jugar a la lotería, en nuestra Cuba de antaño, siempre fue una especie  de habito casi convertido en vicio. Hace unas seis décadas atrás, que se jugaba  al lotería comprando unos conocidos billetes  cuyo valor era de 25  centavos y se aspiraba a ganar desde un peso (equivalente a un dólar)  hasta cien mil pesos si se compraba todo el billete de cien partes completo – 25 pesos –  como se conocía entonces esa jugada. Los números se sacaban de un gran bombo de maya  metálico y brindado al público por radio y después por la televisión.

   El acto era público y quizás muy difícil de cometer fraude, cada bolita del grupo de tantas era de madera y se movían dentro del cesto redondo, saliendo una a una hasta convertir el número completo, que contaba de hasta  seis dígitos. Los billetes no se podían escoger a capricho pues ya se vendía con las numeraciones que el vendedor habría adquirido para su negocio de sus ventas. A veces el número que se pretendía no estaba en el grupo que se ofrecía en lugares en las calles y había que escoger otro si se pretendía entrar en el sorteo. Por ejemplo yo jugaba frecuentemente y compraba los billetes pero era muy difícil adquirir el que me gustaba más que era la chapa del auto de mi padre, 22,871, antes de 1959. Nunca gané ni un peso.

    Este proceso se juego de azar se  inauguró el 21 de diciembre de1911.

   Después de la selección de los números, el funcionario que sacó del bombo los números premiados, decía, “El tribunal de la renta de la  Lotería Nacional, invita al público a comprobar la bola”

   Después del comienzo de la Revolución, se creó un aparato burocrático que en lugar de entregar efectivos brindaba viviendas, a cuyo frente se designó a la ex combatiente guerrillera Comandante Pastora “Pastorita” Nuñez. Los premios se convirtieron en “Las casas de Pastorita”. Con el tiempo y bajo la decisión anterior  del Gobierno Revolucionarios de suspender todos los juegos de azar, desde al 1ro. de enero de 1959, dando al traste con  los casinos y las maquinitas de juegos, solo el billar permaneció como juego, que estaba prohibido jugar por dinero, pero esto se hacía – y se hace – subrepticiamente.

   Pues bien ahora en esta pequeña Cuba de aquella republiquita, en Miami, se siguió con esa especie de habito o vicio, que es jugar a la Lotería. Desde hace ya 30 años – 1988 – desde entonces este juego se realizaba los sábados y todo ha cambiado tanto como que ya existen decenas de sorteos todos los días de  cada semana. Vemos como lamentablemente los viejitos se juegan cada día gran parte de sus ahorros y sus  miserables retiros y ayudas que reciben.

  En cuanto al uso de esos fondos que genera este negocio estatal, también es un truco. Resulta que se dispuso que la mitad, el 50 %, de lo recogido en La Lotería, se dedicara a la Educación, pero nada de lo imaginado que podría ser un sobre-presupuesto. Todo el efectivo logrado en ventas de números y billetes, se divide en partes y lo que le correspondería a la Educación en el presupuesto anual, se usa como parte de  todo el presupuesto, dejando ese previsto numerito estatal,  para entonces  ser dividido entre los otros planes y categorías  del gobierno, así que lo que produce La Lotería, va al presupuesto de todos los indicadores económicos y no realmente a la educación en sí.

   Esta Lotería de este periodo llega al fabuloso  y exagerado premio de  mil millones para un solo billete, tiene revuelto a muchos y hasta se ven colas en los lugares fronterizos  hacia nuestro  Estado para adquirir billetes para esta  locura de vicio.

   Claro que en esta sociedad nadie  llega a ser rico con su trabajo y esta es una de las maneras de hacerlo, aunque también  hay otras como las de delinquir por ejemplo, cosa que no es recomendable por el  alto precio que había que pagar para entrar en ese juego.

  Les habló, Roberto Solís Ávila.