Nueve presidentes tuvo en la manigua la República de Cuba en Armas: Carlos Manuel de Céspedes, Salvador Cisneros Betancourt, Juan Bautista Spotorno, Tomás Estrada Palma, Francisco Javier de Céspedes, Vicente García y Manuel de Jesús Calvar, en la primera de esas contiendas. Y Cisneros Betancourt, otra vez, y Bartolomé Masó, en la segunda

 

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Ciro Bianchi Ross

 
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    Nueve presidentes tuvo en la manigua la República de Cuba en Armas. De ellos, siete corresponden al período que se abre en 1868 y se cierra en 1878, esto es, los de la llamada Guerra Grande o de los Diez Años. Los dos restantes ocuparon el cargo durante la Guerra de Independencia.

    Son, en este orden: Carlos Manuel de Céspedes, Salvador Cisneros Betancourt, Juan Bautista Spotorno, Tomás Estrada Palma, Francisco Javier de Céspedes, Vicente García y Manuel de Jesús Calvar, en la primera de esas contiendas. Y Cisneros Betancourt, otra vez, y Bartolomé Masó, en la segunda.

    De ellos, ostentaron el grado de mayor general Carlos Manuel de Céspedes y su hermano Francisco Javier, Vicente García, Manuel de Jesús Calvar y Bartolomé Masó. Era coronel Juan Bautista Spotorno, autor del célebre decreto del 30 de junio de 1875 que intentó salvar la Revolución de males más o menos ciertos. El conocido como Decreto Spotorno dispuso que fuesen considerados y juzgados como espías los individuos procedentes del campo enemigo que presentasen, de palabra o por escrito, proposiciones que no tuvieran por base la independencia de Cuba.

    Pasado el tiempo, en la Guerra de Independencia, el mismo Spotorno, ya en el campo de la autonomía, estuvo a punto de que le aplicasen lo preceptuado en su Decreto cuando instaba a una tropa mambisa a deponer las armas. Sufrió el bochorno de que le recordaran lo que había legislado años antes y salió de aquel campamento como alma que lleva el diablo cuando se vio ante la posibilidad real de que lo colgaran de una guásima.

    Vida y muerte

    De los nueve, que en realidad son ocho porque el nombre de Cisneros se repite, seis nacieron en el territorio de la antigua provincia de Oriente, en tanto que Cisneros vio la primera luz en Camagüey, y Spotorno era trinitario. Carlos Manuel estudió leyes hasta graduarse de abogado, y sus viajes por Europa le permitieron familiarizarse con varias lenguas y ensanchar sus horizontes intelectuales. Cisneros tenía un título nobiliario, Marqués de Santa Lucía. Spotorno estudió en Estados Unidos y Europa, aunque al parecer no alcanzó título alguno. Estrada Palma hizo en La Habana y en Sevilla estudios de Derecho, que no concluyó. Francisco Javier de Céspedes era, en Manzanillo, propietario de fincas rústicas y urbanas, en tanto que el tunero Vicente García, por su pulcritud en el desempeño honorífico de cargos municipales, ganó conceptos de probo, juicioso y decidido. Calvar emergió como Presidente tras la Protesta de Baraguá, con Vicente García como general en jefe del Ejército Libertador. Era Calvar de carácter fogoso y de temperamento apasionado, pero sabía subordinarlo todo a los intereses de la patria. Fue uno de los iniciadores de la Revolución de Yara y se mantuvo sobre las armas más allá del Pacto del Zanjón. Masó estuvo con Céspedes en la madrugada del 10 de octubre de 1868. Quiso retornar a la pelea en la Guerra Chiquita y se alzó de nuevo el 24 de febrero de 1895.

    De los presidentes de Cuba libre, solo Carlos Manuel murió en la manigua, el 27 de febrero de 1874, en San Lorenzo, en la Sierra Maestra. Vicente García, que salió de Cuba tras El Zanjón, murió en Río Chico, Venezuela, el 4 de marzo de 1886, como consecuencia del vidrio molido que un español, que lo había invitado a almorzar, puso en su comida. Calvar falleció en Cayo Hueso, el 20 de diciembre de 1895, y Francisco Javier de Céspedes el 27 de julio de 1903, en Niquero. Masó, en su Manzanillo natal, el 14 de junio de 1907. Fallecía Estada Palma el 4 de noviembre de 1908, en Santiago de Cuba, y Cisneros Betancourt, en La Habana, en la calle Neptuno, el 28 de febrero de 1914. Tres años después, el 29 de octubre de 1917, expiraba Juan Bautista Spotorno. Trinidad, que había sido su cuna, fue también su tumba.

    Salvador Cisneros Betancourt estuvo en todas las asambleas constituyentes que tuvieron lugar en Cuba desde la de Guáimaro en 1869, y la celebrada en el teatro Martí, que dotó a la Isla de la Constitución de 1901, cónclave donde se opuso a la Enmienda Platt, que conculcó la soberanía de la naciente República.

    Interinaraturas

    El 27 de octubre de 1873 la Cámara de Representantes destituye a Céspedes y como el vicepresidente Francisco Vicente Aguilera se encuentra en el exterior, lo sustituye Cisneros Betancourt, presidente de la Cámara. Quiere el Marqués de Santa Lucía reconciliar los ánimos, reorganizar la infantería oriental y sobre todo preparar la invasión a Las Villas. Llega el año de 1875 y Máximo Gómez cruza la trocha de Júcaro a Morón y pone rumbo al centro del país, con lo que nuevos horizontes se abren para la Revolución. La invasión, sin embargo, cuenta con simpatizantes y detractores, y Vicente García, inconforme con las disposiciones del Gobierno, se rebela. Sabe que el Presidente se encamina a su vivaque y levanta campamento en cuanto arriba Cisneros, pese a las órdenes expresas y terminantes de este de permanecer en el lugar. Se dirige García a las Lagunas de Varona, donde los descontentos se hacen fuertes contra los poderes constitucionales. Está la Cámara en una disyuntiva: reprime a los sediciosos a fin de salvar su autoridad o transige con ellos. Eso fue lo que hizo y el 28 de junio de 1875 acepta la dimisión de Cisneros, no sin antes reconocerle sus gestiones al frente del Ejecutivo.

    Spotorno, que encabezaba entonces la Cámara, asume la presidencia con carácter interino. La insurrección se mantiene y gana terreno en Oriente y también en Camagüey y Las Villas, y el nuevo Presidente se afana en limar asperezas al tiempo que apura los medios para sostener la guerra. No se mantuvo en el cargo más allá del tiempo necesario. La presidencia en propiedad seguía correspondiendo a Aguilera, que por la enfermedad que a la postre lo llevaría a la tumba, seguía impedido de regresar. Fue ahí que la Cámara, en sesión de 29 de marzo de 1876, decidiese elegir a un Presidente en propiedad, Tomás Estrada Palma, mientras que Spotorno volvía a presidir el Legislativo. Le tocaría la triste suerte de declarar disuelta la Cámara en las aciagas horas de El Zanjón.

    Captura de estrada palma

    Implacable fiscal de Céspedes en el momento de su deposición, Estrada Palma condenó asimismo el movimiento de las Lagunas de Varona. Trabajó por el mejoramiento de las relaciones entre el Ejecutivo y la Cámara, pero a despecho de sus intenciones, sus disposiciones en cuanto a los abastecimientos y las comunicaciones molestaron a jefes mambises porque, a juicio de algunos de ellos, franqueaban tratos perniciosos con el enemigo. A fin de sofrenar movimientos sediciosos en Las Villas y en Santa Rita, asumió el mando militar supremo y designó secretario de la Guerra a Máximo Gómez. Con apasionamiento condujo el proceso de sus discordias con Vicente García.

    Con este, una mañana, parte por el camino de Las Tunas para proseguir rumbo a Bayamo. El General acompaña al Presidente solo durante dos o tres jornadas. Lo abandona, en compañía de una pequeña escolta, en un terreno cundido de enemigos. Tras una ardua persecución que se prolonga durante varios días, cae Estada Palma en manos de los españoles, que lo someten a todo tipo de burlas y apremios morales y físicos sin cuento que se estrellan contra la dignidad y entereza del patriota. Lo interroga el jefe enemigo. Le pide que diga su nombre y ocupación. «Me llamo Tomás Estrada Palma y soy el Presidente de la República de Cuba», responde con orgullo y precisa cuando se le amenaza con el fusilamiento inmediato: «Puede usted hacer lo que guste y aprovecho la oportunidad para hacer esta declaración: ni usted ni nadie me hará contestar preguntas a que no deba responder, debiendo saber por otra parte que jamás he tenido la debilidad de mentir».

    No más se supo en el campo insurrecto de la prisión de Estrada Palma lo sustituye el vicepresidente Francisco Javier de Céspedes. Ocuparía el cargo entre el 19 de octubre y el 13 de diciembre de 1877. Propició que la Cámara se reuniese y eligiese a un Presidente en propiedad. Lo hace, en efecto, el mismo día 13 y elige al general Vicente García, cuyas fuerzas son a esas alturas casi las únicas aptas para combatir. A los pocos días, la Cámara deroga el Decreto Spotorno, lo que abre el camino a los portadores de todo tipo de propuestas y en definitiva a El Zanjón. El 8 de febrero de 1878 se disuelve la Cámara, y dos días después se extinguen los órganos de Gobierno creados en Guáimaro. El mismo día 8 se forma el Comité del Centro, que coordinará las conversaciones de paz. Una delegación de dicho Comité visita a Vicente García para comunicarle la imposibilidad de que prosiga como Presidente constitucional, pero que el pueblo le pedía que aceptase el mando del Camagüey. Ese día expiraba el período del último presidente elegido por la Cámara.

    Baraguá

    Protagoniza Maceo la Protesta de Baraguá el 15 de marzo de 1878 y al día siguiente forman las huestes mambisas un Gobierno provisional que designa a Manuel de Jesús Calvar como Presidente. No se pudo reconstruir el espíritu de lucha y sacrificio, y el 21 de mayo del mismo año, a las diez de la mañana, reunido en consejo ordinario en el campamento de Loma Pelada, en la jurisdicción de Santiago de Cuba, decide el Gobierno disolverse y devolver sus poderes al pueblo.

    El 24 de febrero de 1895 vuelve Cuba a alzarse en armas. El Presidente Cisneros Betancourt enfrentaría múltiples problemas a partir del 18 de septiembre, cuando fue elegido para su cargo. Asumiría la responsabilidad de la invasión a Occidente. Por disposición de la Constitución de Jimaguayú se mantendría dos años en el cargo. El 29 de octubre de 1897, la asamblea que redactó la Constitución de La Yaya eligió como presidente a Bartolomé Masó, que debió asumir los arduos asuntos públicos de la terminación de la guerra. El 2 de noviembre de 1898 se reunió por última vez el Gobierno de Masó, y la fecha marcó el término de su administración. La Asamblea de Representantes de Santa Cruz del Sur emergía investida de la representación nacional; en esta se depositaban los poderes conferidos en La Yaya, y el último de los presidentes de Cuba libre se sentaba a esperar la organización definitiva de la República.