En 2014 las presidentas latinoamericanas era cuatro: Dilma Rousseff, Cristina Fernandez, Laura Chichilla, y Michelle Bachelet, entonces casi el cincuenta por ciento de la población latinoamericana era gobernada por mujeres; cuatro años después no queda ninguna. Actualmente tampoco hay candidatas, la única aspirante, Keiko Fujimori, está tras las rejas.

La primera jefa de estado en el mundo fue Sirimavo Bandaranaike que en 1960 asumió el cargo de primer ministro de Sri Lanka. En Europa el poder femenino debutó con Margaret Thatcher. En el Oriente Medio, debido a una paradoja derivada del atraso político de los estados de la región, solo una mujer, Golda Meir, ha gobernado en Israel, un país que no es árabe ni persa, sino una construcción artificial que imbricó intereses legítimos del pueblo hebreo con manipulaciones políticas imperiales, para crear una entidad nacional artificial unida por la condición judía y la perversión del sionismo.

En Latinoamérica, desde el principio, la presencia de la mujer en el poder ha estado marcada por circunstancias dramáticas. María Estela Martínez de Perón, la primera en ejercer el cargo de presidenta, lo hizo en sustitución de su fallecido marido Juan Domingo Perón, una de las más significativas y controversiales figuras políticas del siglo XX americano.

En 1973 Isabel acompañó en la fórmula electoral a Perón, quien era ya un viejo caudillo resultando electa vicepresidenta. En 1974, a la muerte del esposo ocupó la presidencia. La primera mujer en ejercer esa dignidad fue también la primera depuesta en 1976 por un golpe de estado protagonizado por el general Jorge Rafael Videla, y afortunadamente, hasta ahora, la única que sufrió prisión hasta 1981.    

La primera presidenta electa fue Violeta Barrios de Chamorro la cual se convirtió en figura política, alcanzó la presidencia, y ejerció el poder en Nicaragua en las circunstancias políticas, económicas, y militares más difíciles que puedan ser imaginadas.  Sin embargo, a pesar de su fragilidad, sobrevivió a adversas circunstancias, desempeñando con dignidad sus funciones.

El resto de la historia es conocida. La primera presidenta de Brasil Dilma Rousseff fue destituida de su cargo por un golpe de estado palaciego, Mireya Moscoso, que fuera presidenta de Panamá, es legal y políticamente cuestionada, y Cristina Fernandez de Kirchner, que lució magnifica ejerciendo la presidencia de Argentina, es ahora acosada por la politización del sistema judicial de su país. De la oleada de descredito contra las ex presidentas se salvan, hasta ahora, la chilena Michelle Bachelet, y la costarricense Laura Chinchilla.

El alejamiento de las mujeres del poder en América Latina forma parte del reflujo de la marea que ha puesto pausa al auge de la izquierda. En cualquier caso, el retorno de las féminas al poder se ha tornado distante porque a la derecha no le interesa semejante promoción, y la izquierda carece de posibilidades. No obstante, existen opciones. Aunque es difícil, quizás lo intente Cristina Fernández. Allá nos vemos.